Operación Beeper

Operación Beeper

Operación Beeper

Coronel (R) Carlos Martín Calvo

En este artículo se realiza un análisis doctrinario de la Operación Beeper a la luz de las categorías clásicas de Actividades Especiales de Inteligencia (AEI), tal como se expresa tanto la doctrina clásica internacional como los materiales de estudio utilizados en cursos de Inteligencia de distintos países. Las AIE contemplan actividades como espionaje, sabotaje, actividades psicológicas secretas y operaciones especiales.

La Operación

Esta operación constituye el ejemplo más ilustrativo de los últimos tiempos de cómo las Operaciones Especiales de Inteligencia (OEI) —enmarcadas en las AIE— combinan en un solo diseño espionaje, infiltración, sabotaje técnico, efectos psicológicos y otras actividades complementarias.[1]

La llamada informalmente Operación Beeper se ejecutó los días 17 y 18 de septiembre de 2024 y tuvo sus efectos sobre el sur del Líbano, barriadas de Beirut y alrededores.[2] El objetivo de esta operación fue la organización terrorista Hezbolá, específicamente su sistema de comando y control, además de lograr un impacto psicológico sobre los integrantes de la organización y su entorno.

En el terreno, la operación consistió en la detonación masiva y coordinada de pequeños dispositivos de comunicación, conocidos como beepers, pagers, buscapersonas, y equipos de radio utilizados para las comunicaciones de Hezbolá. Las explosiones produjeron por lo menos cuarenta muertos[3] y miles de heridos, la interrupción de las comunicaciones de la organización y una profunda conmoción psicológica entre sus cuadros y los colaboradores civiles.[4]

El hecho fue resultado de un plan de largo plazo planificado y ejecutado por el servicio de Inteligencia israelí[5], según lo reconoció el mismo primer ministro Benjamín Netanyahu en noviembre de 2024[6]. Según lo que puede inferirse de las declaraciones posteriores, la organización y procedimientos de la inteligencia israelí y los aspectos operacionales y técnicos, es probable que la maniobra haya sido planificada y supervisada por el Mossad, con colaboración técnica de la AMAN (Directorio de la Inteligencia Militar) y apoyo del Shin Bet (con tareas de inteligencia humana).[7]

A continuación, reconstruimos una OEI que se extendió a lo largo de una década y muestra cada fase del proceso (planeamiento, infiltración, distribución y ejecución). Una operación que contempló la interrupción en el suministro de medios de Hezbolá mediante empresas pantalla y la intervención técnica en cientos de dispositivos para hacerlos detonar según la oportunidad. Se observa que estos dos momentos encajan en las nociones de “infiltración” como acción preparatoria y la de “sabotaje”, en este caso, para afectar material y psicológicamente al centro de gravedad vinculado al sistema de mando y control de la organización.

Por ello, consideramos que un análisis de la Operación Beeper ofrece un caso de estudio paradigmático de aplicación de la doctrina. Además, muestra la centralidad de la cadena de suministro logística como nuevo espacio de combate; la necesidad de integrar capacidades técnicas avanzadas con redes humanas de largo plazo; y la importancia de considerar los efectos jurídicos de las OEI en un entorno donde las organizaciones militarizadas pueden resguardarse en el Derecho Internacional Humanitario para impugnar la legalidad de la utilización de algún tipo de arma trampa.

Las AEI, OEI y la infiltración

Las AEI se entienden como procedimientos subrepticios que superan la mera obtención de información y buscan acceder a, influir en o degradar objetivos especialmente protegidos del adversario.[8] La doctrina comparada suele agrupar entre las AEI al espionaje, el sabotaje, las actividades psicológicas secretas y las OEI, categorías que, aunque diferenciables, se combinan habitualmente dentro de un plan de operaciones.

El espionaje se concibe como la obtención clandestina de información clasificada o restringida mediante agentes, fuentes técnicas o coberturas encubiertas, generalmente en ámbitos bajo control del adversario o de terceros. Supone una organización de redes de agentes e informantes, el uso de identidades de cobertura (a menudo comerciales o empresariales), un planeamiento cuidadoso y recursos considerables para instalación, seguridad y comunicaciones.

El sabotaje es la ejecución encubierta y subrepticia de acciones tendientes a dañar, inutilizar o destruir bienes materiales cuya afectación incide directamente en el potencial militar, económico o administrativo del oponente. Puede adoptar formas explosivas, incendiarias o mecánicas, dirigidas tanto contra infraestructuras físicas como contra sistemas más intangibles, como redes de comunicaciones o procesos administrativos, y se clasifica según su naturaleza (política, económica, militar, administrativa) y su forma de ejecución (activa o pasiva).[9]

Mapa
Mapa

Las actividades psicológicas secretas abarcan aquellos procedimientos encubiertos que buscan influir en percepciones, emociones y decisiones de individuos u organizaciones, con el objetivo de reforzar los propios planes y perturbar la cohesión, la moral o la confianza interna del adversario. El efecto buscado es generar miedo, sensación de vulnerabilidad, desconfianza en los propios medios y fracturas en las redes de lealtad.

Finalmente, las OEI se describen como procedimientos secretos insertos en marcos de operaciones, sean convencionales o no, cuya finalidad es dificultar el ejercicio de la conducción del adversario, limitar su libertad de acción o forzarlo a modificar su comportamiento en beneficio de los objetivos del ejecutor. Una OEI suele integrar varias AEI en un diseño común. Por ejemplo, una prolongada fase de espionaje e infiltración, seguida de acciones de sabotaje selectivo y de explotación psicológica y política de sus resultados.

La infiltración resulta especialmente útil para comprender la Operación Beeper. Es una operación que, en sí misma, no constituye un fin, sino una etapa que habilita otras acciones (como sabotaje, espionaje u otras) mediante la inserción deliberada de personas, estructuras o productos en ámbitos específicos (militares, económicos, tecnológicos, sociales). En este caso, la penetración de la cadena de suministro de dispositivos electrónicos de comunicaciones cumplió esa función preparatoria.

Desde una perspectiva estratégica, las AEI encajan en lo que Beaufre definió como “acción estratégica indirecta”. En lugar de buscar la decisión mediante el enfrentamiento directo, se procura modificar el cálculo del adversario atacando sus centros de gravedad informativos, psicológicos o logísticos. La Operación Beeper, al afectar la estructura de comando y de comunicaciones de Hezbolá y de penetrar su habitualidad tecnológica, responde a esta lógica.

Contexto estratégico: Israel–Hezbolá y la centralidad de las comunicaciones

La relación entre Israel y Hezbolá ha estado marcada por décadas de conflicto de baja y media intensidad, con hitos como la retirada israelí del sur del Líbano en 2000 y la guerra de 2006, a partir de la cual Hezbolá consolidó una infraestructura militar y política significativa en territorio libanés. Con la guerra en Gaza iniciada en octubre de 2023, el frente norte volvió a ganar centralidad, con la ejecución de operaciones militares israelíes contra posiciones de Hezbolá en el Líbano.

En este contexto, el sistema de mando y control de Hezbolá se convirtió en uno de sus activos más sensibles: la organización depende de una combinación de comunicaciones por fibra, radio, medios comerciales y mensajería para coordinar unidades, gestionar arsenales y mantener la cohesión con su retaguardia política. La vulnerabilidad de estos medios (especialmente de dispositivos portátiles utilizados por mandos intermedios y cuadros operativos) fue identificada desde hace años por analistas militares y de inteligencia como un punto de posible presión.

Desarrollo cronológico deducido de la operación

Fase de preparación e infiltración (2014–2019)

La fase inicial se caracterizó por una intensa actividad de inteligencia orientada a comprender en detalle los hábitos de comunicación de Hezbolá, sus proveedores habituales de dispositivos y las vulnerabilidades asociadas a la adquisición de hardware en mercados globalizados. Esto supone una combinación de espionaje técnico (análisis de proveedores, catálogos, cadenas de suministro) y de redes humanas (agentes e informantes en entornos empresariales y aduaneros), conducentes a identificar blancos prioritarios para la infiltración.

Para esta fase inicial, se habrían creado empresas pantalla o utilizados intermediarios controlados por la inteligencia israelí como estructuras para el encubrimiento de tareas de inteligencia. Se trató de una operación de infiltración en un ámbito económico-tecnológico para realizar inteligencia de la cadena de suministro con el fin de capturar el ciclo logístico del oponente desde su origen.

Fase de consolidación técnica y pruebas (2020–2022)

Una vez asegurado un grado suficiente de control sobre ciertos tramos de la cadena de suministro, la operación avanzó hacia la fase técnica: el desarrollo de fuentes de poder modificadas y circuitos capaces de detonar cargas pequeñas pero letales integradas en baterías o componentes internos de los dispositivos. Los walkie-talkies habrían sido el primer banco de pruebas, por permitir mayores volúmenes y por su relevancia táctica inmediata en unidades de combate.

Esta etapa corresponde al sabotaje planificado, en el que se definen con cuidado los objetivos (los dispositivos), los medios (explosivos miniaturizados y sistemas de activación) y los efectos buscados (eliminar usuarios específicos, destruir equipos, infundir temor). Se observa también la lógica de las OEI: la combinación estrecha entre capacidades técnicas, conocimiento detallado del adversario y una planificación operativa que se extiende en el tiempo.

Apuesta por los beepers (2023–mediados de 2024)

En 2023, la elección de los medios del sabotaje giró hacia los beepers por varias razones: su uso extendido, su bajo costo, y la cercanía física con el cuerpo del usuario. A su vez, el carácter residual de la tecnología podría haber generado en el objetivo una falsa sensación de seguridad al ser considerado menos vulnerable a la vigilancia digital moderna.

Los dispositivos no fueron hackeados para aprovechar sus propias vulnerabilidades,[10] sino que se diseñaron y fabricaron como dispositivos explosivos (no se interfirió una producción ya existente); cada beeper era un artefacto explosivo. Estos son dispositivos tecnológicos muy simples sin capacidad de procesamiento (como un teléfono inteligente), decodifican señales de radio en ceros y unos, que luego expresan en una pantalla LCD como caracteres (código ASCII). En este caso, se alteró su firmware (programa nativo) para que, con determinada señal, realice un algoritmo. Sonaría una alarma del tipo beep (de ahí el nombre informal) como si fuera un mensaje para captar la atención del usuario, que colocaría el dispositivo frente a su cara, y justo cuando el portador estuviera intentando averiguar el origen del sonido, el dispositivo explotaría.

Esta operación de infiltración habría requerido ajustar redes de agentes, logística y puntos de intervención técnica, a la vez que mantener un altísimo nivel de seguridad operativa para evitar filtraciones o detecciones tempranas. Lo más interesante es que el Mossad no atacó la cadena de suministro, sino que se transformó en la cadena de suministro de su oponente. Muestra como las OEI deben reorientarse en función de cambios tecnológicos y de comportamiento del adversario.

Ejecución de la operación (17–18 de septiembre de 2024)

Las jornadas del 17 y 18 de septiembre representan la fase de ejecución visible de una operación que, hasta ese momento, se mantenía en la sombra. Informes coinciden en que el primer día se concentró en los pagers, con explosiones casi simultáneas en diversos puntos del Líbano, mientras que el segundo día se dirigió principalmente a equipos de radio cuyos efectos se extendieron a Siria. La simultaneidad indica el uso de un mecanismo de activación coordinada (ya sea por señal remota, por sincronización temporal o por combinación de ambos) exigió un cuidado extremo en la fase técnica.

Mientras que los beepers eran utilizados por personal de soporte mayormente, las radios (que resultaron más letales) estaban asignadas a los mandos y cuadros operativos. Por ello, con los beepers fueron heridos civiles que participan en las actividades de Hezbolá como un “Estado dentro del Estado”; incluyendo personal de salud y funcionarios administrativos. Incluso afectó al embajador de Irán en el Líbano. Este hecho dio cuenta de que el diplomático portaba un dispositivo para estar en contacto directo con Hezbolá.

Esta fase es el núcleo de la dimensión de sabotaje de la operación: la destrucción de bienes materiales (dispositivos de comunicación) con el propósito de neutralizar capacidades de mando y control, generar bajas en personal clave y producir un impacto psicológico desproporcionado respecto del volumen físico de las cargas. Se trata, además, de un sabotaje de naturaleza militar y administrativa a la vez. Militar, por su efecto directo en la capacidad de combate de Hezbolá, y administrativa por la disrupción de flujos de información internos y de cadenas de comando.

Efectos psicológicos y reorganización de Hezbolá

Las imágenes y testimonios posteriores revelaron escenas de pánico en hospitales y calles, con víctimas que no entendían por qué un dispositivo de comunicación cotidiano había explotado en sus manos o cerca de su cuerpo. Incluso, las radios que se activaron en los funerales de las personas muertas el día anterior por los beepers profundizaron el estado de angustia. Esto erosionó la confianza en las infraestructuras tecnológicas de Hezbolá y en sus propios mecanismos de seguridad interna.

Desde la perspectiva de las actividades psicológicas secretas, el mensaje es claro: el adversario logra penetrar hasta la intimidad del combatiente y transformar un objeto pensado para coordinar acciones en un elemento potencialmente letal. Esta inversión de sentido produce miedo, promueve la sospecha sobre posibles infiltrados en la organización y obliga a adoptar medidas que pueden reducir la eficiencia operativa, como evitar el uso de determinados equipos o recurrir a métodos de comunicación más lentos y visibles.

Algunas consideraciones finales

La Operación Beeper constituye un caso paradigmático de cómo las OEI articulan a lo largo de años actividades de espionaje, infiltración, sabotaje y acción psicológica en una única misión. Se trató de un diseño único orientado a golpear un centro de gravedad del adversario: su sistema de mando y control. 

La reconstrucción que realizamos aquí muestra una secuencia cómo encaja en la doctrina clásica de la inteligencia: una fase prolongada de espionaje orientada a identificar vulnerabilidades, una infiltración deliberada de la cadena de suministro, un planeamiento detallado del sabotaje, una ejecución sincronizada y una explotación sistemática de los efectos psicológicos y estratégicos.

Desde la perspectiva doctrinaria, el caso permite ilustrar con claridad conceptos como AEI, OEI e infiltración, ofreciendo un ejemplo concreto para su enseñanza y discusión en ámbitos académicos y profesionales. Cada etapa (planeamiento, instalación de redes, intervención técnica, ejecución y explotación de efectos) puede relacionarse con definiciones de espionaje, sabotaje y operaciones psicológicas secretas, dando contenido práctico a categorías que, a menudo, se abordan de manera abstracta.

Para los servicios de inteligencia la operación ofrece varias lecciones. Se debe considerar las cadenas de suministro como espacio (dominio) del combate, la necesidad de integrar capacidades técnicas con la inteligencia humana y la obligación de considerar, desde el inicio, los efectos psicológicos y jurídicos de cualquier operación encubierta de esta magnitud.

Sin embargo, este tipo de operaciones, por la complejidad, tiempos y costos que conllevan, son factibles cuando un Estado se enfrenta a un enemigo real contra el cual se están desarrollando operaciones en el presente. Ello no quiere decir que, a nivel de planeamiento, sean consideradas ante oponentes potenciales en tiempo de paz, por lo menos en la fase de obtención de información sobre las cadenas de suministro del eventual enemigo (por más que a la fecha se trate de un aliado).

Esto implica también que los servicios de Inteligencia deberían establecer coberturas y redes de información a largo plazo para obtener información relevante, con una muy baja exposición jurídica y operacional. Sin embargo, los objetivos de estos deben ser de valor alto, ya que es muy posible que en la fase de sabotaje la operación quede expuesta.

A su vez, se debe pensar el camino inverso: estas lecciones deben poner en alerta a un servicio de Inteligencia para que profundice en las medidas de seguridad de contrainteligencia contra el accionar del oponente sobre las propias cadenas de suministro.

En definitiva, operaciones como Beeper se conciben y conducen en los niveles más altos de decisión (nacional, estratégico-operacional y militar) y su costo se justifica si logra dañar sustancialmente el centro de gravedad del oponente, entendido como la combinación de capacidades materiales, organizacionales y psicológicas que sostienen su voluntad y su aptitud para combatir

Fuentes consultadas

|+ BBC News, “Ex-Israeli agents reveal how pager attacks were carried out”, 23/12/2024.

|+ BBC Mundo, “6 incógnitas que dejan los mortales ataques con beepers y walkie-talkies en Líbano”, 20/09/2024.

|+ CNN, “Lebanon’s wave of pager explosions is a message to Hezbolá”, 16/09/2024.

|+ CNN, “Analysis: Lebanon’s wave of pager explosions is a message to Hezbolá”, 17/09/2024.

|+ Lieber Institute at West Point, “‘Well, it Depends’: The Explosive Pagers Attack Revisited”, 10/03/2025.

|+ Times of Israel, “Ex-Mossad agents detail exploding Hezbolá pager operation that ‘broke’ Nasrallah”, 22/12/2024.

|+ The Washington Post, “Mossad’s pager operation: Inside Israel’s penetration of Hezbolá”, 05/10/2024.

|+ France 24, “Pánico en Líbano por detonación masiva de ‘beepers’”, 18/09/2024.

|+ NCBI (PMC), “The synchronized pager explosions: an unprecedented pattern of blast injuries”, 18/08/2025.

|+ Lieber Institute, entradas adicionales sobre pagers y DIH.

* ... El CY (R) Carlos Martin Calvo es licenciado en Estrategia y Organización con orientación a la Gestión de la Información, Profesor Militar, Especialista en Análisis de Inteligencia Estratégica. Posee la Aptitud y Especialización particular de Inteligencia

Notas

  1. Para comprender el contexto histórico, político y militar de esta operación, remitimos al lector a la lectura del artículo El Líbano publicado en 2025. LASALA, Juan Patricio. El Líbano. Manual de Informaciones, Volumen LXVII (N ° 1), p. 3 - 15.
  2. Estos efectos fueron indicio de la cobertura territorial de Hezbolá y su alcance.
  3. Se documentaron 12 muertos el 17 con los beepers, y unos 30 el 18 con los equipos de radio. La diferencia entre el número de muertes puede deberse a una mayor carga explosiva en las radios (por el tamaño), forma de uso (cerca de la cabeza), mayor fragmentación de la carcasa de las radios.
  4. Como ejemplo, un residente de Beirut le declaró a Amnistía Internacional: «Dejé mi teléfono en casa, no abrí el ordenador portátil, me volví paranoico. No quiero tocar nada que me conecte a Internet” (amnesty.org).
  5. Para tener un panorama general de cómo funciona el servicio de Inteligencia de Israel ver Hamartia o reflexiones en torno al caso del 7 de octubre de 2023, de autor anónimo publicado en el Manual de Informaciones, Volumen LXVII (N ° 3), p. 14 - 23.
  6. euronews.com/2024/11/11/netanyahu-admits-israel-behind-pager-attack-in-lebanon
  7. BOB, YONAH JEREMY. Mossad y FDI infiltraron explosivos en buscapersonas de Hezbolá. The Jerusalem Post. jpost.com/spanish/ guerra-israel-gaza/article-820726
  8. Desde el punto de vista propio constituyen los Objetivos de Valor Alto (OVA).
  9. Si bien tradicionalmente el sabotaje implicaba un contacto directo con el objetivo, a través de tecnologías de información y comunicaciones, se pueden hacer en forma remota, caso STUXNET y la misma Operación Beeper.
  10. Al estilo STUXNET.