Revista Manual de Informaciones 2026 - Vol. 68 Nº 1 / Consecuencias de la privación del sueño en operaciones militares
Consecuencias de la privación del sueño en operaciones militares

Consecuencias de la privación del sueño en operaciones militares

Consecuencias de la privación del sueño en operaciones militares

Licenciada Gisel Bruno

El sueño es un proceso fisiológico esencial para la restauración funcional del organismo. En este estado el cuerpo se dedica a la recuperación metabólica, la reparación tisular, la regulación endocrina y la consolidación de procesos cognitivos. En el ámbito militar la privación de sueño induce la fatiga operacional, lo que deviene en un bajo rendimiento físico, disminución de la atención y afecta la toma de decisiones. En definitiva, el soldado que no duerme lo suficiente estará en un estado psicobiológico que le degradará su eficacia de combate y, en última instancia, su voluntad de lucha. De esta manera, es responsabilidad de todos los integrantes de la cadena de comando prever las pausas y relevos necesarios en las operaciones militares para que el soldado combatiente pueda disponer de un relativo descanso. En consideración, debe tenerse en cuenta que luego de las 48 horas de privación total de sueño, el soldado se encontrará con su capacidad cognitiva, su estado de alerta y su tiempo de reacción reducidos.

Hoy en día, los combates ya no son de sol a sol ni las campañas al ritmo de las estaciones. Los modos de la guerra moderna, como los ataques nocturnos y continuos, han sometido al combatiente a mayores exigencias. Estos formatos llevaron a que, sobre todo luego de la Segunda Guerra Mundial, se comenzara a investigar sistemáticamente acerca de las consecuencias de la privación del sueño en operaciones militares y las medidas para contrarrestarlas en la planificación de las operaciones.

Durante la campaña contra Francia de 1940, por ejemplo, las operaciones rápidas asociadas a la táctica de la Blitzkrieg exigieron a las unidades de la Wehrmacht mantener ritmos operacionales continuos. Con el objetivo de reducir los efectos de la falta de descanso sobre las tropas, entre abril y junio de 1940 se distribuyeron aproximadamente 35 millones de comprimidos de Pervitin; una metanfetamina que disminuye la sensación de fatiga y un efecto estimulante inmediato. Sin embargo, su uso prolongado generó posteriormente efectos adversos en el personal.

Uno de los pioneros en la investigación del tema fue el ejército estadounidense. Su interés se despertó con el desarrollo de los sistemas de armas cada vez más complejos —en particular la aviación a reacción y las aeronaves supersónicas—. Como es de esperar, un soldado mal dormido operando el equipo puede significar la reducción de la capacidad del mismo o, lo que es peor, su mal uso.

El sueño, un componente del bienestar del soldado

En el ejército norteamericano se considera que el rendimiento del soldado depende de una “tríada” de tres factores biológicos fundamentales: el sueño, la nutrición y la actividad física. El primer elemento, como se viene desarrollando, parte de la premisa de que el dormir beneficia al cerebro[1] y que su privación implica una desactivación de ciertas áreas cerebrales que median el rendimiento cognitivo y el estado de alerta.

Este déficit de la capacidad de respuesta es el resultado de la falta de descanso y del desajuste del ritmo circadiano. Este último corresponde a la regulación temporal de diversos procesos psicobiológicos según el momento del día. En el ser humano, por ejemplo, durante las primeras horas de la mañana disminuye la secreción de melatonina, aumenta la presión arterial, se incrementa la motilidad intestinal y se eleva progresivamente el nivel de alerta.

El sueño se produce por la interacción de dos procesos fisiológicos, el circadiano (Proceso C) y el homeostático (Proceso S). El proceso circadiano muestra una variación cíclica de 24 horas, en relación con el nivel de alerta y la propensión de sueño; a medida que se acerca la noche, va disminuyendo el estado de alerta. El homeostático (Proceso S) corresponde a la presión de sueño acumulada durante la vigilia y aumenta a medida que transcurren las horas sin dormir. La interacción entre ambos factores permite que uno pueda iniciar el sueño por la noche y recuperar el estado de alerta durante la mañana. 

Ahora bien, si la actividad militar de combate se realiza durante la noche, se espera que el soldado esté en un estado de alerta cuando su fisiología no acompaña —debido al ciclo circadiano—. Según los testimonios de veteranos de guerra, los combates nocturnos fueron siempre los más agresivos. Muchos recuerdan un rendimiento físico y mental menor, especialmente cuando el descanso previo no había sido el adecuado. A la falta de descanso, deben sumarse también las condiciones precarias del entorno.

El dormir bien

El CT Médico Agustín Folgueira sostiene que el resultado del sueño es mejor si se produce durante la noche; lo que supone que las actividades con nivel de alerta serán mejores si las actividades se desarrollan durante el día[2]. Por lo tanto, el deseo de sueño es mayor por la noche, irresistible si se transcurren días con restricción total o parcial y el descanso necesario para el correcto funcionar. 

Según CT Folgueira, dormir poco afectaría el organismo en diversas funciones. Además de verse reducirse la capacidad de atención y las funciones ejecutivas, todas las funciones mentales superiores también. La planificación, el juicio, la toma de decisiones, la creatividad, las interacciones sociales y el estado de ánimo. Llegado a este punto, podrían experimentarse microsueños, que son periodos muy cortos -pueden durar fracciones de segundo o varios- de sueño involuntario.[3] A largo plazo hay consecuencias a nivel cardiovascular, metabólico y deficiencias en el sistema inmunológico.

El sueño y las operaciones militares

Las consecuencias de la privación de sueño tienen implicancia directa en las operaciones militares. Básicamente, porque estas no tienen horario y están determinadas por la necesidad de la situación. Una vez iniciadas, suelen ser continuas y durar más de 24 horas. Por otro lado, se está en un estado permanente de alerta, expuesto a los imprevistos.

Sin embargo, pese a todo lo anteriormente expuesto, la privación de sueño es inevitable para el personal militar. Esta determinación fortuita no significa un abandono de la responsabilidad, sino, contrariamente, una preparación especial. Además del entrenamiento, el soldado tiene que saber y prever, siempre que pueda, la falta de sueño y planificarse en consecuencia. Ningún adiestramiento puede preparar a la falta de sueño continuo, sencillamente porque es biológicamente imposible, pero sí puede desarrollar herramientas para reducir el impacto. 

Un individuo mal dormido no solo se perjudica a sí mismo, sino también al trabajo en equipo. Los jefes ya no toman buenas decisiones, las órdenes son malinterpretadas y el soldado se vuelve resistente al esfuerzo físico. Repetimos, no es por un problema en la moral, ni falta de cohesión, el cerebro sencillamente se desconecta y el cuerpo deja de responder; inevitablemente, llega el sueño.

A la inversa, el sueño puede ser un multiplicador de la fuerza. Si se administra bien, mejor será su capacidad cognitiva, su resistencia y su bienestar. De esta forma, más que un adiestramiento para operar privado completamente de sueño, es necesario incluir en la planificación y educación operacional métodos para gestionarlo en las actividades militares.[4]

Estas afirmaciones, respaldadas por el Instituto de Investigaciones Walter Reed del Ejército de los EUA, indican que el rendimiento operativo de los soldados se degrada rápidamente durante períodos prolongados de vigilia. Después de 36 a 48 horas sin dormir aparecen errores cognitivos frecuentes, fallas en la toma de decisiones y episodios de microsueño. En pocas palabras, una reducción significativa de la eficacia operativa de las unidades.

Recomendaciones

CT Folgueira brinda una serie de recomendaciones a seguir, como las siestas tácticas de 20 minutos. Paradójicamente, este tiempo es suficiente para sentirse descansado; si se prolonga o interrumpe antes, la inercia de sueño será mayor y aumentará el estado de confusión y vulnerabilidad. Esto no quita que períodos de descanso más largos impliquen una mejor calidad de recuperación. Si bien, un descanso más prolongado brinda una mejor recuperación, si se prolonga por más de 20 minutos, aparecerá una mayor inercia de sueño, un estado de confusión y vulnerabilidad una vez despierto. 

La utilización racional de los estimulantes naturales como el café o el mate debe hacérsela antes de las actividades, pero lejos de la hora del descanso. Se deben administrar dependiendo de la operación que se va a realizar. Estas infusiones pueden limitar temporalmente los efectos de la pérdida de sueño, pero no lo reemplazan.

Por otro lado, el ambiente para dormir debe ser propicio, oscuro y silencioso, lejano a un aeródromo o un centro logístico, donde el ruido suele ser intenso. Se debe buscar el mejor confort y seguridad posible, evitando sitios de riesgo, como debajo de un vehículo. Es conveniente un lugar reservado para el descanso, y evitar que estos lugares, los de trabajo y los de comida se superpongan.

Tradicionalmente, la planificación del sueño se hacía en base a la experiencia previa y recomendaciones de los líderes de la unidad. Hoy en día esto puede planificarse de una forma más objetiva con modelos matemáticos.[5] Actualmente, para planificar un despliegue militar se considera al sueño como un elemento más de la logística, junto con el alimento, la hidratación, el combustible y las municiones. Se debe considerar un tiempo suficiente de sueño antes y después de un despliegue.

Como las operaciones militares suelen ser continuas y durar más de 24 horas, el nivel de alerta disminuye e incrementa el riesgo de cometer errores (fuego amigo, blancos inexistentes, espejismos). En consecuencia, se requiere un esfuerzo   mayor y supervisión.

Para esto se proponen instrumentos de control que permitan medir las horas de sueño del soldado y protocolos para detectar situaciones de fatiga. El soldado debe dormir un mínimo de siete horas diarias en tiempos de paz y un mínimo de cuatro en operaciones. Al preverse la privación del sueño, es bueno dejar que el soldado duerma nueve horas antes de la señal de partida.[6] Los efectos de pocas horas de sueño son inmediatos en las operaciones, por lo que no se debe privar al soldad innecesariamente de él (no es necesario despertarlo para que forme o salude, realice tareas no imprescindibles, o simplemente para que esté en alerta).

Más allá de los efectos inmediatos (operacionales) que provoca la privación del sueño, se producen consecuencias a largo plazo: el insomnio crónico, la apnea y el trastorno de estrés postraumático (TEPT). Por otro lado, también aumenta el riesgo de diabetes, demencia y enfermedades cardiovasculares. Los soldados que suelen perder horas de sueño también son más propensos a presentar síntomas de depresión, síndrome de pánico, intentos de suicidio y abuso de tabaco y alcohol.

Infografía
Infografía

Trastornos del sueño y los militares

Estudios de las fuerzas armadas de los EUA indican que, en los últimos años, coincidentes con las campañas de Irak y Afganistán, aumentaron los trastornos de sueño durante las décadas posteriores en los veteranos; como las tasas de insomnio y los casos de apnea obstructiva del sueño.

Insomnio

Ryan describe al insomnio como la incapacidad de conciliar el sueño o permanecer dormido. Se considera crónico cuando los síntomas persisten durante más de un mes. Un estudio del sueño nocturno llamado polisomnografía midió la prevalencia de trastornos del sueño en personal militar en servicio activo y descubrió que uno de cada cuatro participantes padecía insomnio.

El insomnio está relacionado con el trastorno de estrés postraumático (TEPT), la depresión y el traumatismo craneoencefálico leve (TCE). Alrededor del 55 % de los militares con traumatismos craneoencefálicos relacionados con el combate presentan síntomas de insomnio.

Apnea obstructiva del sueño (AOS)

Más de la mitad del personal militar en servicio activo padece AOS, un trastorno respiratorio relacionado con el sueño que reduce su calidad y causa ronquidos, jadeos o sonidos de ahogo durante la noche. Casi un tercio del personal militar en servicio activo padece insomnio, además de AOS.

En la población civil, la AOS está fuertemente asociada con la obesidad, la edad y la baja actividad física. Pero los militares que desarrollan AOS tienden a ser más jóvenes, tener un peso corporal más bajo y estar más en forma físicamente.

Trastorno de estrés postraumático (TEPT)

El trastorno de estrés postraumático (TEPT) afecta entre el 11 % y el 30 % de los veteranos en los EUA. La falta de sueño es el predictor más fuerte del TEPT, y los soldados que duermen menos tienen una probabilidad significativamente mayor de desarrollar TEPT. Las pesadillas son otro síntoma común.  Por ejemplo, entre los veteranos de las guerras de Afganistán e Irak, el 92 % de quienes padecen TEPT, también padecen insomnio, en comparación con el 28 % de quienes no lo padecen. Para muchos militares, los problemas de sueño persisten después de su servicio militar.

Por otro lado, se demostró una correlación entre los trastornos del sueño y una mayor probabilidad de suicidios. Esta correlación sucede como consecuencia de un mayor malestar psicológico provocado por un sueño deficiente. Esto genera la reducción de la resiliencia de los veteranos para gestionar el estrés, dejándolos vulnerables frente al mismo y haciéndolos más propensos a los suicidios.

Finalmente, los autores Nixon David y Riley Porter sostienen que el Ejército debería incorporar el entrenamiento del sueño en sus adiestramientos de salud física y mental, así como en los ejercicios de entrenamiento de campo. Se debería capacitar a los soldados sobre cómo mejorar su sueño, como mantener un horario de sueño y vigilia más regular, evitar los dispositivos electrónicos y las luces brillantes antes de acostarse. También hay que evitar los efectos de sustancias como el alcohol, la nicotina y la cafeína en el sueño. 

Durante el entrenamiento de campo, cuando el déficit de sueño puede ser pronunciado, las unidades deberían finalizar los ejercicios de entrenamiento durante el día y permitir que su unidad duerma toda la noche antes de regresar del campo. Esto es más relevante para los motoristas y conductores.

Dormir bien, combatir mejor

El sueño se debe considerar como un componente esencial para la efectividad operativa de las Fuerzas Armadas. Las operaciones militares, por su naturaleza continua y demandante, generan alteraciones en el ritmo sueño-vigilia que disminuyen el nivel de alerta, incrementan los errores y elevan el riesgo de accidentes. Dormir adecuadamente mejora funciones cognitivas críticas como la atención, la memoria y la toma de decisiones, factores claves en entornos de alta presión.

La evidencia científica es clara: el sueño fortalece el rendimiento individual y colectivo. Por ello, implementar estrategias para evitar el riesgo de fatiga, que puedan incluir intervenciones farmacológicas controladas, protocolos de detección y una adecuada higiene del sueño, es una buena inversión de recursos para el alistamiento del personal militar.

Al considerar la necesidad del sueño del personal, y no prejuzgarla como una debilidad o una relajación de la moral, se pueden evitar problemas como el uso indebido de sustancias, la falta de disciplina y los suicidios. La falta crónica y sistemática de sueño deteriora la salud física y mental de los soldados.

Incluir el sueño en la planificación de las operaciones militares demuestra una visión estratégica. Un Ejército que duerme bien será siempre más fuerte, estará mejor preparado y más unido; el soldado que duerme bien, combate mejor.

* La autora es licenciada en Psicología

Notas

  1. Thompson Amy, Brad Jones & Thornburg Jordan, “La fatiga de la fuerza”, https://www.armyupress.army. mil/Journals/Military-Review/English-Edition-Archives/January-February-2017/ART-014/
  2. El Ejército Argentino se ocupa de este tema, ver Manual de gestión de sueño y riesgos asociados a la fatiga para las Fuerzas Armadas del CT Médico Folgueira Agustin, Mul Fedele, Malena L.y Vigo, Daniel E. Universidad de la Defensa. 2025. Se puede consultar en: cefadigital.edu.ar/ handle/1847939/3161
  3. Se estima que la somnolencia provoca hasta el 20 % de los accidentes vehiculares. sciencedirect. com/science/article/abs/pii/S2352721824002353
  4. En este sentido, la Universidad de la Defensa brinda un “Curso para la gestión del sueño en las actividades militares”, para más información: un-def.edu.ar/segunda-edicion-curso-gestion-sueno
  5. Algunas instituciones posee modelos matemáticos de predicción de fatiga.
  6. Ryan Tom “Dormir en el ejército”, 11/07/23,, sleepfoundation.org/sleep-in-the-military.