La Estrategia de Defensa Nacional de Estados Unidos 2026 (NDS 2026) expresa un giro doctrinario explícito hacia un realismo estratégico sin ambigüedades –expresado en la frase paz a través de la fuerza–. Se centra en la defensa del interés nacional, la restauración de la disuasión militar y la reorganización funcional del sistema de alianzas.
Lejos de aspiraciones normativas universalistas, el documento asume un entorno internacional fragmentado, caracterizado por:
* Competencia entre grandes potencias.
* Simultaneidad de amenazas.
* Erosión de los mecanismos tradicionales de gobernanza global.
En función de esto, la Estrategia de Defensa Nacional de Estados Unidos 2026 expresa un giro doctrinario explícito que apunta hacia un realismo estratégico sin ambigüedades.
En este marco, la noción de “paz a través de la fuerza” deja de operar como consigna política y se convierte en principio operativo. Este principio articula el poder militar con la base industrial, una diplomacia coercitiva y redistribución de cargas fiscales y militares como pilares de la estrategia estadounidense.
Defensa 2026: del idealismo estratégico al realismo operacional
La NDS 2026 rompe con las grandes estrategias de la posguerra fría. Estas se basaban en los criterios políticos normativos, el intervencionismo humanitario del liberalismo, la construcción de naciones (nation-building) de los neoconservadores y la externalización de costos de seguridad.
Al respecto, Estados Unidos reconoce que el sistema internacional ya no ofrece condiciones estructurales de estabilidad para sostener un liderazgo global ilimitado. En su lugar, el documento propone una estricta correlación entre fines, medios y prioridades, donde la defensa del territorio nacional, la disuasión de China y la gestión selectiva de amenazas sustituyen cualquier pretensión de tutela global.
Este enfoque se inscribe en una tradición realista clásica, adaptada a un contexto de conflictos híbridos, escaladas graduales y competencia prolongada. La superioridad militar es concebida no solo como capacidad de combate, sino como un atributo sistémico que integra preparación operativa, respaldo industrial, cohesión política interna y alianzas funcionales.
Estados Unidos: la simultaneidad como problema estratégico central
Uno de los aportes conceptuales más relevantes de la NDS 2026 es la identificación explícita del problema de la simultaneidad, que exige enfrentar crisis o conflictos concurrentes en múltiples teatros. A diferencia de enfoques anteriores, que asumían escenarios secuenciales, la estrategia reconoce que actores estatales pueden coordinar presiones o explotar ventanas de oportunidad en distintos espacios geográficos.
La respuesta que se propone es una gestión diferenciada de amenazas. China es definida como el desafío estructural primario, mientras que Rusia, Irán y Corea del Norte son considerados adversarios persistentes pero gestionables, siempre que los aliados asuman mayores responsabilidades.
La NDS 2026 establece con claridad que el centro de gravedad del sistema internacional se desplaza hacia el Indo-Pacífico.
Esta lógica no implica retracción estratégica, sino una redistribución del esfuerzo. Debe estar orientada a preservar la capacidad de concentración estratégica en el Indo-Pacífico y una recalibrada economía de fuerzas en Europa Atlántica, Medio Oriente y África.
China y la disuasión por negación en el Indo-Pacífico
En el contexto del Indo-Pacìfico, Estados Unidos descarta tanto la confrontación directa como la acomodación pasiva, y opta así por una estrategia de disuasión por negación. El fortalecimiento de la Primera Cadena de Islas, la integración de capacidades conjuntas y el alineamiento con aliados regionales responden a una lógica de equilibrio de poder destinada a impedir la dominancia estratégica china.
Esta primera cadena insular equivale a un perímetro de seguridad crítico. Sin embargo, de la carta geográfica correspondiente surge una indeterminación ya que no queda claro si Taiwán está dentro o fuera de dicho perímetro.
La disuasión es concebida como condición previa para cualquier negociación significativa. La estabilidad, en este esquema, no surge de la confianza, sino de la credibilidad del poder militar y de la capacidad de frustrar una agresión antes de que se materialice.
NDS 2026: Europa, Rusia y la redistribución de la carga estratégica
En el teatro europeo, la NDS 2026 redefine el rol estadounidense dentro de la OTAN. Reconoce que Rusia mantiene capacidades militares relevantes, pero afirma que la defensa convencional del continente debe ser liderada por los propios aliados europeos. Es por ello que el nuevo estándar de gasto en defensa busca corregir décadas de dependencia estructural y dotar a Europa de capacidades reales de disuasión.
En ese sentido, Estados Unidos mantiene un compromiso decisivo, pero limitado; se orienta a sostener la estabilidad estratégica mientras concentra recursos en el Indo-Pacífico. Se trata de una recalibración del vínculo transatlántico, no de su debilitamiento.
En Europa, con los socios de la OTAN, los esfuerzos de Estados Unidos pasarían por determinar en quiénes se delega la responsabilidad y el despliegue de la defensa convencional.
Las novedades para el hemisferio occidental y la seguridad ampliada
La estrategia recupera la centralidad del hemisferio occidental como espacio prioritario. De esta forma, integra seguridad fronteriza, lucha contra el narcotráfico, control del espacio aéreo y protección de infraestructuras críticas en una noción ampliada de defensa nacional.
A su vez, la actualización funcional de la Doctrina Monroe se articula con amenazas híbridas y no tradicionales. Esto refuerza la premisa de que ningún compromiso global resulta sostenible sin un control efectivo del entorno inmediato.
Si bien América del Sur no constituye un teatro prioritario en la NDS 2026, la región queda subsumida dentro de esta lógica hemisférica ampliada. La creciente focalización estadounidense en el Indo-Pacífico, combinada con la externalización de responsabilidades estratégicas en otros teatros, configura un esquema de baja presencia militar directa. Sin embargo, esto significa que a su vez se trata de una alta sensibilidad estratégica frente a dinámicas que puedan afectar la estabilidad regional, el control de recursos críticos, las infraestructuras estratégicas y los alineamientos extrahemisféricos.
En este contexto, los países sudamericanos enfrentan un escenario de mayor autonomía relativa, pero también de mayor responsabilidad estratégica. La ausencia de una agenda de seguridad regional robusta incrementa el riesgo de que el espacio sudamericano sea interpretado principalmente como ámbito de competencia indirecta entre potencias. Esto podría darse particularmente en sectores de energía, minerales estratégicos, telecomunicaciones e infraestructura portuaria.
En consecuencia, la estabilidad regional dependerá cada vez menos de garantías externas y más de la capacidad de los propios estados sudamericanos para sostener consensos mínimos de seguridad, gobernabilidad y previsibilidad estratégica.
Cuando el orden se fragmenta, la estrategia se concentra
La Estrategia de Defensa Nacional de Estados Unidos 2026 no propone un retorno al pasado ni una retirada del sistema internacional. Propone una adaptación realista a un orden fragmentado, competitivo e incierto.
De hecho, al articular disuasión, redistribución de cargas, revitalización industrial y defensa del interés nacional, el documento configura una arquitectura coherente para sostener la primacía estadounidense en un escenario de competencia prolongada. Para aliados y observadores, el mensaje es claro: La estabilidad futura dependerá menos de normas abstractas y más de capacidades concretas, responsabilidades compartidas y de un equilibrio de poder efectivamente sostenido.
Los conceptos de “patria”, “mercado interno” y “razón de estado” marcan el meridiano de la racionalidad estratégica de la NDS 2026, contenida en los parámetros referenciales de la Estrategia de Seguridad Nacional (NSS) 2025. Son conceptos acompañados de simbología histórica, como la nominación de Departamento de Guerra (ex Defensa), y la introducción doctrinaria de una concepción personalista del liderazgo presidencial.
Para Oriente Medio, la estrategia de Defensa se centrará en el empoderamiento de los aliados de EUA, para priorizar el fortalecimiento de capacidades locales por sobre el despliegue directo y permanente de fuerzas estadounidenses. Este enfoque implica ampliar programas de asistencia militar, entrenamiento, transferencia de tecnología y cooperación en inteligencia, con el objetivo de que los socios regionales asuman una mayor responsabilidad en la disuasión, defensa territorial y estabilidad interna.
En términos operativos, la estrategia privilegia el uso de fuerzas asociadas como primera línea, apoyadas por capacidades estadounidenses de ISR, defensa aérea, mando y control, y apoyo logístico, lo que mantiene a EUA en un rol de habilitador estratégico. Asimismo, busca reducir la exposición directa de tropas propias sin abandonar la capacidad de intervención rápida ante crisis que afecten intereses vitales, como la seguridad de rutas marítimas, la protección de infraestructura energética y la contención de actores estatales y no estatales hostiles.
Estrategia de Defensa Nacional: 4 puntos centrales
La operacionalización de la Estrategia de Defensa Nacional, consecuente con el programa de las políticas de la segunda Administración Trump, se desarrolla en cuatro “líneas de esfuerzo”:
La línea de esfuerzo 1
Apunta a la defensa del territorio nacional de los EUA y los intereses nacionales en el marco continental o hemisférico. Al respecto se enuncia que el hemisferio occidental comprende desde el Ártico hasta Sudamérica, y que el espacio principal se configura en el conjunto geoestratégico que se extiende desde Groenlandia hasta el Golfo de América (sic) y el Canal de Panamá: espacios cerrados al acceso e influencia extracontinental. En tanto que se plantea, explícitamente, que el Departamento de Guerra pondrá a disposición del presidente los medios para el acceso militar y comercial a los mismos.
La línea de esfuerzo 2
Plantea como propósito la disuasión de China mediante un despliegue militar robusto y sostenido en la Primera Cadena Insular, concebida como el perímetro avanzado de las áreas de negación de acceso (A2/AD). Este enfoque busca impedir la proyección de poder chino hacia el Pacífico occidental mediante la presencia permanente de fuerzas navales, aéreas y de misiles, integradas con capacidades aliadas y sistemas de mando y control conjuntos. La estrategia prioriza la negación del dominio marítimo y aéreo, el control de puntos de estrangulamiento y la capacidad de respuesta rápida ante una escalada regional.
La línea de esfuerzo 3
Trata sobre la reestructuración del esfuerzo y sustentabilidad de la defensa global, junto a los aliados de Estados Unidos en los siguientes frentes:
* En el hemisferio occidental con Canadá y México, que abarca desde el Ártico al Golfo de América y el Canal de Panamá.
* En Europa, con los socios de la OTAN, sobre quienes se delega la responsabilidad del sostén y despliegue de la defensa convencional.
* Oriente Medio, con el empoderamiento de los aliados de EUA (Israel y los países del Golfo Pérsico).
África, donde se apoyará el esfuerzo constante de los países aliados para el combate sostenido contra el terrorismo.
* Península de Corea, donde se destaca el esfuerzo integral de Corea del Sur para potenciar la disuasión sobre Corea del Norte.
La línea de esfuerzo 4
Refuerzo de la base industrial para la defensa; se orienta al refuerzo de la base industrial para la defensa, planteando un esfuerzo sostenido de desarrollo, expansión y movilización de recursos destinado a garantizar el apoyo continuo al poder militar. Este enfoque remite a esquemas históricos de economía de defensa implementados durante las dos Guerras Mundiales y la Guerra Fría. Durante el desarrollo de las mismas, la capacidad industrial, tecnológica y logística fue integrada de manera directa a la planificación estratégica, con el objetivo de asegurar producción, reposición y resiliencia frente a conflictos prolongados y de alta intensidad.
Finalmente, la NDS 2026 prescribe una nueva economía de fuerzas del dispositivo militar global, orientada a optimizar el empleo de recursos y despliegues con el propósito de incrementar los márgenes de libertad de acción necesarios para disuadir un conflicto de escala mundial. Este reordenamiento busca evitar compromisos prolongados y dispersos. No obstante, en caso de que la disuasión resulte insuficiente, la estrategia establece las condiciones para que la base nacional —industrial, tecnológica y humana— se prepare para sostener una guerra mayor y prolongada.
En su dimensión burocrática, el documento se deriva de la NSS 2025 y precede a una próxima Estrategia Militar Nacional, responsabilidad de los jefes del Estado Mayor Conjunto.