Revista Manual de Informaciones 2025 - Vol. 67 Nº 2 / ¿Se puede engañar a un oponente hiperinfomado?
¿Se puede engañar a un oponente hiperinfomado?

¿Se puede engañar a un oponente hiperinfomado?

¿Se puede engañar a un oponente hiperinfomado?

Las formas de hacer la guerra cambian con la aplicación de la tecnología a los medios militares; desde los inicios de los tiempos esta fue una forma de alcanzar una asimetría estratégica sobre el oponente. Sin embargo, hay principios que no cambian, como aquél inmortalizado por Sun Tzú que dice que la mayor destreza del comandante es el engaño.

En el nivel estratégico operacional la información constituye el insumo esencial del comandante, ¿Qué otra cosa es sino un puesto comando sino un nodo crítico en el sistema de conducción, hacia el cual confluyen los flujos de información, que son procesadas por el estado mayor, para así emitir órdenes? El comandante debe integrar información e inteligencia sobre los diferentes campos de la conducción y así, en función de su ciencia y experiencia, arribar a una resolución sobre la disposición, actitud y acción de sus tropas.

Esto se verifica en todos los niveles de la conducción militar. El jefe de compañía desarrolla el mismo proceso en el plano táctico. El capitán, en contacto con el enemigo, adopta decisiones en tiempo real sobre las acciones de combate. El comandante operacional toma decisiones de carácter estratégico, en particular respecto qué medios se desplegarán en el tiempo en función de la misión impuesta y de la situación del oponente.

El proceso de interpretar información para tomar decisiones se realiza en forma simultánea en los puestos comando de las dos fuerzas en oposición. En la medida en que la acción de una fuerza constituye el insumo de información para la otra, la situación del frente tiende a estabilizarse mediante medidas y contramedidas. Transcurrido el impulso inicial de la ofensiva, los avances las ganancias territoriales se tornan cada vez más costas. Cuando la maniobra no logra producir la ruptura del dispositivo defensivo, queda como resultado un enfrentamiento de atrición y desgaste (el ejemplo contemporáneo es el conflicto en Ucrania).

El comandante operacional conduce el instrumento militar con lo que sabe y con lo que tiene. Lleva adelante la campaña bélica con una fuerza armada cuyo equipamiento, organización y doctrina seguramente no estuvo en sus manos, sino que es resultado de años, e incluso décadas, de planeamiento. En este proceso hay insumos críticos de información que modelarán el resultado final, algunos serán políticos (relacionados con las alianzas estratégicas) y otros operacionales: qué forma tiene la guerra según el estado del arte de la tecnología bélica, en qué terreno se librará la batalla, y qué capacidades tienen las fuerzas oponentes con mayor probabilidad de entrar en guerra.

Suele caracterizarse a nuestra época como de la “era de la información”, producto de las tecnologías de información y comunicación. Para introducir estas tecnologías en la doctrina militar, en los EUA se habló de la Revolución de los Asuntos Militares (RAM) para señalar las transformaciones que traía la introducción de sensores avanzados, sistemas de geoposicionamiento global, armas de precisión, y la integración en red de todos los elementos de combate (C4ISR). El resultado de esta revolución es lo que se denomina “el campo de batalla transparente”, lo que cumpliría el objetivo de la Inteligencia de logar una conciencia situacional casi total.

No se trata ya de la era de la información, sino de la hiperinformación. Con la introducción de miles de ojos sobre el teatro de operaciones, especialmente por el uso de VANT (Ucrania proclama haber fabricado más de dos millones de drones en 2024, no todos necesariamente aplicados a inteligencia de combate) los puestos comando tienen conocimiento de las capacidades y actividades del oponente en tiempo real. A esta abundancia informativa —a esta verdadera hiperinformación— se le pueden aplicar modelos de inteligencia artificial: algoritmos capaces de procesar enormes volúmenes de datos a partir de patrones y modelos previamente entrenados. Estas herramientas permiten detectar correlaciones, anticipar comportamientos y construir escenarios de decisión con una velocidad y detalle antes inalcanzable.

Si todos los factores se equilibran y la situación bélica tienda a la estabilidad del frente y el estancamiento, queda aún una carta en manos del comandante, propia de su nivel de conducción y que depende de su genio militar: Sun Tzú que la mayor destreza de un general es el engaño. Según el maestro Sun: “Toda guerra está basada en el engaño. De tal modo que, cuando puedas atacar, debes aparentar que no puedes; cuando uses tus fuerzas, parecerás inactivo; si estás cerca, haz creer al enemigo que estás lejos; si estás lejos, hazle creer que estás cerca”. Pero ¿es posible el engaño en un campo de batalla que se ha vuelto transparente?, ¿es posible engañar a un oponente hiperinformado?

El engaño en entornos hiperinformados

Si la victoria depende del engaño, entonces depende también del manejo y empleo de la información: de inducir al adversario a tomar decisiones equivocadas, al mismo tiempo que se resguardan las propias operaciones. En otras palabras, el engaño consiste en controlar la percepción enemiga, alterando la imagen que el adversario tiene de la situación.

En el nivel operacional se toman decisiones según la evolución de la situación. Por lo tanto, si se busca engañar al oponente, es necesario considerar todo su sistema de conducción y ejercicio del comando, entendiendo que las decisiones se toman de manera iterativa, en ciclos sucesivos de apreciación, decisión y acción.

Fue John Boyd quién conceptualizó a este proceso como ciclo OODA –por Observación Orientación, Decisión y Acción –, y William Lind quien lo incorporó en el ámbito de la planificación operacional.[1] Para Lind, la victoria se obtiene interrumpiendo el ciclo de decisiones del enemigo, tornando sus decisiones ineficaces. Podríamos identificar al menos dos formas en que un comandante puede superar a su adversario: la primera, es acelerando el propio ciclo (según propone el MY Carlos Ferri en el siguiente artículo de este número); la otra, jaquear[2] el ciclo del enemigo mediante el engaño.

En la primera forma, la acción del adversario resulta ineficaz porque responde a una realidad que ya cambió (su ciclo de decisión no fue lo suficientemente veloz para adecuarse a la maniobra del adversario). En el segundo caso, responde a una realidad que nunca existió (el enemigo nunca estuvo en el frente).[3]

El campo de batalla actual se destaca tanto por la velocidad con la que fluye la información, como también la multiplicidad de fuentes de las que se obtiene. Cualquiera con un celular puede captar información y ponerla a disposición en forma inmediata. Como dijimos, el fenómeno actual es el de hiperinformación, y la repuesta a ella es la inteligencia artificial que facilita su filtro y clasificación.

Además, este fenómeno se extiende en todas las dimensiones. La información que debe procesar el comandante no se limita a los aspectos operativos de las fuerzas armadas sobre el terreno. La batalla sucede en un entorno atravesado por “ambiente informacional” con efecto en varios planos: tanto de la la moral de la troma como de la orientación de la opinión pública. En este contexto, planificar una maniobra de engaño requerirá introducir un apartado sobre comunicación social y redes sociales.

Según Reisher et al. tendrá ventaja quién realiza el primer movimiento en este entorno hiperinformado.[4] Tomar la iniciativa en el informacional permite establecer la narrativa de la acción, y así legitimar la propia postura. Este es el primer paso para introducirse en la percepción del adversario y jaquear su ciclo OODA.

El comandante operacional dispone otra herramienta a mano para engañar a su contrario ya que en su mano reside la capacidad de coordinar los diferentes elementos de combate en los ámbitos operacionales que hacen al campo de batalla moderno.[5] Según un panfleto doctrinario del Ejército de los EUA, una acción multidominio logra su mejor resultado cuando se coordinan los medios de diferentes ámbitos para obtener un efecto integral. Al nivel superior a la Brigada, el comandante debe aprovechar las oportunidades convergentes en todos los ámbitos, esto es, realizar un único efecto utilizando todas las armas combinadas en tierra, mar y aire, además de ciberespacio y las narrativas operacionales e inclusive las operaciones psicológicas.[6]

Todas estas acciones serán conocidas y anticipadas por el oponente; en un entorno hiperinformado cada uno conocerá la doctrina, los medios y su despliegue, inclusive, la moral de la tropa; y toda esta información la tendrá en tiempo real. Uno de los recursos que le queda al comandante para el engaño, es presentar la acción integral como si se tratara de hechos aislados, realizados en compartimientos estancos. Si se vuelve imposible velar las acciones, al comandante le queda como último recurso velar sus intenciones.

Si con los sensores actuales, sean radares, ópticos, infrarrojos, situados tanto en tierra, en el aire o el espacio,  el campo de batalla se ha vuelto en gran medida transparente, se puede considerar que la neblina de la guerra de la que hablaba Clausewitz se ha disipado. La genialidad del comandante será volver a cubrir a la guerra con la niebla, esta vez, de fabricación suya. Mediante hechos deberá alterar la percepción del oponente, inclusive, sabiendo que este utilizará herramientas de inteligencia artificial para detectar patrones y anticipar acciones.

Volviendo a Sun Tzú, consideremos su frase “parece estar lejos cuando se está cerca; aparenta que no se puede atacar, cuando se puede, parecer inactivo cuando se utiliza la fuerza”. Lograr esto es el gran arte del engaño, para el cual no hay métodos ni recetas: escribir un manual sobre el engaño sería una contradicción en sus términos; sería hacerlo imposible.

Este gran arte no surge ahora, sino que fue el gran diferencial de los grandes generales en la historia militar universal. Ello no quiere decir que no se hayan hecho guerras administrativas, guerras que seguían al pie de la letra los manuales, reglamentos y los usos militares. Guerras que se hayan estancado en frentes inmóviles que consumían cientos de vidas humanas; en cuatro años de conflicto, la Primera Guerra Mundial demandó unos 6400 soldados por día.

Operaciones de engaño

En este apartado presentaremos algunas ocasiones donde desinformar al oponente, tanto a nivel táctico como operacional, cambió el rumbo del combate: 

Nagorno-Karabaj

Nuestro primer ejemplo es el de la Segunda Guerra del Nagorno-Karabaj, un caso se ha sido ampliamente estudiado en todos los estados mayores del mundo, por ser el primer encuentro de fuerzas regulares en que se utilizaron medios no tripulados integrados a la planificación estratégica de las operaciones militares. Este conflicto fue tratado en la revista n. ° 1 del 2023 del Manual de Informaciones.

Este fue un conflicto entre Armenia y Azerbaiyán por un territorio de la Transcaucásica que pertenecía legalmente a este último país, pero la población de origen armenio en la zona había establecido la República de Artsaj. Azerbaiyán, decidido a conformar su integridad territorial, invirtió los ingresos petroleros para mejorar su arsenal bélico, especialmente en el aspecto cualitativo.

Adquirió VANT turcos (específicamente el Bayraktar TB-2) e israelíes (como el Aerostar, Heron, Orbiter-3 y Hermes 450/900), además de municiones merodeadoras (Sky Striker o Harop). Por su parte, Armenia no había modernizado sus sistemas antiaéreos que se remontaban a la época de la Unión Soviética, como los SA-4, 9K33 Osa –también poseía algunos lanzamisiles portátiles, pero no podían detectar los VANT azeríes–. 

La táctica que utilizaron los azeríes para engañar a las defensas aéreas armenias nos hace acordar a las que realizó el Escuadrón Fénix en la Guerra de Malvinas, con algunos matices. En este caso, se realizó una acción de simulación de despegue de aviones de combate mediante las aeronaves civiles Lear Jet –el radar no podía distinguirlas de un Mirage o un A4–, esto hacía que los británicos pusieran en el aire sus Harriers y consumieran su combustible. Luego se lanzaba el ataque de la Fuerza Aérea Argentina.

Los azeríes, en cambio, buscaron destruir las defensas aéreas mediante una táctica muy similar a las utilizadas por la coalición de países en la guerra de Irak, presentada en el número anterior. Para ello, hicieron uso de los viejos biplanos An-2 soviéticos de 1947 que tenían en sus hangares, que se lanzaban monitoreados por control remoto hacía el territorio controlado por los armenios. Estas aeronaves eran pintadas y destruidas por las defensas aéreas, lo que dejaba al descubierto así su posición. En una segunda ola, los VANT TB-2 dejaban caer sus cargas explosivas; así, se incapacitó la defensa aérea de Armenia.

Rusia-Ucrania

La guerra entre Ucrania y Rusia se ha vuelto un triste laboratorio de tácticas y fuente de aprendizajes operacionales para quienes deben planificar las operaciones militares. Una operación en particular nos es útil para ilustrar el engaño en entornos hiperinformados, la captura de la ciudad de Járkov por Ucrania en septiembre de 2022. Esta acción nos recuerda que inclusive en este tipo de entornos, donde infinitos ojos se vuelcan sobre el campo de batalla, hay principios militares que son eternos y que existe una gran diferencia entre “ver” y “mirar”.

Para hacer la operación en el norte (Járkov), los ucranianos hicieron caso del mandato doctrinario de la maskirovka (enmascaramiento, máscara), que figura en ambos manuales de doctrina.[7][7] Para ello, fijaron el interés del estado mayor ruso en Jerson en el sur. Desde el punto de vista estratégico y táctico, esta ciudad era la más lógica para ser recuperada por parte de Ucrania: se encontraba lejos de las líneas logísticas rusas (Járkov está casi en la frontera con Rusia) y le era de alto valor económico. Por su lado, los rusos valoraban la ciudad por la seguridad que significaba para Crimea y apreciaban que su posición débil requería de  fortificación.

El engaño se realizó en varios niveles, desde el ápice estratégico, con el presidente haciendo declaraciones a finales de agosto sobre los preparativos para tomar Jerson, sumadas a otras de funcionarios inferiores. En el terreno se realizaron movimiento de tropas que escenificaban una actitud ofensiva, sabiendo que estas serían captadas por los rusos y que “prenderían” en su carta de situación del enemigo luces de alerta.

Los comandantes rusos optaron por liberar fuerzas de Járkov para reforzar Jerson, de hecho, consideraron que los iniciales movimientos ucranianos en el norte eran una finta para enmascarar los movimientos en el sur. Las incursiones livianas número de tanques como puntas de flecha, se transformaron en una maniobra de cerco sobre las fuerzas rusas, que terminaron replegándose a su frontera. Así, se invirtió la ecuación, el engaño resultó ser la operación principal, y la real, fue la engañosa. Una forma de mantener el factor sorpresa en tiempos hiperinformados.

Eternidad de los principios de la conducción

Lo que es eterno se transforma, pero no cambia. Los principios de la conducción sintetizan conocimientos profundos y perenes de las operaciones militares; la historia es testigo de que en aquellos casos donde estos principios no fueron respetados, el comandante se estaba asegurando su propia derrota.[8] Los principios no son una receta, sino que constituyen máximas que orientan en la dirección correcta, o leyes que no deben transgredirse, si se busca la victoria..

Los nuevos ingenios y medios militares no nos deben inducir al olvido de estas máximas o, peor aún, hacernos creer que estos ya no se aplican en la batalla hiperinformada. Todo lo contrario, a más información, mayor complejidad, por eso la mayor necesidad de contar con guías universales. 

Por ello, las fuerzas armadas no deben perderlos de vista al momento de incorporar a la doctrina estas nuevos entornos informacionales y al pensar los nuevos campos de batalla (los diferentes dominios).

Los ejemplos que trajimos a colación nos muestran cómo se pueden ejecutar operaciones de velo y engaño en los escenarios actuales; operaciones que son tributarias al principio de sorpresa. No hay mejor forma de dislocar la mentalidad del comandante enemigo que presentarle un hecho completamente inesperado; es lo que en el entorno norteamericano se llama shock and awe (que se podría traducir como impacto y conmoción): resultado de un poder aplastante, velocidad operativa e impacto psicológico masivo.

Esto nos encamina hacia una nueva doctrina que evite la respuesta aislada y funcional de los medios militares; que no se parcialice en guerra terrestre, electrónica y aeroespacial. Más bien, una nueva doctrina cuyo principio sea el de totalidad: que pueda integrar todos los elementos del campo de batalla, los tradicionales y los informacionales en un único cuerpo de conocimientos, considerando que el comandante debe lograr un efecto único con la convergencia de todos los medios a su disposición.

Por último, podemos mencionar los principios que presenta William Lind en su Manual: en la guerra no hay esquemas fijos, la historia militar no es un libro de recetas, sino fuente de inspiración; nunca hagas lo mismo dos veces, cada engaño suele ser un comodín que se puede jugar una vez, el enemigo se adapta. Por último, el comando militar es un arte, que se hace más válido en un contexto donde la tecnología invadió todos los aspectos de la vida y la información fluye abundantemente

Notas

  1. LIND, W. La guerra de maniobras. Buenos Aires. 1884 Editorial – Círculo Militar.
  2. Utilizamos aquí un término (jaquear) no doctrinario, según la grafía fijada por la RAE. Su extendido uso popular lo hace adecuado en este contexto para transmitir la idea.
  3. Situación reflejada en el artículo del Manual de Informaciones Operación Cottage: una lección para la inteligencia militar; nro. 2 del 2024.
  4. Reisher, J., Jacobs, C., & Beasley, J. Data as a Weapon: Psychological Operations in the Age of Irregular Information Threats. Jon Reisher, Charity Jacobs and John Beasley; publicado el 05.02.22 en el Modern War Institute (at West Point).
  5. Denominados “dominios” y “operaciones multidominio” en la doctrina de EUA e Israel, y en mucha de la prensa especializada.
  6. U.S. Army, TRADOC Pamphlet 525‑3‑8, The U.S. Army Concept for Multi-Domain Combined Arms Operations at Echelons Above Brigade 2025–2045. En este documento retoma varios desafíos operacionales clásicos, como conciencia operacional, toma rápida de decisiones, explotar las vulnerabilidades críticas del adversario. Pero el aspecto más innovador, en un escalón superior a la brigada, es la convergencia de los ataques en todos los dominios, como se verá en los ejemplos al final del artículo.
  7. Los aspectos del desarrollo de esta operación de engaño fueron extraídos de The Kherson Ruse: Ukraine and the Art of Military Deception, de Huw Dylan, David V. Gioe and Joe Littell publicado el 10.12.22 en el Modern War Institute (at West Point).
  8. Ver el ilustrativo libro La táctica en las batallas de la historia, de Morales Gorleri, C. et al publicado por la Editorial Universitaria del Ejército, en tres volúmenes (2012), que contiene varios de los ejemplos en cómo han sido implementado los principios de la conducción en la batalla y los consecuentes resultados.