Introducción
En el último par de años, la (mal) llamada inteligencia artificial (IA) interrumpió en el mundo de forma tan abrupta y repentina que aún no se han adecuado los sistemas de control estatales e institucionales. Todavía se discute una regulación legal sobre el fenómeno, en gran medida porque por el momento no se conoce la profundidad y alcance de su efecto.
La dificultad de dar cuenta de esta tecnología se debe a sus características transversales y multidisciplinares; la IA nos afecta en todos los ámbitos de la vida e impacta en todas las profesiones y los quehaceres humanos. Por ello, en el presente artículo, reflexionaremos sobre los alcances y la utilidad de la IA para la Inteligencia Militar; comenzaremos por la situación actual y dejaremos planteados algunos desafíos para el futuro.
Inteligencia Artificial más la Inteligencia Militar (IA + IM)
El término inteligencia artificial
El concepto de inteligencia artificial, actualmente tan difundido y popularizado, no es algo absolutamente novedoso, aunque su reciente auge y disposición para el gran público nos lo haga creer. La definición de este concepto dista de ser precisa. El abanico y la profundidad de implicancias del término es ilimitado, tanto en relación con los campos de las ciencias que intervienen en su desarrollo, así como en las áreas de aplicación e incumbencia.
Comencemos por el término inteligencia, que ha sido aplicado a seres vivos en general y a los seres humanos, en particular. En términos generales, se refiere por inteligencia a una serie de capacidades, como ser la resolución de problemas y la capacidad de ejecutar operaciones mentales tales como: clasificación, comparación, relación, valoración, seriación, etc.; capacidades que se podrían encontrar en varias especies, pero que se encuentran altamente desarrolladas en los seres humanos, que pueden operarlas utilizando símbolos. Por ejemplo, la simple suma de 1 + 1 = 2, no es más que una relación entre ideas abstractas[1].
También, como referente de la filosofía occidental clásica, Santo Tomás de Aquino (Aquino, 2012), establece a la voluntad y a la inteligencia como las potencias del alma de un ser humano, como características únicas de estos seres en contraste con el resto de las especies de la creación. Así, se desarrolla la idea de que estos atributos son propios y definitorios de lo que es el ser humano, y que lo diferencia del resto de los seres y entidades en el mundo.
Sin embargo, Santo Tomás sí distinguía entre aquello que es natural, que es creado y dado por Dios, de las creaciones del hombre. Lo primero posee un movimiento que le es propio (los cuerpos celestes, regidos por sus propias formas y leyes) y el movimiento de lo artificial es ordenado por el intelecto humano; aquí caben los ingenios que hacen cosas: en el contexto medieval era el reloj el invento símbolo de la técnica y que sorprendía por su automatismo (por su capacidad de imitar la regularidad de la naturaleza).
Dicho esto, cabe preguntarse si el término inteligencia, puede aplicarse a las máquinas que procesan información en forma automatizada. Tanto en el pensamiento clásico de la filosofía occidental como en el moderno –por ejemplo, en el de Piaget–, no corresponde aplicar este concepto a objetos inanimados. Veamos por qué:
Ramón López de Mántaras (Gordillo, 2025) plantea serias objeciones a la rotulación de esta nueva tecnología y a los procesos automaticos de información como inteligencia (aunque, como vimos, sí correspondería aplicarle el mote de artificiales). Para este pensador, de lo que en verdad estamos hablando es de la automatización del procesamiento de la información y de algoritmos que permiten manejar grandes cantidades de datos en un corto lapso. Los llamados motores de IA, como por ejemplo ChatGTP, están muy lejos de ser verdaderamente inteligentes.
Empleo de IA en la IM
La irrupción de la IA también impactó en las fuerzas armadas; distintos países del mundo aceleraron la incorporación de la llamada IA en todos los campos de la conducción y en los medios de combate para lograr una ventaja sobre sus potenciales oponentes (o por lo menos, para no quedar rezagados). Se implementó IA en sistemas informáticos para la gestión del personal, la logística, la batalla virtual, la ciberdefensa, y se la aplicó a los diferentes sistemas de armas, por ejemplo, los sistemas de control de artillería. En IM la IA es especialmente útil para la obtención y procesamiento de la información, y para el señalamiento de objetivos militares.
Una de las principales responsabilidades de la IM es la obtención, procesamiento, análisis y difusión de información para conformar el ciclo de inteligencia; una tarea que se realiza de diferentes formas y en distintos niveles de la conducción.
En el nivel táctico se ejecuta mediante disciplinas, como la Inteligencia de Señales, la Inteligencia Humana, la Inteligencia de Imágenes e, incluso, la explotación de fuentes abiertas a través de motores de búsqueda de internet o del análisis de documentación (como parte de la Inteligencia Técnica).
En este nivel, la inteligencia militar de las fuerzas armadas de todo el mundo emplea en el campo de combate como medio de obtención de información a la inteligencia humana (el más antiguo y el que sigue siendo el más fidedigno y confiable); la patrulla desplegada en el terreno utiliza sensores sísmicos, de movimiento (por láser) y radares. A este medio hay que agregarle el de Inteligencia de Imágenes, cuyo insumo son las que se pueden obtener mediante sensores ópticos terrestre, aéreos y satelitales; este medio está en auge por la utilización de vehículos aéreos no tripuladas (VANT).
La información obtenida es transmitida a los órganos encargados de su procesamiento; para almacenarla y manipularla se emplean aplicaciones informáticas que manipulan bases de datos –en especial los programas informáticos geográficos llamados GIS (por sus siglas en inglés)–; estas herramientas, que contribuyen al procesamiento y análisis de información, permiten y facilitan la producción de nuevos conocimientos. Estos son la inteligencia producida, una nueva información de alto valor que es insumo para el ciclo de toma de decisiones del órgano asesorado.
El objeto de la IM es asesorar al comandante en los distintos niveles de la conducción para facilitarle la toma de decisiones en un entorno complejo[2], proporcionando inteligencia producida sobre el enemigo, el ambiente geográfico y las condiciones meteorológicas. Con esto se busca reducir la incertidumbre en la toma de decisiones y así el comandante podrá optar por las acciones más eficaces para interferir en las operaciones del enemigo y cumplir la propia misión (dos caras de una misma moneda).
Vemos entonces que la actividad de la IM se encuentra enmarcada en una relación estratégica[3] de competencia, donde cada uno de los contendientes debe tomar decisiones en función de la acción y situación del otro. Ello nos lleva a que el objetivo último de inteligencia militar es el de proveer inteligencia para lograr una ventaja comparativa que lleve a la victoria decisiva sobre el enemigo. Esta actividad de inteligencia es parte de un ciclo que se complementa con el esfuerzo en el campo de batalla: una vez que el comandante toma su resolución, serán las Armas combatientes la que los ejecuten. La IM comprobará la eficacia de la acción y volverá a asesorar al comandante con nueva inteligencia. Este proceso cíclico fue formalizado por John Boyd como ciclo OODA –por observación, orientación, decisión, acción.
Volviendo a la IA, si bien esta puede utilizarse en todo el ciclo de inteligencia –y corresponde cada subsistema de la IM debe procurar realizar su tarea específica con el mayor nivel de eficiencia posible– nos interesa en que puede contribuir para al objetivo final de la IM; cómo puede la IA fortalecer el proceso de toma de decisiones. Más específicamente, como puede alimentar las dos primeras “O” del ciclo: observación y orientación, para que la “D” (la decisión), sea la más apropiada para la situación. La “A” ya queda fuera del ámbito de la IM y corresponde a operaciones (el S3 o G3).
Al nivel de la estrategia operacional, el enfrentamiento entre comandantes de fuerzas en oposición se puede considerar como una competencia entre ciclos OODA. Cada uno ejecuta un ciclo, donde la acción de uno es insumo para la observación del otro. En este modelo la victoria es para quien se adueña de la iniciativa, que es lo que permite ingresar en el ciclo OODA del enemigo.
Las fases en el ciclo OODA no tienen todas el mismo valor, de hecho, para Boyd la central es la orientación ya que es la que determina el resto de las instancias: es la que establece qué observar, qué cursos de acción se pueden tomar y cómo implementar la resolución del comandante.
Si la realización de esta fase fuera perfecta no se precisaría de un comandante, ya que podría establecer con precisión matemática la mejor acción para lograr el efecto deseado –presuponiendo también que la acción se realiza en un 100 % de eficiencia, que no existe fricción en la aplicación de los medios militares–. Pero en la guerra la fricción se presenta en todos los momentos y es el comandante el que debe suplir los vacíos de conocimiento tomando decisiones con su genio e intuición, para luego prestar su prestigio personal y capacidad de mando en la fase de ejecución.
La inteligencia militar participa en la fase de observación a través de la obtención de información y en la de orientación, mediante el procesamiento, análisis y producción de inteligencia. Es en esta misma fase donde se hace la confrontación de efectos para establecer los posibles cursos de acción y en la que se ponen en juego las experiencias, la historia, la formación y el genio militar de los miembros del estado mayor.
La orientación es la que marca el paso del ciclo OODA, a una mayor velocidad que se realice esta fase, hará que los tiempos de las otras fases se contraigan. En esta la IA tiene un gran potencial por la capacidad de obtener y relacionar informaciones significativas de bases de datos masivas, multidimensionales y de gran escala –inclusive se trata de información no estructurada, fragmentada o cualitativa–. Pero, insistimos en esto: no se trata de sistemas inteligentes, sino de algoritmos que automatizan procesos, la calidad de la respuesta dependerá de la inteligencia de quien hace la pregunta.
Por ello, para obtener buenas respuestas es preciso poseer bases de datos precisas y completas. Si no se posee un conocimiento profundo del enemigo, del ambiente geográfico y sus aspectos particulares, y de la influencia de las condiciones meteorológicas, difícilmente se podrá tomar decisiones eficientes para el cumplimiento de la propia misión y que al mismo tiempo afecten los planes del enemigo. La conformación de las bases de datos debe realizarse ininterrumpidamente en tiempo de paz.
El esquema Ciclo OODA y estrategia que se muestra en las sección color grafica lo que se viene tratando. Entre dos oponentes, la victoria estará del lado de quien logre ingresar en el proceso de toma de decisiones del otro y así manejar sus acciones.
Las herramientas de IA que se emplean en IM, así como las que se encuentran en desarrollo o en evaluación, procuran acelerar el propio ciclo OODA para lograr el efecto de control sobre el ciclo del enemigo. La de esta poderosa tecnología ha llevado a algunos autores a habar de super ciclos OODA (super OODA Loops).
Mirando hacia el futuro
Sería raro encontrar una fuerza armada en el mundo que sea indiferente a esta tecnología. El Manual de Informaciones (en manualdeinformaciones.com) ha informado sobre varios desarrollos: Sistema de visión 360 con inteligencia artificial para blindados 8×8 del Ejército Español (20.05.25); El Ejército de Brasil busca incorporar inteligencia artificial a información geográfica (12.04.25); El Pentágono contrata desarrollos en inteligencia artificial (16.06.25); Fuerzas de Defensa de Sudáfrica incursionan en inteligencia artificial (03.05.25). Esta pequeña muestra nos indica que esta tecnología se aplica a los usos más varios y en todas las regiones. Por el lado de Asia, especialmente en China, esta tecnología está en auge.
Como señalamos más arriba, una forma de comprender esta aceleración del ciclo es denominada como super ciclo OODA. Michael Raska (RASKA; 2024), consultor en programas de innovación militar, sostiene que la inteligencia artificial –junto a otras tecnologías asociadas– no solo hace afecta a las dos primeras “O” (lo que venimos diciendo hasta ahora), sino que también contraerá las otras dos fases, al punto de que, por un lado, deje de lado la decisión humana (lo que suprimiría la decisión) y, por otro lado, la acción sea máquina a máquina, con mecanismos de autoajuste (en este caso, la corrección de la acción no debería implicar un nuevo ciclo OODA). Las ideas del autor se pueden resumir en la tabla que figura en la próxima página.
La importancia del factor humano
Habría que reflexionar si en el último caso estamos hablando de un ciclo OODA, o directamente de un sistema cibernético[4] (un tipo de sistema autorregulado que opera mediante mecanismos de control y comunicación cíclica, basándose en retroalimentación para mantener o alcanzar objetivos predeterminados). Hace años que encontramos este tipo de sistemas en el campo de batalla, como las defensas antiaéreas automáticas.
El modelo del super OODA todos los medios son autónomos, cada uno con su respectivo módulo de IA. Llevado al extremo en el campo de batalla futuro no encontraríamos a un comandante operacional a cargo de una fuerza, sino a un ingeniero en IA que se limitaría a introducir prompts[5] generales en el sistema. La resolución operacional quedaría fuera del alcance y del control humano; así, la guerra del futuro se transformaría en un combate entre algoritmos.
El sentido y el significado que puede tener una guerra de este tipo excede el objetivo de este artículo. Habría que preguntarse en qué medida sería un conflicto bélico, ya que carecería de uno de los elementos que hacen a la guerra: el elemento pasional, la emoción violenta (los sistemas de IA pueden simular emociones, pero los algoritmos no tienen alma).
Pero mientras exista la guerra, que es una acción propiamente humana, el factor humano seguirá teniendo una preponderancia protagónica. Por un lado, es cierto que la IA acelera la velocidad en la observación y la orientación –la velocidad del ciclo de producción de inteligencia relacionado al proceso y análisis de la información–, pero la calidad de la información depende siempre del criterio del operador para realizar las preguntas correctas y analizar las respuestas (Gordillo, 2025).
Por el otro, debe destacarse el aspecto ético de la IA aplicada al ámbito militar. Son los humanos los que deben juzgar los límites y alcances de esta tecnología cuando se la aplica a los conflictos bélicos. Debe considerarse la responsabilidad política y jurídica de los efectos de estos sistemas. En caso de que se produzca un crimen de guerra ¿a quién se deberá juzgar? ¿Al comandante que tomó la decisión de la acción bélica, a quién introdujo el prompt en el sistema o al ingeniero o grupo de expertos que diseñó el sistema informático de IA? Este dilema ético está irresoluto y existe un vacío legal tanto en el derecho internacional público como en el derecho internacional de los conflictos armados.
La inteligencia solo es humana
La IA no es realmente una inteligencia, sino que se trata de programas informáticos muy sofisticados que pueden relacionar información de bases de datos masivas utilizando algoritmos[6]. Aplicado al ámbito militar, esta inteligencia produce información y productos de asesoramiento más eficaces para al comando y control de las operaciones. Es más eficaz porque relaciona en un instante toda la información obtenida en el pasado y en tiempo real sobre el terreno, el enemigo y las condiciones meteorológicas, y brinda respuestas inmediatas.
La IA también permite el empleo automatizado de sistemas de armas en el marco de los conflictos bélicos; estos sistemas operan con procesos con criterios preestablecidos, sin embargo, ello no invalida, sino que hace más acuciante la necesidad de supervisión, validación y responsabilidad profesional por parte de oficiales experimentados.
En el ámbito de la Inteligencia Militar, es notorio cómo el desarrollo de medios de obtención de información semiautónomos para el campo de combate, como ser VANT, sistemas robóticos terrestres o marítimos, así como el empleo de programas informáticos que faciliten y optimicen el almacenamiento, análisis, proceso, y la relación de información, permiten facilitar, acelerar y brindar productos de mayor calidad para el asesoramiento y el proceso de toma de decisiones materializado por el ciclo OODA (y la ventaja que ello otorga, como vimos más arriba).
El factor humano debe estar presente en todo el proceso de planificación y sobre todo, en la ejecución de las operaciones militares; no es posible actitudes como se dice de los misiles fire and forget, disparar y olvidar. Por ejemplo, no sería ni ético ni humano programar munición merodeadora para abatir blancos en forma automática y luego perderle el rastro (como suele suceder con las minas antipersonales). La decisión del efecto de un arma letal siempre debe estar en control de un oficial responsable. Si afirmamos que los elementos humanos deben estar a la altura intelectual y moral de esta tecnología, la inteligencia sigue siendo humana.
Por último, esto nos lleva al dilema ético de los efectos producidos por los sistemas militares (de decisiones y de armas) integrados por inteligencia artificial ¿Quién es el responsable político de los efectos? ¿es digno morir a manos de un arma automatizada gobernada completamente por un algoritmo? ¿Qué pasa si un soldado, al verse imposibilitado, busca rendirse?, ¿interpretará esta actitud la máquina, o será una inteligencia solo programada para matar? ¿Cómo hará para distinguir entre amigo o enemigo, será por el uniforme, por características raciales? Las preguntas son múltiples y muy profundas: ¿quién será responsable por posibles crímenes de guerra? Al respecto, hay un vacío legal en el derecho internacional, por ello muchos que escriben sobre este tema se ven impelidos a plantear estos dilemas.
Esta tecnología reclama reglas de juego claras y una inmediata producción de principios y convenciones que establezcan límites y condiciones de uso. Se deben garantizar los valores tradicionales (humanos) establecidos en los Convenios de Ginebra sobre la protección de personas en los conflictos armados, y las Convenciones de La Haya que establece límites a los métodos de la guerra.
Bibliografía
AQUINO, T. d. Suma Teológica. hjg.com.ar/sumat/index.html.
BOYD, J. (2018). A discurse of winning and losing. Alabama: Air University Press.
GORDILLO, S. (2025, 29.05). Entrevista a Ramón López de Mántaras: El pionero de la IA en España desvela la verdad detrás del marketing tecnológico y la (no) cercanía de la AGI. Algoritmo Transparente saulgordillo.substack.com/p/ramon-lopez-de-mantaras-si-buscas.
MINISTERIO DE DEFENSA (2020, 18.04). El Sistema de Información Geográfico del Ejército Argentino al servicio de la lucha contra el Covid -19. argentina.gob.ar/noticias/el-sistema-de-informacion-geografico-del-ejercito-argentino-al- servicio-de-la-lucha-contra.
PIÑEIRO, L. (2016, 04.11). El Ejército Argentino pone a prueba el SITEA, su nuevo sistema de Mando y Control. defensa.com/argentina/ejercito-argentino-pone-prueba-sitea-nuevo-sistema-mando-control
RASKA, M. (2024) Reshaping Air Power Doctrines: Creating AI-Enabled ‘Super-OODA Loops’. The Air Power Journal, cuarta edición.
REGADER, B. (2015, 02.06). Psicología y Mente. La Teoría del Aprendizaje de Jean Piaget. psicologiaymente.com/desarrollo/teoria-del-aprendizaje-piaget
Notas
- Uno de los grandes referentes de la teoría del desarrollo cognitivo, ha sido el constructivista Jean Piaget, tal como explica Bertrand Regarder (Regader, 2015). ↩
- También descripto como un entorno VUCA, siglas en inglés de volátil, incierto, complejo, ambiguo. ↩
- Que para Beaufré es la “dialéctica de las voluntades”. ↩
- De hecho, la cibernética (y la teoría moderna de la comunicación) nació como disciplina de las investigaciones de Weaver, que buscaba crear un sistema para mejorar la puntería de los cañones antiaéreos, usando datos de radar para predecir la trayectoria de los bombarderos, incluso si el piloto realizaba maniobras evasivas. Sus investigaciones las publicó en el texto: Cybernetics: Or Control and Communication in the Animal and the Machine de 1948. ↩
- Los algoritmos no surgieron de la propia o de un vacío, no hay que olvidar que para dar una respuesta la IA tuvo que ser entrenada con datos externos. ↩