Revista Manual de Informaciones 2025 - Vol. 67 Nº 3 / Hamartia o Reflexiones en torno al caso del 7 de octubre de 2023
Hamartia o Reflexiones en torno al caso del 7 de octubre de 2023

Fotografía de ilustración de portada: Nahal Oz: la valla de seguridad y el observatorio de las FDI. Crédito Yosi L Licencia CC. 3.0

Hamartia o Reflexiones en torno al caso del 7 de octubre de 2023

Como ya hemos señalado otras veces en el Manual de Informaciones, la historia de la inteligencia militar es una de las fuentes de aprendizaje para el personal de cuadros de las fuerzas armadas. Para ello, en este artículo tomamos como objeto de estudio la operación Inundación de Al-Aqsa ejecutada por Hamás el 7 de octubre de 2023. Este caso puede considerarse una aplicación práctica del artículo ¿Puede engañarse a un oponente hiperinformado? La respuesta se inclinaría por la afirmativa: en un contexto de hiperinformación, de inteligencia artificial y automatización, se podría incurrir en sesgos de interpretación que no siempre son los más apropiados para guiar correctamente a la decisión que se tiene entre manos. En la tragedia griega estos errores de juicio se denominaban hamartia.

Selección del caso

Tomamos como referencia a la operación Inundación de Al-Aqsa y a la hipótesis de trabajo que sostiene Barnea quien afirma que la organización Hamás tomó al estado de Israel “con la guardia baja”. Esta hipótesis merece su consideración ya que sus conclusiones podrían resultar un ejercicio intelectual a los interesados en asuntos estratégicos; sobre todo si consideramos que el estado de Israel desarrolló uno de los sistemas de inteligencia más eficientes del mundo por estar prácticamente en guerra permanente desde su creación.

La supervivencia del estado israelí descansa tanto en la superioridad de sus fuerzas armadas, como en un servicio de inteligencia con capacidad para conocer a sus oponentes, las capacidades e intenciones de estos y de anticipar sus acciones. De hecho, cuando este sistema falla, son las primeras las que deben empeñarse, para restaurar la situación.

Estudiaremos el caso desde el punto de vista de los desafíos en la apreciación de inteligencia con los que se encontraron los contendientes; por el lado de Israel, conocía las capacidades y los planes de acción, pero no habría apreciado en toda su magnitud la intención de Hamás. Por el lado de Hamás, abonamos la hipótesis de que las necesidades de contrainteligencia terminaron en una ejecución deficiente de la operación; la falta de información de los ejecutantes llevó a realizar acciones no previstas en el plan original. Nuestro presupuesto –que no es parte del análisis de este artículo– es que la situación resultante posterior al 7 de octubre resultó desventajosa para ambos.

En lo que resta de este apartado, describiremos el sistema de inteligencia israelí y luego algunos antecedentes de operaciones de inteligencia. Esto le dará al lector información de contexto necesaria para las siguientes secciones, el desarrollo de la operación y las conclusiones.

El sistema de inteligencia israelí

El máximo decisor del sistema de inteligencia israelí es el primer ministro, quien ejerce la conducción político-estratégica. La estructura se compone de tres organismos principales: el Mossad, encargado de la inteligencia exterior; el Shin Bet, responsable de la seguridad interior y la contrainteligencia; ambos dependientes directamente del primer ministro a través de la Oficina del Primer Ministro; y el Amán (Dirección de Inteligencia Militar), bajo la órbita del Estado Mayor General de las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI). 

Israel carece de una coordinación única y centralizada al estilo norteamericano, que posee un director nacional de inteligencia con rango ministerial y de relación directa con el presidente; el sistema tiene un formato colegiado y descentralizado. Los organismos gozan de amplia autonomía funcional y sus actividades se coordinan en el Comité de Jefes de Inteligencia, una instancia de enlace y concertación estratégica, pero sin estructura orgánica propia ni funciones operativas. 

El Instituto de Inteligencia y Operaciones Especiales, denominado Mossad, –que quiere decir “Instituto”– es responsable de la inteligencia exterior y la ejecución de operaciones fuera de Israel. Sus tareas abarcan desde la obtención de información, la infiltración, el sabotaje de programas militares y tecnológicos de actores hostiles, así como la neutralización de amenazas contra intereses israelíes y comunidades judías en el exterior; sus objetivos pueden ser actores estatales o no estatales en cualquier lugar del mundo.

El Servicio General de Seguridad –denominado coloquialmente Shin Bet por sus iniciales en hebreo, también ISA en la literatura por iniciales en inglés–, es responsable de la seguridad interior y de la contrainteligencia. Entre sus tareas se cuentan: prevenir el espionaje, el terrorismo, el sabotaje y la subversión (incluye los territorios palestinos), la protección de personalidades y la seguridad de infraestructuras críticas. A diferencia del Mossad, el Shin Bet se encuentra regulado por la Ley del ISA de 2002 y está sujeto a mecanismos de supervisión parlamentaria a través de la Comisión de Asuntos Exteriores y Defensa de la Knéset, así como a control judicial por parte del Tribunal Supremo.

La Dirección de Inteligencia Militar (DIM) –también denominada Amán, por siglas sus en hebreo de Dirección de Inteligencia; el militar es un agregado en la traducción– depende del Estado Mayor General de las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI). Es la agencia de mayor peso institucional en el sistema y quien concentra la mayoría de los recursos humanos, tecnológicos y presupuestarios. Es responsable tanto de la inteligencia estratégica, ya que realiza la evaluación nacional de inteligencia sobre la que se influye decisivamente las políticas de seguridad y defensa de nivel ministerial y se formulan los planes operativos de las fuerzas armadas, como de la operacional táctica en apoyo a las operaciones militares. Debe brindar la alerta temprana, fijar objetivos de sabotaje y estudio de blancos, evaluar riesgos, etc.

Dentro de su organización se destacan varias unidades especializadas. La Unidad 8200 está dedicada a la inteligencia de señales (SIGINT) y constituye el núcleo de la ciberinteligencia militar ofensiva de Israel, encargada de interceptar comunicaciones, realizar criptoanálisis y ejecutar operaciones en el ciberespacio. La Unidad 9900 se ocupa de la inteligencia visual y geoespacial (IMINT/GEINT) procesando imágenes satelitales, aéreas y cartográficas para apoyar operaciones en el terreno. La Unidad 504, por su parte, se centra en la obtención de inteligencia humana (HUMINT), mediante la captación y manejo de agentes y fuentes en áreas hostiles.

El antecedente de las operaciones de Inteligencia

Como señalamos más arriba, la inteligencia israelí lleva décadas operando en un entorno hostil y enfrentando situaciones críticas para la supervivencia de la nación. Si bien es cierto que todos los servicios de inteligencia trabajan tanto en tiempos de paz como de guerra, el sistema israelí lo hace en un entorno hostil que lo coloca bajo una presión permanente. A continuación, presentaremos un breve repaso de los casos más resonantes: 

En 1954 encontramos el caso Lavon, una operación encubierta fallida en Egipto en la que agentes israelíes intentaron colocar explosivos en instituciones occidentales para responsabilizar al nacionalismo egipcio. La operación fue descubierta, los agentes detenidos y el hecho derivó en un escándalo político que debilitó la posición internacional de Israel y afectó la credibilidad de su naciente sistema de inteligencia.

En junio de 1967, durante la Guerra de los Seis Días, la inteligencia israelí logró un éxito decisivo al identificar con precisión los aeródromos y despliegues árabes, lo que permitió a la Fuerza Aérea ejecutar ataques preventivos que destruyeron la aviación enemiga en las primeras horas del conflicto. Fue un acierto de inteligencia anticipatoria, basado en una combinación de SIGINT, IMINT y HUMINT.

En octubre de 1973, en la Guerra del Yom Kippur, se produjo uno de los fallos más graves de la inteligencia israelí. Pese a múltiples advertencias sobre una inminente ofensiva árabe –agentes desplegados arriesgaron su vida para informar el día exacto del ataque– se mantuvo la convicción (fruto de un concepto estratégico-operacional que no se correspondía con la realidad) de que Egipto y Siria no atacarían sin superioridad aérea y blindada. El ataque combinado tomó por sorpresa a Israel y cargó las culpas (tal vez merecidamente) en su sistema de inteligencia. 

En junio de 1981, la operación contra el reactor nuclear iraquí Osirak, denominada Operación Ópera, representó un éxito estratégico. La inteligencia del Mossad y del Amán permitieron identificar la amenaza que representaba el desarrollo nuclear de Irak y coordinar un ataque aéreo preventivo que destruyó la instalación antes de que se volviera operativa.

En 1982, durante la invasión israelí al Líbano, la inteligencia no anticipó la emergencia de Hezbolá como actor central respaldado por Irán. El objetivo inicial era eliminar a la OLP, pero la operación facilitó la aparición de un adversario más persistente y con mayor capacidad militar. Fue un error de apreciación estratégica de largo plazo.

En 1995 se produjo el asesinato del primer ministro Yitzhak Rabin a manos de un extremista judío. El Shin Bet, encargado de la protección de autoridades, falló en prever la amenaza del radicalismo interno, lo que derivó en la mayor crisis de seguridad política en la historia de Israel.

Durante la Segunda Intifada (llamada de Al-Aqsa) de septiembre de 2000 la inteligencia israelí no anticipó el estallido de violencia palestina, producto del colapso del proceso de Oslo. En la fase posterior, el Shin Bet y el Amán lograron una amplia infiltración en los territorios, lo que permitió prevenir atentados suicidas y desmantelar células armadas, constituyendo un acierto táctico en materia de HUMINT. Sin embargo, el debilitamiento de las estructuras de seguridad de Fatah y de la Autoridad Palestina, combinado con el ascenso de Hamás, alteró el equilibrio político interno, favoreciendo a una organización más radical y menos susceptible de control o cooperación.

Operación Inundación de Al-Aqsa

Contexto estratégico

Esta operación se enmarca en el del Medio Oriente; un escenario en el que quedan aún perdura los efectos del colonialismo británico. Si bien muchos estados lograron consolidarse como así normalizarse sus relaciones internacionales, queda aún la Cuestión Palestina por resolver. Vinculada a esta situación se presenta la actitud revisionista del régimen de Irán respecto de la existencia del estado de Israel.

Hasta el año 1973 Israel sostiene enfrentamientos bélicos convencionales e interestatales; tras la guerra de Yom Kippur la ofensiva bélica árabe se abre a la diplomacia. Egipto, uno de sus grandes antagonistas, firmó el 26 de marzo de 1979 el primer tratado de paz con el estado israelí. En paralelo, los palestinos fueron ganando autonomía respecto a los estados árabes durante la década del 70; la OLP se consolidó, órgano político que nucleaba a varias organizaciones menores, entre ellas al Movimiento de Liberación Nacional Palestino –Fatah– una fuerza laica y nacionalista, se consolidó en el Líbano.

El año 1979 se transformará el conflicto en Medio Oriente. Pocos días antes de firmar la paz con Egipto, caía en Irán el régimen del sah Pahlavi –principal socio estratégico de Israel en la región– en manos de los ayatolas, abriendo un frente inesperado a Israel. Ello produjo que la ventaja táctica de desarticular a la OLP –mediante las campañas en el Líbano logró expulsarlo en 1982– deviniera en un problema estratégico. Mientras la OLP era una organización extranjera compuesta por refugiados en el estado libanés, el vacío que dejó su salida del Líbano (que se encontraba en una guerra civil) facilitó la emergencia de organizaciones irregulares locales, especialmente de Hezbolá de orientación chiita, que se consolidó gracias al apoyo iraní.

En el frente sur, la Franja de Gaza estaba reservada en el plan de la ONU a ser territorio de un proyectado estado Palestino. Resultado de la guerra del ‘49 queda en manos de Egipto, que la administra militarmente sin integrarla, ni permitirle autonomía política. En la Guerra de los Seis Días (1967) Israel ocupa, entre otros territorios, la Franja para ponerla bajo control militar y permite asentamientos israelíes. Esta situación se mantuvo hasta 2005, cuando Israel se retiró unilateralmente –Plan Desconexión–, tras años de enfrentamientos y sublevaciones palestinas –las denominadas intifadas–, quedando la administración civil en manos de la Autoridad Nacional Palestina.

Como había pasado en el Líbano, el cambio de época trajo aparejado un cambio en los actores, en 1987 durante el estallido la Primera Intifada surge Hamás como rama islamista de la islamista Hermandad Musulmana. Su creación respondió al vacío político y social generado por la ocupación israelí y a la percepción de ineficacia de la OLP en la conducción de la resistencia palestina. En sus primeros años combinó actividades sociales —asistencia médica, educación y beneficencia religiosa— con la formación de una estructura militar, las Brigadas Izz ad-Din al-Qassam. Tras los Acuerdos de Oslo (1993–1994), Hamás rechazó el reconocimiento de Israel y se consolidó como opositor islamista a la Autoridad Nacional Palestina. En 2006 obtuvo la victoria electoral en el Consejo Legislativo Palestino y, tras un enfrentamiento armado con Fatah en 2007, asumió el control total de la Franja de Gaza.

Mientras que Hezbolá y Hamás se presentan con elementos de la resistencia islámica contra “la entidad sionista” (Jomeini dixit), en concordancia con la política iraní, otros países árabes como Emiratos Árabes Unidos, Bahréin, Sudán y Marruecos (y otros mostraban interés, como Arabia Saudita, Omán, Mauritania) daban pasos a la normalización de las relaciones diplomáticas con Israel en el marco de los Acuerdos de Abraham en el 2020. Lo relevante para nuestro caso es que la normalización se lleva adelante dejando lado un punto clave: no requería resolver previamente la cuestión palestina – apartándose de la Iniciativa Árabe de Paz de 2002, que subordinaba toda relación con Israel a la creación de un Estado palestino soberano–. Esta última condición es recurso diplomático de primer orden para los palestinos en las negociaciones por la conformación de un estado independiente.

Por último, y ya en el marco interno israelí, hasta octubre de 2023, la situación psicosocial de la sociedad era de profunda división política. Desde principios del 2023, Israel estaba profundamente movilizada internamente por la reforma judicial propuesta por el gobierno; casi todas las semanas varios sectores de la sociedad, inclusive reservistas de la FDI, expresaban su rechazo a la propuesta.

Este es el contexto estratégico en el que se desarrolló la operación Inundación de Al-Aqsa. En lo que sigue de esa sección presentaremos el objetivo político y militar perseguido por Hamás, su la planificación y ejecución, así como las conclusiones FDI sobre las causas que dificultaron su previsión y una respuesta inmediata.

Objetivo Inundación de Al-Aqsa

En este artículo trabajaremos con la idea del objetivo más plausible, esto es, aquél que se presenta con el mayor grado de racionalidad dentro del contexto estratégico recién descripto. Hamás es un actor no estatal que domina la Franja de Gaza, la continuidad temporal del statu quo socavaba la Iniciativa Árabe de Paz, por lo que entendió que debía tomar la iniciativa mediante una acción ofensiva –Hamás busca, en lo externo, el reconocimiento del estado palestino, y en lo interno, establecer un régimen islámico–. Por ello, estimamos que el objetivo estratégico de Hamás era interrumpir el proceso de normalización diplomático de Israel con otros países árabes. Esta hipótesis se sostiene cronológicamente ya que los Acuerdos de Abraham datan del 2020 y Hamás inicia la planificación de la operación en 2021.

El concepto estratégico general habría sido forzar una instancia de negociación con Israel en el plano político mediante una acción de fuerza, y en el plano operacional hacerse del mayor número de rehenes militares israelíes. En esta lógica, la acción sería un golpe al prestigio israelí y al gobierno (debilitado), el cual se vería obligado a negociar con Hamás reconociéndolo como la única organización con fuerza para llevar adelante el proyecto del estado palestino. En el aspecto operacional, el factor de éxito fue la sorpresa táctica lograda mediante una minuciosa actividad de inteligencia que permitió identificar las vulnerabilidades de las defensas israelíes. Ello le permitió a Hamás libertad de movimiento para el avance y el repliegue.

No hubo comunicado inmediato posterior a Inundación de Al-Aqsa; en este sentido, pareciera que el mismo buró político de la organización, la acción de los combatientes en el terreno los tomó por sorpresa. Hamás fue brindando justificaciones de la operación en declaraciones posteriores, lo que sería un indicio de que buscó amoldar el relato a los hechos. Recién el 21 de enero de 2024 emitió un comunicado en el portal de Hamás por la Oficina de Información titulado Our Narrative (Nuestra Narrativa).

Vamos a tomar tres puntos de esta declaración: el primero, es el objetivo estratégico general (para la ruptura del statu quo), escrito en términos de como entiende Hamás a la situación, dice la última oración: “Llamamos a mantener la presión popular en todo el mundo hasta poner fin a la ocupación; llamamos a oponerse a los intentos de normalización con la entidad israelí y a un boicot general a la ocupación israelí y a quienes la respaldan”.

El segundo, el objetivo operacional: “La Operación Inundación de Al-Aqsa, […], tuvo como objetivo las instalaciones militares israelíes y buscaba arrestar a los soldados enemigos para presionar a las autoridades israelíes a liberar a los miles de palestinos recluidos en cárceles israelíes mediante un acuerdo de intercambio de prisioneros. Por lo tanto, la operación se centró en destruir la División Gaza del ejército israelí, las instalaciones militares israelíes estacionadas cerca de los asentamientos israelíes alrededor de Gaza”.

Por último, sobre la muerte de civiles (lo que indicaría la racionalidad estatrégica sectorial, en el empleo de medios contra medios), dice que “evitar el daño a civiles, especialmente a niños, mujeres y personas mayores es un compromiso religioso moral de todos los luchadores de las brigadas Al-Qassam”. Para Hamás, el daño a los civiles, si ocurrió, fue colateral a las acciones militares (no intencional); y reconoce: “Quizás se produjeron algunos fallos durante la ejecución de la Operación Inundación de Al-Aqsa debido al rápido colapso del sistema militar y de seguridad israelí y al caos provocado en las zonas fronterizas con Gaza” (cita textual del comunicado mencionado).

Las intenciones de Hamás serían respaldadas por información obtenida por las FDI al avanzar sobre los búnkeres de la organización en Gaza. El líder de Hamás, Yahya Sinwar, habría dicho: “No hay duda de que el acuerdo de normalización entre Arabia Saudí y los sionistas está avanzando significativamente”; para concluir que un acuerdo “abriría la puerta a que la mayoría de los países árabes e islámicos siguieran el mismo camino”.

Como señalamos en el contexto estratégico, la normalización de las relaciones significaría la pérdida de uno de los principales instrumentos de fuerza de los palestinos; sin él, su objetivo se tornaría testimonial en el mundo árabe. Entonces, interrumpir este proceso era un objetivo del más alto valor.

Para cerrar esta sección, consideramos que, en el contexto estratégico presentado, la operación, como fuera planificada, se presenta como un medio racional para lograr sus fines. Sin embargo, la acción de Hamás superó el umbral de lo que es moralmente tolerable; la matanza indiscriminada de civiles (acompañadas de torturas y vejaciones) produjo un efecto no intencional: lo que podría haber sido el golpe de gracia del gobierno termino cohesionando a Israel en una causa nacional y dio lugar a una serie de campañas militares como Espadas de Hierro y Escudo del Norte para destruir o disminuir a las milicias revisionistas (incluyendo Hezbolá).

Esta diferencia entre el efecto planificado y el resultante se debe, estimamos nosotros, a trágicos errores cometidos en el campo de la inteligencia en ambos oponentes. Estos errores son dialécticos, el error de Israel de no prever el ataque y dejar una defensa disminuida, potenciaría el error del mando de Hamás, de no haber previsto y ejercicio un comando efectivo sobre de los milicianos durante todo el desarrollo de la operación.

Planificación

Como señalamos más arriba, Hamás planificó la operación durante dos años. El cuándo se mantuvo en el mayor de los secretos, mientras que el cómo y el dónde eran un “secreto a voces”. Antes del 7 de octubre, la organización había publicado material fílmico promocional con el adiestramiento operacional de sus integrantes donde se simularon cada una de las fases: ruptura del cerco, toma de rehenes y repliegue. Las imágenes de las tácticas y procedimientos de empleo de los ejercicios Strong Pillar, Firm Promise y Shield of Jerusalem coinciden en forma exacta con la ejecución real. Por otro lado, la única dirección de ataque posible era desde la frontera en dirección noroeste – suroeste (excepto en el sector norte, con una dirección suroeste – noreste).

Un amplio conocimiento de las defensas israelíes le permitió a Hamás realizar adiestramientos en entornos simulados con un alto nivel de similitud con los escenarios reales. Esta información la habría obtenido a través de múltiples fuentes y métodos, mediante una red de inteligencia humana, se estima que se valió de los datos provistos por algunos de los 20 000 trabajadores palestinos que cruzaban a diario la frontera. Estos podían observar y reportar rutinas de patrullaje, ubicación de puestos de control y características de los sistemas de seguridad.

A esto se sumó un meticuloso mapeo visual de torres de vigilancia, cámaras y sensores electrónicos, identificando los sectores menos vigilados o con menor cobertura seguridad en determinados horarios. Asimismo, recurrió al análisis de información pública disponible en redes sociales, publicaciones oficiales y mapas de carreteras, lo que permitió localizar accesos, carreteras secundarias y estructuras críticas en la zona fronteriza.

Mientras que las milicias se preparaban para la operación a escasos kilómetros de la frontera, los líderes de Hamás habían dado a entender que estaban orientados al bienestar de la población y que habían aceptado intercambia “paz por incentivos económicos”. Además de los trabajadores palestinos que cruzaban a Israel, este país había permitido un cuantioso flujo de fondos de terceros países hacia el gobierno de facto de Gaza para salarios de públicos y asistencia (Catar donaba unos USD350 millones por año). Por su parte, Hamás había disminuido los ataques con cohetes y otras actividades.

Para hacer ambas cosas, alistarse para la operación y aparentar una actitud no confrontativa y pragmática, Hamás compartimentó la información. Ello permitió una planificación y preparación minuciosa, mientras que el comando se reservó el cuándo –y el por qué– hasta último momento, al punto de que las órdenes y avisos se dieron el día anterior o el mismo día de la ejecución de Inundación de Al-Aqsa.

Ejecución

A las 06:30 del 7 de octubre, durante un feriado judío coincidente con el final de la festividad de Sucot, el comando de Hamás dio la señal de partida. Los primeros movimientos de la fase de ruptura, la aproximación a la valla, fueron interpretado por los vigías israelíes como movimientos rutinarios. Los blancos iniciales fueron las torres de observación y los sistemas de cámaras de la frontera. Se utilizaron VANT comerciales adaptados para lanzar explosivos sobre generadores eléctricos y puestos de control, que provocaron apagones y dejaron fuera de servicio los sensores ópticos. Al mismo tiempo, atacantes en tierra dispararon contra cámaras expuestas, degradando la vigilancia en tiempo real que monitoreaban los operadores israelíes.

El muro que rodea Gaza fue atacado en veintinueve puntos con explosivos y excavadoras que lograron abrir brechas por los que fluyeron convoyes formados de motocicletas y vehículos ligeros. También se realizó una infiltración aérea mediante parapentes motorizados, lo que resultó en una “sorpresa táctica” para las FDI. Inclusive intentó infiltraciones desde el Mediterráneo.

Los sistemas de inteligencia de señales de Israel fueron burlados con el sigilo de las comunicaciones y las órdenes a viva voz. Las ordenes llegaban desde la retaguardia a través de la red de túneles, que contaban con instalaciones subterráneas centros de mando, depósitos de armas y energía independiente. Así se disminuía el daño de la artillería y de los ataques aéreos.

Ello también habría impedido el ejercicio de un comando efectivo. Las líneas de penetración se extendieron más allá de lo esperado, sobre todo porque se preveía una mayor resistencia israelí (Hamás habría previsto que el contraataque de las FDI hiciera de línea de cota del avance). Los atacantes tenían órdenes generales, como “penetrar en territorio enemigo”; al verse con las manos libres actuaron según su criterio, y una de las principales bases doctrinarias de estos combatientes es el rechazo al sionismo, sin distinguir entre militares y civiles.

Los milicianos no son soldados, además de su capacidad para el combate, se espera de ellos un fuerte vínculo emocional e ideológico, al punto que no hay acto o acción que pueda resultar contraria al objetivo buscado –el Derecho Internacional Humanitario les resulta un estorbo para su forma de pensar la guerra–. Entre esta identificación ideológico que se demanda, los sentimientos hostiles contra el “sionismo” de los más importantes, si es que no son el principal.

La operación resultó en el asesinato de unas 1.200 personas y unas 253 resultaron tomadas como rehenes. Entre los muertos se cuentan unos 800 civiles (incluidos niños), 370 militares y de fuerzas de seguridad; 30 de ellos fueron extranjeros de las más diversas nacionalidades. De los rehenes, solo 32 eran uniformados y más de 40 eran extranjeros. Abrieron fuego en un festival de música  unos 360 jóvenes que fueron tomados por sorpresa; mientras que en los kibutz masacraron o tomaron rehenes a familias enteras.

La previsión de la inteligencia israelí

La comunidad de inteligencia israelí no logró brindar una alerta que permitiera contrarrestar por parte de los elementos de comando la amenaza –que se terminó materializando en el ataque del 7 de octubre–. A continuación, presentaremos una descripción de lo que sucedía en el área de inteligencia israelí mientras que Hamás preparaba la operación tomando dos fuentes de referencia, un artículo publicado por el Dr. Avner Barnea e información que presentó la FDI a la prensa sobre las causas de esta imprevisión.

Más arriba señalamos que el cuándo de la operación fue la pieza de información de la operación que se mantuvo en el mayor de los secretos. Sin embargo, para Barnea, hubo un hecho anterior a esta pregunta, que hizo que el cuándo nunca sea planteado: él llega a la conclusión de que para la comunidad de inteligencia Hamás (1) no tenía la intención de atacar Israel, y (2) no estaba en capacidad de hacerlo, con lo que no tenía sentido preguntarse el cuándo de algo que nunca sucedería. 

Sin embargo, señala el autor que Israel habría carecido de oídos (inteligencia humana) en Gaza: “Parece que la ISA, responsable de la cobertura de inteligencia humana (HUMINT) en Gaza, no contaba con fuentes humanas en el círculo cercano de los líderes militares de Hamás, ni siquiera en los círculos inferiores…, que pudieran haber alertado a Israel sobre el inminente ataque”. A esto se sumaba que los medios de inteligencia israelíes, centrados y orientados por la SIGINT no encajaban con el entorno operacional a relevar, centrado en tecnología física (cables y papeles).

El segundo punto, no es que la comunidad de inteligencia no tuviera ojos sobre Gaza ni conociera las capacidades de Hamás, el tema es que consideraban que relativamente esas capacidades nada podían hacer contra el sistema de defensa israelí, sobre todo, porque la superioridad tecnológica era vista como una fortaleza, cuando a la postre resultó una de las mayores debilidades. Ni el muro fue infranqueable (la creencia que lo era había llevado a disminuir el número de soldados en la frontera), ni los sensores captaron lo que estaba sucediendo.

Según el autor, la brecha entre la realidad que representaba Hamás y la estimación que realizaba del alto mando israelí respecto a esta era suplida por un pensamiento ilusorio. Es este pensamiento el que hizo posible el “engaño estratégico” de Hamás, que había brindado elementos para hacer creer que su visión radical se había apaciguado y que estaba concentrado en su gobierno sobre la Franja.

Pese a esta maniobra de distracción, nos relata el autor que a nivel táctico el análisis de la situación era más realista: la unidad 8200 que alertó de un posible ataque; llegó a esa conclusión integrando información relevada (SIGNIT), pero al carecer de otras fuentes (HUMIT) como se señaló más arriba, no estaba en capacidad de determinar el cuándo (o si el ataque efectivamente se iba a realizar). Si bien se inició una cadena de correos electrónicos alertando la situación, no se llegó a emitir una alerta formal (hazraá), sino que se trató de un informe sobre un riesgo elevado.

Por otro lado, en febrero de este año la FDI dio a conocer un informe a medios de comunicación con unas consideraciones sobre la serie de errores que llevaron a una respuesta deficiente ante el ataque de Hamás. Una de estas fue la “falla en la transmisión jerárquica”: las unidades tácticas de inteligencia habían detectado los movimientos de Hamás, hasta el plan de operaciones, pero estas apreciaciones no habrían superado los niveles intermedios de dirección.

El informe también señala que hubo un desequilibrio en las responsabilidades entre las unidades destinadas a obtener información y producir inteligencia sobre la zona de interés; se confió en los medios técnicos en detrimento de los humanos. No solo se refiere a los sensores en la frontera en detrimento de guardias, sino que la unidad de fuentes abiertas protagonizada por humanos se había ido suplantando por análisis automatizados de sistemas de ciberdefensa. Por el lado de la escucha, se había considerado a las conversaciones por radio portátiles entre miembros de Hamás carecían de valor operacional.

Pero, sobre todo, dice: “la Dirección de Inteligencia Militar creía entender plenamente al enemigo y subestimó su voluntad de actuar ofensivamente”. Se había impuesto el preconcepto, reafirmado por Hamás, de que el liderazgo de la organización se había vuelto pragmático, y que habría bajado el valor de sus propias aspiraciones (instalar un estado islámico en Palestina), por una serie de incentivos económicos (estos incentivos son los que a la postre permitieron conllevar el esfuerzo de guerra).

Las lecciones que deja el caso

El caso seleccionado nos deja varias lecciones útiles para la Especialidad de Inteligencia; una de ellas hacer referencia a la actitud procedimental del sistema y sus integrantes: cada día es un nuevo día. Toda apreciación de la situación debe comenzar con un olvido selectivo y centrarse en los datos que se obtienen de los medios de obtención. Las hipótesis de trabajo no son más que una guía para el analista. Hay dos elementos que lo pueden volver inútil un sistema: el éxito y los preconceptos. 

Los propios casos de éxito se pueden transformar en la peor debilidad de un sistema de inteligencia, porque osifican los procedimientos, las hipótesis y las posiciones de poder, además de magnificar las propias capacidades. El éxito puede llevar a desconocer que la realidad es dinámica, a descansar en lo realizado y sentirse muy satisfecho con uno mismo.

Relacionado con lo anterior es el caso de los preconceptos, esas definiciones apriorísticas sobre la situación que llevan a forzar la realidad. Esto suele suceder cuando las narraciones prevalecen sobre los hechos que acontecen; entonces, se fuerzan las interpretaciones. En este caso, la narración de que Hamás había dado un giro pragmático y que carecía de capacidades militares para superar a Israel se transformó en un preconcepto que no permitió interpretar correctamente los datos.

El analista no debe hacer perder de vista que los hechos que observa son la manifestación de una voluntad y que enmarcan en una relación estratégica. Se trata de una voluntad que está en pugna y que se opone a los valores, fines y objetivos del propio estado u organización. La relación entre las voluntades es dialéctica, están en una relación de permanente acción-reacción y guiadas por la inteligencia.

Esto es lo que perdió de vista el órgano decisor israelí; olvidó que enfrente no tenía una cosa inerte, sino una voluntad con la determinación de alcanzar un objetivo. El objetivo de Hamás requería alterar un statu quo. Para ello precisaba ser creativo, hacer algo diferente, explotar las vulnerabilidades del enemigo, hacer una maniobra ofensiva avanzando por la línea de menor expectativa. Esta línea no resultó ser material, sino cognitiva: las FDI no estaban preparadas para el ataque porque sencillamente creía que no podía suceder.

En una organización (sea de nivel nacional, operacional o táctico) el subsistema de inteligencia cumple una función cognitiva, su tarea principal es producir conocimiento para la toma de decisiones. Para ello trabaja con tres elementos: hechos, hipótesis y conceptos. Estos últimos son los instrumentos del conocimiento, los que permiten organizar los hechos, darles un sentido e interpretarlos. Los hechos los recolectan los órganos de ejecución con procedimientos estandarizados; pese a las limitaciones mencionadas más arriba, a nivel táctico se detectó la intención de realizar un ataque contra Israel y las características de este. Pero es a nivel dirección como se definen los conceptos con los que se interpretan los hechos, y los conceptos suelen estar sujetos a necesidades y negociaciones políticas.

Definir estos conceptos no es sencillo, ya que tiene implicancias en el escenario estratégico. La consecuencia varía si a Hamás se lo define como grupo terrorista, organización terrorista, ejército terrorista o un actor estratégico. Esto último implicaría darle a la organización palestina un estatus que lo situaría en pie de igualdad (y podría tener consecuencias a nivel diplomático). Esta necesidad de reducir el valor de Hamás permeó el sistema de inteligencia israelí, transformó una necesidad política en un concepto operacional. Por ello, una de las grandes lecciones de este caso es que el sistema debe preservar cierto grado de autonomía crítica para que sean los hechos los que modifiquen los conceptos, y no sean estos los que terminen descartando aquella información que los contradicen.

Por ello dijimos que el sistema de inteligencia israelí no encajaba con la realidad de Hamás. Esta organización pasó a ser vista por los órganos de dirección como un administrador municipal y no como actor político con voluntad y con un interés de instaurar un estado bajo el gobierno del jurista.  Es un error definir a un actor por los medios que emplea, sea el terrorismo o mediante acciones militares; sin duda que esta definición tiene relevancia jurídica, pero esto no es asunto de la inteligencia. Uno de los beneficios del secreto del ámbito de la inteligencia es que sus definiciones no tienen consecuencias jurídicas o políticas.

No considerar a Hamás como un actor político llevó a las FDI a limitarse a realizar una comparación de capacidades: desde el punto de vista operacional la amenaza de una ofensiva de Hamás para lograr una ganancia territorial era irracional, la diferencia de medios era lo suficientemente significativa para disuadir toda acción militar. Visto Hamás como un ejército terrorista las FDI no tenían nada que temer y podían descansar en las barreras físicas y electrónicas.

Aquí no nos interesa analizar este escenario estratégico, sino señalar una responsabilidad que le cabe al director de todo sistema de inteligencia: orientar al sistema por los hechos y no por los preconceptos o las necesidades políticas del decisor. A este le debe total subordinación y lealtad, pero su conciencia debe estar puesta en la seguridad del estado y de sus ciudadanos. El momento en que consciente o inconscientemente modifica la apreciación de inteligencia para amoldarla a lo que el decisor desea escuchar, el responsable del sistema deja de cumplir su misión y pone en riesgo la supervivencia del estado. 

En este caso, se comprobó que a nivel operativo se produjeron piezas de inteligencia que señalaban una amenaza concreta, actual e inminente; sin embargo, estas fueron descartadas a nivel de los mandos medios, constituyendo un caso de autocensura. Ser trasmisor de malas noticias tiene su costo, y alertar sobre un ataque que no se concreta puede perjudicar la credibilidad de un sistema o de una unidad de inteligencia.

Por otro lado, una sucesión de fintas y amagos, acompañados con discursos ambiguos entre la escalada y la distención, pueden terminar adormeciendo a un sistema de inteligencia. El veneno de para la Inteligencia es la “rutina”, creer que el hoy es igual al ayer; el mejor antídoto contra esto es recordar que los hechos humanos son únicos e irrepetibles peso. A nivel institucional, a un sistema de inteligencia se lo puede orientar en su zona de interés y en las amenazas que debe identificar, pero debe conservar la autonomía en su disciplina, sus procedimientos de empleo y las operaciones cognoscitivas.

Hamás fracasa en su maniobra; la sorpresa táctica es tan exitosa que termina distorsionando el objetivo. Aquí sostenemos la hipótesis de una ejecución deficiente: para preservar el secreto Hamás lanza el ataque sin brindar una orientación clara sobre el objetivo perseguido, una vez cruzado el muro, pierde el comando sobre sus subordinados; ante la falta de órdenes, estos recurren a su premisa inicial, que es el rechazo (odio) a todo lo que significa Israel y sus ciudadanos. Por ello, proceden a la matanza indiscriminada de civiles, a los que presumen todos israelíes.

Es responsabilidad de la inteligencia hacer un análisis del escenario y proyectar el efecto de los posibles cursos de acción. La previsión de Hamás no era irracional, como vimos, de sujetarse estrictamente al objetivo hubiera tenido muchas más probabilidades de lograr el efecto deseado. Para ello, debiera haber realizado la operación en base a tres condiciones: capacidad de superar los obstáculos, garantizar que se satisfaga su necesidad de saber, y disponer de mecanismos efectivos de comando y control durante toda la operación. En este sentido, la primera condición, del ámbito de las operaciones, se hubo satisfecho. Las otras dos, no. 

Hubo una contradicción entre la necesidad de brindar una orientación sobre la operación y el imperativo de la contrainteligencia. La ejecución suele descansar en los mandos intermedios, si las comunicaciones no permiten mantener una comunicación abierta y permanente con estos, por lo menos deben contar con un conocimiento claro de que se espera de ellos. 

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Al cerrar estas líneas, los altos mandos de Hamás que planificaron la operación están muertos, pero Hamás continua siendo el actor que maneja la Franja de Gaza. a instancias de los EUA, Israel negoció una paz inestable. Una vez que se retiró el ejército israelí, Hamás procedió a ejecutar gazatíes para demostrar que continúa dominando la Franja. Israel acordó la liberación de cientos de prisioneros palestinos, a la vez que recuperó los últimos rehenes con vida