El encuentro se hizo en forma híbrida, física y virtual; estuvieron en cuerpo presente el canciller alemán, Friedrich Merz, y la premier italiana, Giorgia Meloni. Dieron su apoyo virtualmente, de los países de América, Canadá, Brasil, Perú y Argentina (con una participación técnica enfocada en los costos logísticos); países europeos como España, Portugal y algunos nórdicos y bálticos, entre otros; por Asia estuvieron China, India, Bahréin y Corea del Sur —representado por su presidente—; también estuvieron Australia y Nueva Zelanda; y Ucrania fue otro país que participó con el más alto representante, el presidente Volodímir Zelenski.
Ormuz, la Furia, y el comercio internacional
La tensión en el Estrecho de Ormuz tiene su antecedente directo en la campaña contra Irán iniciada el 28 de febrero por los Estados Unidos de América e Israel, bajo la denominación “Operación Furia Épica” (Operation Epic Fury). Esta tuvo un carácter netamente aéreo, donde las misiones de ambas fuerzas aéreas sumadas superan a las 20.000 con impactos a más de 11.000 puntos estratégicos. Si se quiere, el efecto de mayor valor simbólico para los beligerantes fue la muerte del máximo líder de la República Islámica de Irán, Ali Khamenei.
El objetivo máximo buscado fue el cambio de régimen, lo que no se logró; Ali fue inmediatamente suplantado por su hijo Mojtaba, y pese a la eliminación de la cúpula del gobierno, el régimen logró mantener el dominio de la situación y la unidad del país. La situación actual es de un empantanamiento y de negociaciones; no hubo al momento ninguna fuerza política iraní capaz de contrarrestar el régimen teocrático, o siquiera representar cierto sector de la oposición. Las declamaciones a favor del hijo del sah[1] derrocado en 1979 no alcanzan para coaligar un orden político alternativo.
Ante los ataques a su territorio, el régimen exteriorizó el conflicto para afectar lo más posible a los países aledaños y realizar una de las acciones que muchos manuales de geopolítica alertaban como “un hecho con efectos globales disruptivos”: el cierre del estrecho de Ormuz. Para que esto tuviera trascendencia internacional y estratégica, se debieron dar dos factores, uno geográfico y otro económico. El fenómeno Ormuz se produce por la particularidad de un accidente geográfico, la vía de comunicación que une al Golfo Pérsico con el Golfo de Omán no solo se estrecha, sino que realiza un giro; en el punto más estrecho el canal tiene un ancho de 33 km, que se ve limitado por la relativa baja profundidad. En lo que hace a la navegación, es de doble vía con dos canales de 3 km de ancho separados por una zona de amortiguación de otros 3 km. Esto requiere un alto conocimiento técnico y práctico para la navegación porque la capacidad de maniobra es muy limitada- Es casi imposible tomar rutas alternativas o realizar maniobras evasivas.
En aspectos más técnicos para la navegación, las fronteras territoriales marítimas entre Omán e Irán fueron establecidas en un tratado firmado en el ’74, según el principio de la equidistancia. La frontera en el estrecho tiene unos 230 km. La problemática está en que, según la CONVEMAR el límite de las aguas territoriales llega a las 12 millas náuticas (22 km desde la costa), por lo que ambas fronteras se superponen y no existen Aguas Internacionales intermedias. Los buques solo pueden circular bajo el régimen de “paso en tránsito”, esto es, en forma continua y rápida (y sin realizar ningún tipo de actividad hostil, como obtener información). Por ello no es casual que de los 2000 km de costa que posee Irán, el puerto principal Bardar Abbas, tanto militar como civil, se encuentre situado prácticamente en el centro de la circunferencia que hace el giro y no en Bandar Khomeini en la frontera con Irak.
El otro aspecto es económico. Por el estrecho se transportan 20 millones de barriles de petróleo por día (mbp/d), lo que representa el 20 % de la producción mundial. Por estas características se trata de la vía de aprovisionamiento de este insumo de varios países asiáticos. El 84 % del petróleo que transita por Ormuz va hacia el Asia, lo que representa un tercio de lo que importa China y el 90 % de las necesidades de Corea y de Japón. Los oleoductos alternativos tienen una capacidad de 5 mbp/d.
También transita el 20 % del comercio mundial de gas natural licuado, una fuente a la que recurrió Europa para reemplazar a Rusia como proveedor. Otro insumo estratégico, que tal vez no recibía igual atención, pero con incidencia global, fue la interrupción de la exportación de fertilizantes. Por el Estrecho transita el 30 % de la urea y el 25 % del amoníaco que se consume a nivel mundial. En consecuencia, se provocó el alza de los productos alimentarios.
En conclusión, Ormuz constituye un punto de estrangulamiento estratégico (chokepoint) para comercio internacional de hidrocarburos y fertilizantes. Esta es un activo estratégico de primer orden que posee Irán en cualquier mesa de negociaciones: con acciones de un relativo bajísimo costo (el minado del estrecho) puede incidir significativamente en la economía mundial. Irán utilizó este comodín y logró influir en la agenda política internacional. La reunión que estamos tratando es un claro ejemplo.
Para un mundo que estaba acostumbrado a la quietud de la diplomacia, Irán se presenta como un país de acción directa; el régimen tiene un historial de no cumplir con los principios básicos de la Carta de las Naciones Unidas, como así tampoco el Derecho Internacional lo contuvo de influir en asuntos internos de otros estados, ni abstenerse de considerar a la violencia como una forma de resolver sus conflictos[1]. La falta de contención internacional real del programa nuclear iraní es la razón por la cual países como los EUA, y sobre todo Israel, se vieron compelidos a actuar.
¿Porque una tercera vía?
En este contexto se presenta la coalición multinacional como “tercera vía” entre los actores en conflicto. Se trata de países que no sufren las acciones violentas o amenazas del régimen, sino que se benefician de alguna u otra manera de sus productos[3]. En términos más llanos, cooperan con Irán de diversas formas, lo que está vedado por las sanciones impuestas al país por su programa nuclear.
China es el principal socio energético de Irán, porque de alguna manera derivados del petróleo iraní llegan a sus costas; Francia mantiene un lazo comercial a través de una fuerte presencia de su industria automotriz (que ahora se ve amenazada por la introducción de autos eléctricos chinos); Alemania también tiene intereses en la industria de la maquinaria agrícola, farmacéutica y óptica; e Italia mantiene lazos económicos con el país persa. Estas diferencias tienen larga data y se vienen haciendo notar desde hace más de 20 años.
Mientras, los EUA e Israel mantienen una postura de fuerte rechazo al programa nuclear de Irán. No huelga recordar que el expresidente iraní, Mahmud Ahmadineyad (2005-2013), declaró abiertamente que el objetivo era “borrar del mapa” a Israel. Ahmadineyad fue alcanzado por la furia épica en un ataque aéreo contra su residencia el 1 de marzo. Israel soporta además las agresiones de dos grupos que se estima reciben ayuda de Irán, Hezbolá y Hamas.
Ello ayuda a pensar porque la operación Furia Épica despertó la furia de Donald Trump con la OTAN, una organización que a los ojos de los EUA está hecha más para beneficio de Europa que las necesidades americanas. El 18 de marzo, Trump terminó de digerir que sus “socios” europeos no lo acompañarían en esta acción. A través de Truth Social declaró: “La mayoría de nuestros aliados de la OTAN han informado a Estados Unidos que no desean involucrarse en nuestra operación militar contra el régimen terrorista de Irán”. Trump señaló que la relación con la OTAN es “unilateral”, dado que EUA invierte “cientos de miles de millones de dólares anuales” en la protección de sus socios, quienes, según el mandatario, “no hacen nada por nosotros, especialmente en momentos de necesidad”. Al final, caracterizó a la OTAN como un “tigre de papel”.
El asunto lo trataría Donald Trump con el jefe de la OTAN, Mark Rutte, en una reunión a puertas cerradas de fecha incierta y de la que solo hubo trascendidos. La reunión habría sido la oportunidad que encontró el mandatario para hacer catarsis de su desilusión respecto a sus aliados, donde sostuvo una y otra vez la necesidad de contar con acciones concretas de otros países para abrir el Estrecho de Ormuz. Además, habría manifestado su enojo respecto a países como Francia y España por no apoyar las medidas militares.
La posición de la coalición
En este contexto, las palabras no son inocentes. Macron abre su declaración al inicio de la conferencia con las siguientes palabras: “Me complace enormemente que el primer ministro británico, Keir Starmer, y yo nos hayamos reunido hoy, por videoconferencia, con 49 países […][3]” . A su vez, Keir Starmer dijo “Francia y el Reino Unido convocaron a 51 países para una cumbre internacional en el Estrecho de Ormuz”. Más allá de la diferencia en los números, lo más remarcable son los términos “hemos reunido” y “convocaron”, que dan cuenta del músculo diplomático para construir una coalición de países con un objetivo específico. En palabras textuales de Macron, “el objetivo de nuestra reunión era la reapertura del Estrecho de Ormuz”, con el único justificativo puesto en cómo afecta al comercio mundial (según se describió más arriba).
Macron fue el que lanzó la idea de la tercera vía. La primera sería la presión americana-israelí por el cambio de régimen; la segunda, la resistencia iraní, que incluye la externalización del conflicto al resto del mundo (Estrecho de Ormuz); y la tercera, la que se estaría inaugurando en la conferencia, la diplomática. En su declaración, luego de señalar algunos puntos que apuntarían a una desescalada, dice: “En cualquier caso, todo esto contribuye a que la situación avance a través de la diplomacia”.
Para completar el panorama transcribimos una cita algo extensa: “En efecto, ante todo esto, la reunión de hoy de un grupo de estados independientes, [que se encuentran] al margen de las hostilidades en curso, representa una oportunidad para enviar un mensaje sencillo. Todos solicitamos la reapertura completa, inmediata e incondicional del Estrecho de Ormuz por todas las partes. Solicitamos que se restablezcan las condiciones de libre paso vigentes antes de la guerra y el pleno respeto al derecho del mar. Todos nos oponemos a cualquier restricción, a cualquier régimen de acuerdos que equivalga a un intento de facto de privatizar el estrecho y, obviamente, a cualquier sistema de peaje”. Respecto al tema que los convoca, lo único que se quiere es una vuelta al statu quo.
Para este objetivo sí están dispuestos Francia y el Reino Unido a movilizar sus fuerzas militares. Por un lado, Macron describe el contingente naval que se trasladó a la zona caliente, por el otro, Starmer sostuvo: “Francia y el Reino Unido confirmaron que establecerán una misión multinacional independiente y estrictamente defensiva para proteger a los buques mercantes, brindar seguridad a los operadores de transporte marítimo comercial y llevar a cabo operaciones de desminado tan pronto como las condiciones lo permitan tras un acuerdo de alto el fuego sostenible”.
Un detalle más: la postura francesa, acompañada por el Gran Bretaña, que propone una tercera vía y de sostiene el statu quo es también una forma de posicionarse frente a los beligerantes. Para Francia, el derecho a la victoria no cae de ningún lado, no ve en Irán una problemática a resolver, ni comparte la visión del lado estadounidense-israelí. Para los líderes de esta reunión lo único que hay es una situación jurídicamente disruptiva del orden internacional. Intentan mostrarse como garantes en última instancia de la paz y de la vía diplomática.
Así es que Macron cierra su articulado discurso con un giro un tanto extraño y pretensioso: “Los europeos permanecieron junto a los países miembros del Golfo, Asia, el continente africano, América Latina y el Pacífico. Y así, el mundo se unió en este mismo deseo, esta coalición de estados independientes, de hacer cumplir el Derecho Internacional y garantizar la libertad de navegación”.
Miscelánea
El tiempo dirá si se puede volver al orden del pasado donde Estados Unidos cumplía un rol estructurante del orden internacional ejerciendo un poder sin ejercerlo a través del “poder blando” (soft power). (como fue el orden que proyectó luego de la SGM a través de los programas de fomento como el Plan Marshall y de los organismos de cooperación como las ONU, el FMI, el Banco Mundial y el GATT, y profundizó luego de la caída del Muro de Berlín).
Ahora, los EUA parecen haber encontrado los límites del costo de ejercer el poder hegemónico: los europeos lo asemejaban a una monarquía parlamentaria, donde “el Rey reina, pero no gobierna”. Ahora bien, en este caso no se trata “rey desnudo del poder”, sino todo lo contrario: EUA mostró que su posición de superpotencia estratégica la tiene ganada porque posee los medios para ejercer el poder real, concreto y directo contra lo que considera una amenaza (el programa nuclear iraní) que considera supero cierto umbral de seguridad.
Francia siempre resintió la posición global de los EUA, salió de la estructura militar de la OTAN en 1966 para mantener su autonomía estratégica y regresó en el 2009. Esta reunión es para el país galo una oportunidad para expresar su postura y de hablar en nombre de varios países como si alzaran una sola voz, pero no parece tener suficiente peso estratégico para cambiar el rumbo de los acontecimientos.
Notas
- Si bien en muchos textos en castellano se suele encontrar este vocablo como *sha, el diccionario Panhispánico de Dudas recomienda “sah”; lo considera una grafía anglicada (https://www.rae.es/dpd/sah). El uso de este tipo de grafías es innecesario en el castellano, teniendo nuestro idioma un término propio. ↩
- Solo por recordar que los principios que se deben respetar para que el mundo funcione por la diplomacia y no por la guerra son: la buena fe, la igualdad soberana, la solución pacífica de controversias, la prohibición de la amenaza o el uso de la fuerza, no intervención en los asuntos internos de otros estados. ↩
- La gran excepción sobre esta proposición que acabamos de postular es la República Argentina, que sufrió dos atentados en su ciudad capital, uno contra el estado de Israel, su embajada, y otro contra la comunidad judía argentina. ↩
- https://uk.diplomatie.gouv.fr/en/france-uk-joint-statement-strait-hormuz ↩