Marco operativo del Control Reflexivo
En los conflictos del Siglo XXI las acciones se desarrollan en diferentes ámbitos, conocido en textos académicos o en la doctrina de ciertos países como dominios. Así es que se desarrollan medios y actividades en ámbitos terrestres, marítimos, aeroespaciales, en espectro electromagnético, en el informacional. La teoría del control reflexivo, objeto de estudio en este artículo, propone una explicación y una actuación en el dominio cognitivo en un contexto de competencia estratégica; esto es, en cómo es posible actuar en la forma de pensar del oponente para que cumpla mis designios. No se trata de una propuesta aislada, sino que es transversal a distintos dominios tanto en su ejecución, como en sus efectos.
Esta teoría del control reflexivo tiene sus orígenes en la Rusia soviética de la década del 60´ y pervivió en el pensamiento militar ruso hasta nuestros días.No se trata de una orientación estratégica, sino de una forma de pensar; su fundamento epistemológico es el materialismo dialéctico. Por ello, no puede ser reducida dentro del marco conceptual de la guerra de la información tributaria de una corriente empirista (anglosajona). El control reflexivo es un enfoque que puede aplicarse a varios ámbitos en que se dirimen los conflictos, como son el diplomático, el militar o el económico.
Es aplicable a toda situación estratégica y trata en como operar sobre el pensamiento del oponente para que realice nuestra voluntad. En el contexto militar, su objetivo puede ser la manipulación de comandantes enemigos y sus órganos de planificación, para inducir respuestas militares específicas o prevenir acciones no deseadas; todo esto, mientras que el comando del oponente cree que las decisiones las toma en forma autónoma y para su propio beneficio.
Esta teoría tiene antecedente empleado en la doctrina militar rusa el de Maskirovka (маскировка en cirílico) que significa enmascaramiento, máscara o disfraz; es el equivalente cercano a lo que en doctrinas más cercanas se denomina velo y engaño. La idea de la Maskirovka se expandió hasta expresar técnicas y procedimientos de desinformación, ocultación, camuflaje, engaño, réplica, maniobras de distracción, operaciones psicológicas y desinformación a todos los niveles (estratégico, operacional y táctico). Sería imposible el control reflexivo si las maniobras para lograrlo no se ocultan a la vista del oponente.
Así como la Maskirovka no puede ser reducida al engaño, o a las tácticas para realizarlo, la idea de guerra híbrida tampoco tiene una relación uno a uno con la de guerra no lineal. Como dijimos más arriba, cada uno se nutre de una fuente epistémica diferente. Hoffman es el referente del concepto de guerra híbrida, a la que considera una “una gama completa de diferentes modos de guerra que incluye capacidades convencionales, tácticas y formaciones irregulares, actos terroristas que incluyen violencia y coerción indiscriminadas, y desórdenes criminales”[1].
Uno de los componentes de la guerra no lineal es el control reflexivo, el otro, que mencionaremos someramente, es la teoría soviética de “operación profunda” antes del concepto de la guerra relámpago (blitzkreig). Esta suponía la ruptura del frente en un punto (débil) mediante el uso de armas combinadas seguida de una penetración para interrumpir la cadena logística del enemigo, de forma de obtener una victoria estratégica. Este tipo de operaciones profundas, tal como se planteaban, estaban previstas para la guerra convencional con un frente definido.
La idea de guerra no lineal, si bien se utiliza como concepto estratégico para maniobras ofensivas, tiene relación con un análisis defensivo. El analista Andrew Korybko[2] consideró que la guerra indirecta (híbrida – no lineal) fue la forma de hacer la guerra que occidente utilizó para desestabilizar el vecindario ruso con “revoluciones de colores”, cambios de régimen (por democracias a imagen de las occidentales, quintas columnas, uso subversivo de los medios de comunicación e internet, redes sociales y la dirección desde atrás de los grupos contestatarios[3].
En una declaración, que puede tener tanto carácter ofensivo como defensivo, Gerasimov manifestó:
«...un Estado perfectamente próspero puede, en cuestión de meses e incluso de días, transformarse en un escenario de feroz conflicto armado, convertirse en víctima de una intervención extranjera, y hundirse en una red de caos, catástrofe humanitaria, y guerra civil […] el papel de los medios no militares para alcanzar objetivos políticos y estratégicos ha crecido, y, en muchos casos, han superado en su eficacia al poder de las armas. El enfoque de los métodos aplicados de conflicto se ha alterado en la dirección del amplio uso de medidas políticas, económicas, informativas, humanitarias y otras medidas no militares –aplicadas en coordinación con el potencial de protesta de la población–. Todo ello se complementa con medios militares de carácter encubierto, incluyendo la realización de acciones de conflicto informativo y las acciones de las fuerzas de operaciones especiales”.
Si bien esto parece presagiar la situación de Ucrania, también puede ser leído como un aviso de lo que le pedía suceder a la Federación de Rusia, y para lo cual se debía preparar el país (muchas veces se soslaya postura defensiva de la actitud ofensiva de Rusia). Leamos esta declaración como un análisis del contexto donde Rusia está imbuida, según sus altos mandos, en un conflicto no declarado de naturaleza no lineal, donde se ha confundido las diferencias entre “guerra” y “paz”, “combatiente” y “civil”, y “verdad” y “propaganda”. La guerra ya no se libra únicamente en campos de combates físicos, sino también en dominios cognitivos, informativos y sociales.
Entonces, es en este entorno doctrinario que el control reflexivo emerge como una herramienta que responde perfectamente a la lógica de las guerras híbridas, grises, no lineales o de ambigüedad estructural. No es una técnica aislada, sino un marco conceptual superior que las integra como medios subordinados para alcanzar un objetivo central, el cual es influir en la toma de decisiones del adversario a través de su percepción del entorno. Como veremos en el siguiente apartado, el control reflexivo es el fundamento y lo que les da una dirección a las operaciones de información, engaño y decepción.
Antes de exponer sus bases conceptuales, baste mencionar que las operaciones en profundidad son herramientas para lograr el control reflexivo, y que estas, por lo menos en la doctrina rusa, se pueden llevar a cabo en los niveles tácticos, operacionales y estratégicos. En este nivel, la operación encubierta en profundidad del dispositivo del oponente es aquella que permite actuar en forma encubierta sobre su mente para que su voluntad sea la voluntad de uno.
Bases conceptuales del Control Reflexivo
Primeros planteos: teoría de los juegos
Como se mencionó, esta teoría fue desarrollada en el Bloque Soviético durante la Guerra Fría; perfeccionada y aplicada luego por la Federación Rusa. Su primer ideólogo fue el psicólogo y matemático Vladimir Lefebvre, quien en la década de 1960 la presentó junto a un modelo matemático, por ello también se la conoce como teoría de juegos o ecuaciones reflexivas.
El control reflexivo no busca anular la voluntad del adversario por la fuerza, sino influir en sus procesos de toma de decisiones mediante la manipulación calculada de la percepción del entorno, de su oponente y de sí mismo. Esta proponía lo siguiente:
Partimos del presupuesto que cuando un actor A toma una decisión lo hace en función de sus propios intereses, pero, si se encuentra en una situación estratégica (sus intereses se pueden ver facilitados / obstaculizados por otro actor B), debe incluir en su análisis como el actor B lo percibe. Así- actor A realiza un modelo complejo con lo que el actor B cree que A hará, junto a lo que B cree que A cree que B hará, y así sucesivamente.
Es decir, hay niveles recursivos de conciencia del otro, como una cadena infinita de espejos psicológicos. Esta recursividad infinita es teórica, lo que caracteriza a este modelo es que se toma en cuenta el aspecto cognoscitivo de B, y con qué elementos construye su conocimiento: la percepción del entorno, la percepción de A y la de sus propios valores e intereses.
Con este modelo se comienza a estructurar como se conduciría el proceso de toma de decisiones de un determinado actor (actor B) en un escenario conflictivo. Planteando un caso práctico donde A es el que ejerce el control reflexivo y la decisión de B el objetivo del control reflexivo se puede expresar así:
DB = f (EB, MB, RB)
Donde:
DB: Decisión final de B.
EB: Expectativas de B sobre el entorno (lo que B percibe como “la realidad”).
MB: Modelo que B tiene sobre A (cómo cree que A actuará).
RB: Reflexión de B sobre sí mismo (autoimagen y valores).
Esta fórmula desagrega analíticamente los elementos que hacen a una decisión, con lo que A podría influir en la decisión de B si consigue manipular alguno de esos elementos como, por ejemplo, modificar las expectativas de B (EB) sobre el comportamiento del entorno con operaciones de desinformación.
Lefebvre no era psicólogo, sino que había estudiado física y matemática; desarrolló sus investigaciones en el primer centro de cómputos operados bajo el Ministerio de Defensa. Su interés era la teoría de la decisión, pero desde el punto de vista de la cibernética, como las decisiones eran resultado de la retroalimentación de las acciones anteriores. Solo que para él la percepción del otro sobre uno era parte de la ecuación. Sus modelos fueron desarrollados tanto para las decisiones humanas o aquellas basadas en computadora.
En aquella época tuvieron auge la teoría de los juegos, que eran modelos que explicaban diferentes situaciones estratégicas, muy conocidos son el juego del prisionero y el juego de la gallina, donde la estructura del juego presenta una serie de resultados predeterminados, con algunas soluciones más fuertes que otras. Para Lefebvre había que introducir un elemento de reflexión en estas teorías, la percepción que un actor tiene sobre las posibles jugadas del otro. A diferencia de la teoría de los juegos, donde la solución racional es externa a los actores.
Para ponerlo en términos de inteligencia militar, en la teoría de los juegos, el curso de acción más recomendable sería el que resultara de la confrontación de efectos considerando únicamente los medios del enemigo, el terreno y las condiciones meteorológicas, inclusive se consideran las intenciones (en términos de preferencias) del oponente. En los juegos reflexivos, además de las condiciones físicas y las intenciones, se consideran también las percepciones, el dato adicional es ¿cómo me percibe el oponente a mí?, ¿qué decisión tomará el oponente en base a esa percepción?, ¿qué hago yo con la percepción de mí que tiene mi oponente? Esta retroalimentación permanente es lo que le da su carácter cibernético.
Lefebvre hizo un saltó táctico a uno cognoscitivo en el ámbito soviético: el conflicto militar no debía considerarse únicamente con un enfrentamiento de medios, de fuerzas, sino como una interacción entre dos sistemas de toma de decisiones que determinan como se comportan los ejércitos. Entonces, un sistema para controlar al otro tiene que, primero, reflejar dentro de sí mismo (incorporarlo como conocimiento a través de la inteligencia) el sistema opuesto, de esta forma podrá detectar las ecuaciones reflexivas, el algoritmo diríamos nosotros, que sigue para tomar una decisión (este algoritmo es resultado de haber estudiado su historia, cultura, doctrina, actitudes, psicología, etc.). Luego, manipular determinados elementos para que el algoritmo de el resultado que uno quiere[6].
Otras contribuciones
Los primeros planteamientos del CR se vieron complementados por la teoría general de los sistemas (TGS), el materialismo dialectico y la teoría del arco reflejo.
Teoría general de los sistemas y la cibernética
Propuesta por Ludwig von Bertalanffy, la TGS postula que la conducta de un sistema (sea orgánico o técnico-psicosocial) puede entenderse como un conjunto de elementos interrelacionados que se relaciona con el medioambiente y autorregula por retroalimentación; el objetivo del sistema es su supervivencia (homeostasis). El modelo de relación del sistema con el medio ambiente es el de input – proceso – output, que se produce por ciclos. La retroalimentación se produce al introducir en cada ciclo información sobre el efecto del output, de forma de lograr el efecto deseado, en última instancia, el equilibrio y la supervivencia.
Ahora bien, los elementos de un sistema (una organización, un ejército, un estado) pueden considerarse subsistemas, cada uno cumple una función diferente. La TGS tiene una mirada holística, ya que la acción del sistema es el resultado total que se produce por la acción de cada subsistema. El conocimiento del comportamiento del sistema permite actuar sobre un subsistema determinado para producir una alteración en su totalidad. Por ejemplo, en vez de un ataque masivo sobre el ejército enemigo, un comandante puede optar por actuar sobre su subsistema de inteligencia, para que a su vez influya en los demás. Cuánto más se sepa sobre el oponente, cuánto más se conozca su algoritmo de comportamiento (la ecuación refleja), más efectiva será la intervención y el control sobre él.
El materialismo dialéctico
Por su parte, el materialismo dialéctico, doctrina filosófica oficial del marxismo-leninismo, constituye la base ideológica y epistemológica sobre la que se ha construido el pensamiento estratégico soviético y ruso, y es, por tanto, el fundamento filosófico profundo del concepto de control reflexivo. Su influencia no solo se manifiesta en los principios doctrinales, sino también en la manera concreta de concebir la guerra, la percepción del enemigo y la forma de influir en sus decisiones.
El materialismo dialéctico, desde un punto de vista ontológico, sostiene que la realidad existe independientemente de la conciencia, y que esta conciencia es producto de las relaciones materiales de producción. En otras palabras, es la posición del sujeto en la sociedad—su rol económico y social—lo que condiciona su forma de pensar. Marx resumió este principio diciendo: “no es la conciencia del hombre la que determina su ser, sino al contrario, su ser social es lo que determina su conciencia”.
Para esta visión, la realidad está sujeta a contradicciones, a la negación de los contrarios. Los términos no se entienden en sí mismos, sino en la negación por otros términos; de esta contradicción surge una nueva realidad material, que a su vez encuentra su negación. Este es un proceso dialéctico en donde toda tesis encuentra su antítesis, y producto de la interacción entre ambas se produce una síntesis.
En el plano epistemológico, como la conciencia es un “reflejo” de la realidad objetiva, se podrá actuar sobre el conocimiento del oponente manipulando la realidad material que experimenta. En términos dialécticos, se controlar la conducta del oponente creándole una falsa conciencia.
El arco reflejo
Muy relacionado con lo anterior, se encuentra el concepto soviético de arco reflejo desarrollado por Nikolái Bernstein. Esta teoría, a diferencia de las anteriores que provienen de la filosofía y de las ciencias sociales, tiene un sustrato de la fisiología humana y de los estudios en neurociencias.
Para Bernstein el ser humano se crea modelos mentales sobre el mundo deseado. A su vez, se interactúa con el mundo real, y cuando se produce una discrepancia entre ambas se crea un arco reflejo: una serie de estímulos eléctricos que ingresa por los receptores sensoriales que son trasmitidos al cerebro, que devuelve otros estímulos nerviosos que producen la respuesta motora. Este arco no es un simple mecanismo estímulo respuesta, sino que comprende un complejo proceso de relaciones jerárquicas entre subsistemas –desde las intenciones superiores, los intermedios que integran la información, hasta los que ejecutan la acción–.
Este modelo de comportamiento nutre a la teoría de control reflexivo, al considerar el aspecto neurológico del procesamiento de la información-acción. Conociendo el mundo deseado (sus modelos mentales) del oponente y su arco reflejo, se pueden diseñar estímulos que lo induzcan a la conducta deseada. Esto quedaría fuera de la percepción del oponente, ya que para Bernstein la respuesta del arco reflejo, si bien es compleja, en la mayoría de los casos es involuntaria (de ahí su característica de reflejo, es una conducta adaptativa); en definitiva, para el oponente, su propia conducta cae fuera de su control.
El control reflexivo en nuestros días
Desde los primeros planteamientos de Lefebvre la teoría del CR evolucionó, se nutrió de otros modelos y fue retomada por otros investigadores. El planteamiento inicial de las décadas 60 y 70 le siguió desde los fines de los 70 hasta los 90 la orientación práctica, incorporando las ideas en las unidades de inteligencia. Luego de la caída de la URSS, la teoría se consolidó en la academia, ingresando como currículo en la educación formal. Para principios del 2000 el CR había superado su concepción inicial, centrada en la teoría de las decisiones, para cobrar un énfasis psicosocial: el objetivo no es solo el comandante enemigo, sino la sociedad que sostiene el esfuerzo de guerra; a esto se sigue que la guerra es permanente, Rusia se encuentra en un conflicto sin cuartel con occidente, solo que este tiene muchas caras, muchas formas de canalizarse; es así que aparece la teoría de la guerra no lineal, las operaciones de desinformación, etc.
El control reflexivo se fue refinando con su aplicación y estudio. Un aporte más cercano a aspectos tácticos fue el realizado por el coronel Sergei Komov[8], quien escribió sobre el impacto informativo del Control Reflexivo en la década de 1990, aportando conceptos de suma relevancia, enumerando los principales elementos del enfoque “intelectual” de la guerra de la información, que describió como:
• Distracción (desviación de la atención)- crear una amenaza real o imaginaria a una de las dislocaciones vitales del enemigo (flancos, retaguardia, etc.) Durante la fase preparatoria de las hostilidades, obligándole a reconsiderar el sentido común de sus decisiones);
• Sobrecarga (a expensas de grandes cantidades de información conflictiva a menudo enviada al enemigo);
• Parálisis (creación de percepciones de amenazas especiales a intereses vitales o puntos débiles);
• Agotamiento (obligar al enemigo a realizar acciones inútiles y, por lo tanto, agotar a las Fuerzas Armadas);
• Engaño (provocar al enemigo a redesplegar sus fuerzas a la región amenazada durante las etapas preparatorias de las hostilidades);
• División (convencer al enemigo de que debe actuar contra los intereses de la coalición);
• Calma (obligar al enemigo a creer que se están entrenando operaciones planificadas previamente en lugar de prepararse para acciones ofensivas y así reducir su vigilancia);
• Intimidación (creando una percepción irresistible de superioridad);
• Apaciguamiento (disminuyendo la vigilancia y creando la ilusión de llevar a cabo entrenamientos planificados, y no prepararse para acciones ofensivas);
• Provocación (imponer al enemigo datos para que realice acciones beneficiosas de su lado)
• Propuesta (ofrecer información que toque al enemigo legal, moral, ideológicamente o en otras esferas);
• Presión (para ofrecer información que desacredite al gobierno a los ojos de la población).
Así es como, con los aportes presentados, esta teoría encontró su desarrollo e implementación. En el sitio reflexion.ru puede verse los títulos de una revista que se editó entre 2001 y el 2004 llamada Reflexive Processes and Control. Para el 1996 el entonces mayor F. Chausov propuso una definición concreta del concepto como “el proceso de transferencia intencional de cierta información a la parte contraria, que tendrá un impacto en la toma de decisiones por esa parte correspondiente a la información transmitida”[9].
Aplicación del Control Reflexivo en la anexión de Crimea (2014)
La anexión de Crimea en 2014 constituye uno de los casos paradigmáticos del uso eficaz del Control Reflexivo en un conflicto internacional. Lejos de ejecutarse como una operación militar convencional, la estrategia rusa consistió en moldear la percepción de la situación en múltiples audiencias (ucraniana, occidental y local) para inducir respuestas calculadas que favorecieran sus propios objetivos, sin recurrir a una declaración formal de guerra ni desencadenar una respuesta armada internacional.
En primera medida para llevar a cabo este análisis, se debe destacar la alteración de la percepción del entorno, por parte de Rusia, quien con motivo de distorsionar la percepción de la situación estratégica, lanzó una campaña de desinformación masiva orientada a presentar al nuevo gobierno ucraniano, tras los sucesos ocurridos en un clima de protestas sociales, nacionalismo y la búsqueda de la adhesión a la Unión Europea, llevaron a cabo lo que se denominó el Euromaidán, mostrándolo como ilegítimo y extremista. Además de un claro mensaje que la población rusoparlante en Crimea estaba amenazada por el gobierno ucraniano, posicionado a Rusia como una potencia responsable que actuaba “en defensa” de sus compatriotas.
Esta construcción narrativa, ampliamente difundida por medios estatales rusos y redes sociales, modificó el “input cognitivo” del sistema enemigo, creando las condiciones para que la respuesta de Ucrania y de Occidente fuera de contención, no confrontativa, precondicionando la percepción internacional, presentando la futura intervención como defensiva y legal.
Otros de los elementos que pueden observarse en la operación, es el intenso empleo de la Maskirovka y la ambigüedad, siendo uno de los instrumentos tácticos de mayor relevancia, el uso de tropas sin insignias, más conocidas como “hombrecitos verdes”, las cuales tomaron infraestructuras clave en Crimea sin identificarse como fuerzas rusas. Este acto de Maskirovka impidió una reacción inmediata por parte de Kiev que, ante esta situación, no pudo atribuir oficialmente la intervención a un estado extranjero, quedando paralizado en el plano político y jurídico. Por lo cual evitó una confrontación armada para no dar a Rusia un pretexto formal de escalada.
Esta ambigüedad fue diseñada para generar confusión en el adversario, característica central del Control Reflexivo aplicado en entornos no lineales, específicamente generando parálisis decisional en Kiev y vacilación estratégica en occidente. Esta ambigüedad fue cuidadosamente diseñada para evitar cualquier reacción militar inmediata.
Ello permitió la inducción de decisiones específicas que favorecieron a Moscú (con lo que quedó manifestada la esencia del Control Reflexivo), los criterios “racionales” con los que tanto Ucrania como occidente las tomaron según “sus criterios racionales”, lo que favoreció a Rusia. Esta evitó la no intervención militar directa, el retraso de las sanciones económicas, considerar la vía diplomática como única opción viable y el hecho de que, tras la anexión de Crimea, no se llevaran a cabo medidas coercitivas directas.
Estas decisiones no fueron fruto de la debilidad, sino del efecto de un escenario cognitivo manipulado, en el que la percepción del costo militar y político, la legalidad y la urgencia fueron alteradas estratégicamente. Esto logró el objetivo final de representar en su brazo militar en la OTAN, con la intención de forzar a Ucrania y a occidente, al decidir no intervenir. Las decisiones que tomaron, de no responder militarmente, buscar solución diplomática, no reconocer el referéndum, pero evitar la confrontación, fueron exactamente las que favorecieron a Moscú. Estas respuestas fueron racionales desde la percepción inducida, pero estratégicamente funcionales para el invasor.
El caso de Crimea (2014) demuestra que el Control Reflexivo permite a un actor imponer su voluntad sin violencia abierta. Esto lo logra usando la percepción como arma y la decisión enemiga como motor de su ejecución. Debe considerarse que esto se realiza en un contexto de guerra no lineal, donde este enfoque representa una evolución estratégica profunda, sustentada en un marco filosófico-científico riguroso y operativamente eficaz.
Más exigencias para Inteligencia Militar
En particular, muchos analistas militares occidentales están interesados en las enseñanzas operacionales de las Fuerzas Armadas de la Federación de Rusia. Sin embargo, la mayoría de sus estudios son limitados ya que solo se enfocan en el poder militar duro. Para peor, la mayoría se basan en suposiciones occidentales sobre el modo de ruso de hacer la guerra.
Esto es una forma limitada de entender y llevar a cabo los conflictos del siglo XXI. No basta con identificar las capacidades e intenciones del enemigo. La Inteligencia Militar debe también comprender, anticipar y contrarrestar las acciones diseñadas para manipular su percepción, inducir a decisiones y neutralizar la propia voluntad política y militar sin un enfrentamiento directo.
La comprensión sistémica del entorno cognitivo ha tomado una mayor relevancia al incorporar a la Inteligencia Militar metodologías derivadas de la teoría de sistemas complejos. Esto fue para modelar, no solo capacidades cinéticas (Tropas, Armamento, Logística, etc.), sino también comprender capacidades no cinéticas, como por ejemplo los procesos decisionales del adversario, con un conocimiento profundo de doctrinas y algoritmos mentales de planeamiento, además de sus respectivos marcos culturales e ideológicos que influyen en la toma de decisiones. Esto implica desarrollar productos de inteligencia que integren análisis cognitivo, narrativo y psicológico.
Los conflictos actuales se caracterizan por la ambigüedad, lo que impone estar en capacidad de detectar acciones en la zona gris (por debajo del umbral de guerra). Llegado el caso de una situación prebélica, será necesario saber identificar narrativas emergentes en redes sociales y medios de comunicación masivos. Detectar operaciones informativas encubiertas, movimientos de actores no estatales y fenómenos de desinformación. Una forma de contrarrestar este tipo de acciones cognitivas es preguntarse “¿Qué percepciones se está intentando inducir en la propia organización?”.
A esto se le suma la creciente automatización de los sistemas de comando y control (toma de decisiones) integrados con inteligencia artificial. Estos operan con algoritmos preprogramados o modelos predictivos. Si un adversario conoce cómo funcionan esos sistemas, puede aplicar el control reflexivo no ya sobre humanos, sino sobre estos sistemas computarizados. Recordemos que este modelo es indiferente al hecho de si se trata de un humano o de una máquina.
Por otro lado, la inteligencia artificial, aplicada a tareas de Inteligencia Militar, permite procesar grandes volúmenes de información en tiempo real. Detecta patrones cognitivos, doctrinales y conductuales del enemigo e incluso hasta simula escenarios de decisión con múltiples variables, como si fuesen juegos de guerra cognitiva. Esto aumenta exponencialmente la capacidad de aplicar Control Reflexivo al modelar con mayor precisión cómo piensa y reacciona el adversario.
Se representa con ello que el desarrollo de la teoría del Control Reflexivo aún no se ha agotado y que esta irá adecuándose a los avances tecnológicos y de Inteligencia Artificial que se incorporen a las organizaciones militares. De este modo, la guerra del futuro no se librará solo con armas, sino también con ideas, tecnología, imágenes, percepciones y narrativas, y la inteligencia debe estar preparada para ese escenario.
El control reflexivo, herramienta para la guerra no lineal
El control reflexivo representa mucho más que una técnica de desinformación o manipulación de una narrativa, más bien, es una doctrina transversal a las dimensiones operacionales y a los niveles de conducción. Esta doctrina –estructurada sobre bases filosóficas del materialismo dialéctico, científicas como la TGS y operativas como la Maskirovka– está profundamente arraigada en el pensamiento militar ruso.
Su propósito es inducir al oponente a tomar decisiones que favorezcan los intereses de quien lo ejerce, sin necesidad de recurrir a la fuerza directa.
La anexión de Crimea en 2014 es una muestra de su aplicación efectiva. Mediante una combinación de distorsión informativa, ambigüedad operativa y manipulación perceptiva, Rusia logró alterar la conducta de Ucrania y de las potencias occidentales. Por esto obtuvo un resultado estratégico sin una guerra abierta. Es evidente que a los conflictos contemporáneos al fuego de los fusiles y los cañones, hay que sumarle el combate en el dominio cognitivo, donde lo decisivo es el control del marco de toma de decisiones del oponente.
Ante esta realidad, las exigencias para la Inteligencia Militar son profundas, no basta con conocer los términos materiales del enemigo, sino también comprender sus marcos de percepción, sus procesos mentales y los puntos vulnerables de su arquitectura cognitiva. La inteligencia debe transformarse logrando una estructura que le permita detectar, anticipar y contrarrestar operaciones reflexivas, tanto en su dimensión humana como algorítmica.
En este último plano, la incorporación de inteligencia artificial a los sistemas de comando y control, si bien ofrece ventajas decisivas, también introduce nuevos riesgos, ya que pueden ser manipulados perceptivamente si el adversario comprende su lógica interna. Esto abre la puerta a una nueva forma de control reflexivo, algorítmico y acelerado, donde las decisiones inducidas ya no se generan solo en el cerebro humano, sino también en modelos computacionales vulnerables a estímulos externos.
En síntesis y metafóricamente, el campo de combate del siglo XXI ya no se define solo por coordenadas geográficas, sino por mapas mentales, arquitecturas de decisión y flujos de información. Comprender y dominar estos elementos será tan esencial como la capacidad de fuego, entonces, el control reflexivo se consolida como una de las herramientas más sofisticadas y efectivas de la guerra moderna
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Notas
- Hoffman, F, Conflict in the 21st Century: The Rise of Hybrid Wars, Potomac Institute for Policy Studies, Virginia, 2007, pp. 7-8. ↩
- Korybko, A, Hybrid Wars: The Indirect Adaptive Approach to Regime Change, Peoples’ Friendship University of Russia, Moscow, 2015. ↩
- Es útil para el analista de inteligencia comprender la mirada de ambos oponentes en un conflicto. ↩
- Por otro lado, el conflicto actual nos vuelve a traer a la memoria que las teorías de las no-guerras (por llamarlas de alguna manera), no reemplazan a la de la guerra regular y lineal, y que esta suele ser más decisiva que las otras. ↩
- En cierto sentido, supera dialécticamente la lógica de Clausewitz, ya no hay voluntad que vencer: la voluntad de uno es reflejo de la voluntad del otro. ↩
- Queda siempre la pregunta si el oponente no me está plantando elementos, por ejemplo, me deja conocer su doctrina, para que yo me forme el algoritmo equivocado. A los soviéticos les costaba determinar en qué medida la información que obtenían era válida o se las hacían llegar para engañarlos; de hecho, algunos consideraron a la “Guerra de las Galaxias” de Reagan como un ejemplo de control reflexivo, ya que, según algunos, Rusia tomó decisiones en base a dicha información que la llevaron a la quiebra. ↩
- Los sistemas no existen en la realidad, sino que su objeto, alcance y límites son definidos por el observador. ↩
- Komov, Sergei, About Methods and Forms Conducting Information Warfare, Voennaya Mysl (Military Thought) (1997) 18-22; Thomas, ‘Russia’s Reflexive Control’, 247-249. ↩
- Revista Naval (Federación de Rusia), Nº 1834, Septiembre 1996. ↩