Breve historia de Sudán

Breve historia de Sudán

Licenciado Juan Patricio Lasala

Los albores de la Humanidad

Quien quiera que se interese por los orígenes de la humanidad bien puede poner su mirada en Sudán, un país que se encuentra tanto en el Norte de África (como referencia político-geográfica) como en el Sahel. Es atravesado por el Nilo y su capital Jartum se encuentra en la confluencia del Nilo Blanco con el Azul. Al noreste posee unos 800 km de costa en el Mar Rojo. En la orilla opuesta se encuentra Yedda, un puerto que conecta con la Meca. Al norte se encuentra Egipto, separado por una frontera en línea recta en el paralelo 22 º, cuyas historias nacionales se intrincaron desde las épocas de los faraones.

La ruta que atravesaba el desierto de Bayuda, es mencionada por el rey Nastasen en el siglo III a. C. En ese territorio se asentó el reinó de Kerma, que floreció entre los años 2500 y los 1500 a. C. Si se quisiera ir más atrás, podría referirse al “cráneo de Singa”, encontrado a orillas del Nilo Azul, representa un espécimen temprano del Homo Sapiens datado en aproximadamente 130.000 a.C. Más aún, herramientas de la cultura Olduvayense; En el desierto de Bayuda se han descubierto herramientas de piedra que datan de entre 2,6 y 1,7 millones de años y represen la industria de herramientas más antigua conocida en el mundo.

Para los estudiosos del conflicto, el cementerio de Jebel Sahaba (también llamado Sitio 177), datado hace 13.400 años, tiene mucho interés. De los 61 esqueletos allí cuidadosamente colocados según los ritos de la época, el 60 %  presentaba heridas por armas arrojadizas, es decir, proyectiles como flechas o lanzas de piedra. Estos corresponden tanto a adultos hombres y mujeres, como también a niños.

Las puntas de flecha se encontraron dentro del volumen de los esqueletos, en algunos casos, varias en cada individuo. Eran armas eficaces y su objetivo era causar la muerte. Estaban diseñadas para penetrar en el cuerpo humano y causar daño interno y hemorragias. Tenían puntas planas para generar filos laterales y oblicuos, que al penetrar el cuerpo pudieran desgarrar y lacerar internamente. A su vez, los proyectiles también tenían la suficiente fuerza y dureza para astillar y romper huesos.

Es considerado la evidencia más antigua de violencia sistémica y organizada entre grupos diferentes (por otro lado, la violencia punitiva, intragrupo, suele ejercerse con un arma de contacto, un objeto romo, como una maza o un hacha). Los enterrados en el Sitio 117 sugieren que murieron en emboscadas, incursiones y ataques indiscriminados, que tenían por objetivo el exterminio, en el contexto de los cambios climáticos al final del Pleistoceno, cuando se redujeron las áreas de caza – recolección. Una lucha por los recursos que motivó una “guerra” de atrición de largo aliento. Un hecho notable es que se encontraron esqueletos que mostraban huesos reparados de heridas similares, lo que llevó a pensar que este enfrentamiento entre tribus era permanente. 

Hay varios elementos similares a los conflictos modernos, tales como tecnología militar preconcebida para fines específicos, planificación de las emboscadas y ataques y la impersonalidad del ataque por un arma arrojadiza. La muerte del otro es un cálculo estratégico, no un desahogo pasional.

La formación del estado moderno

Sudán se independizó en 1956, fue el estado de mayor extensión territorial de África hasta la secesión de Sudán del Sur el 9 de julio de 2011, el país más joven con reconocimiento internacional pleno. Como vimos en el apartado anterior, en su territorio se asentó una de las civilizaciones más antiguas de África, junto con la egipcia: el reino de Kerma. Este duró un milenio y llegó a ser una amenaza para el imperio egipcio, hasta que fue conquistado por los faraones. Después de 500 años, de sometimiento, los nubios resurgieron con el reino de Kush, que duró entre el 1000 a. C. y el 350 de nuestra era.

Kush fue una fuente de hierro en la antigüedad, lo que lo llevó a un agotamiento de los recursos por la tala indiscriminada. El golpe final lo recibió de mano de los etíopes, que saquearon la capital. Al verse asediado se fragmentó en tres reinos nubios: Nobatia, Makuria y Alodia. Como religión oficial estos reinos adoptaron el cristianismo, fomentada por las misiones enviadas por el Imperio Romano de Oriente, el bizantino. Sin embargo, terminaron siendo leales a la Iglesia Copta de Alejandría, luego de que quedaran aislados del resto de la cristiandad, tras la conquista árabe de Egipto en el 640.

Fueron varios los procesos que llevaron a la caída de estos reinos. Al aislamiento se le puede sumar la presión demográfica y política constante de los árabes, mediante la introducción de su lengua y la religión. A la acción de los bereberes nómades se le sumó la acción sistemática desde Egipto, con Saladino y luego los Mamelucos. Para el 1500 caía el último de estos reinos, el de Alodia, ante una confederación de tribus árabes. A su vez, serían derrotados por el Sultanato de Sennar. En 1504 se estableció una unidad política nubia islámica que controló el centro y el norte de Sudán. 

En 1517 el otomano Selim I derrotó al sultanato mameluco en la batalla de Ridaniya, pasando a ser Egipto un eyalet (provincia) del Imperio Otomano. Para evitar toda incursión militar, el sultanato de Sennar se “adhirió” al imperio. Los turcos no estaban interesados en el control territorial de Sudán, sino en la permanencia de las rutas comerciales de oro y esclavos. Para ello dominaban el puerto de Suakin en el Mar Rojo, próximo a Yedda en la península arábiga. Desde estos puertos se proyectaban al océano Índico en la disputa con los portugueses. 

El sultanato de Sennar duraría tres siglos, durante los cuáles se patrocinó la propagación del islam a las aldeas a través de escuelas (hasta entonces había sido un fenómeno palaciego y citadino). La economía del sultanato se mantenía a través del monopolio del oro y de las caravanas. Los movimientos palaciegos, las guerras intestinas y el declive económico ante los comerciantes ricos, debilitaron el sultanato, que fue tomado sin resistencia por Muhammad Alí Pachá en 1821, el valí otomano de Egipto. Con este hecho quedaron vinculadas las historias de estos dos países hasta la independencia de Sudán.

De la mano de Egipto hacia la modernidad

Muhammad Alí Pachá es considerado el “padre” del Egipto moderno. Albanés de nacimiento, fue parte de las fuerzas otomanas que, con ayuda británica, recuperaron Egipto de manos de los franceses en 1801. También llamado “Alí el Genio”m supo sacar rédito al haber estado en el momento justo en el lugar adecuado.

Tal vez la historiografía no haga justicia a la importancia que tuvo la campaña de Napoleón a Egipto y cómo esta determinaría los destinos de la humanidad. Anticipando la modernidad y los tiempos actuales, la campaña napoleónica no fue militar, sino una gran operación psicológica. Junto con su ejército embarcó 160 científicos que fueron a estudiar la antigua civilización egipcia; uno de los grandes descubrimientos de los franceses en Egipto sería la Piedra Rossetta. Poco importó que Napoleón perdiera la flota francesa a manos del almirante británico Nelson en la desembocadura del Nilo; menos aún que Napoleón perdiera por una explosión todo el tesoro de la campaña. Tampoco impactó en la opinión pública que fuera vencido en Acre (Siria) y dejara aislado a su ejército en tierras lejanas. Todo esto pasó como un detalle sin importancia y desencadenó en que la campaña de Napoleón llevara a los otomanos a romper su alianza con Francia y los empujara al bando británico.

Lo que le llegó a la opinión pública fue que Napoleón no era un conquistador, sino un civilizador de sociedades atrasadas. A principios del siglo XIX Napoleón era el faro de la Humanidad, el portador de un Mundo Nuevo, la encarnación misma de la Razón y la Libertad. Esta imagen no se limitaba al pueblo francés, era universal. Cuando F. W. Hegel —uno de los filósofos más influyentes de la Modernidad— vio a Napoleón luego de la batalla de Jena (1806) escribió a un amigo “Vi al Espíritu del Mundo a caballo” («Ich sah den Weltgeist zu Pferde»). Más que los partes de guerra, lo que consumía la opinión pública eran las publicaciones sobre el antiguo Egipto.

Francia estaba convulsionada, amenazada en todas sus fronteras, la Revolución y el cambio de Régimen había puesto a las monarquías europeas en estado de alerta. No había caído un rey, era la monarquía misma la que estaba en en la picota. El nuevo régimen galo necesitaba un líder espiritual y militar; los oradores de la Revolución habían ido pereciendo en la guillotina. El 18 Brumario del calendario revolucionario (9 de noviembre de 1799), Napoleón aprovecharía el prestigio obtenido en su campaña en Egipto para realizar un golpe de estado y ser el Primer Cónsul de Francia.

Nuestra historia no se interesa por los destinos del Emperador, sino por las consecuencias –seguramente no queridas, ni intencionales– de sus actos. El retiro de Francia dejó un vacío de poder que Muhammad pudo y supo aprovechar para su beneficio. Maniobró hábilmente entre las fuerzas en pugna: los Mamelucos, la nobleza egipcia y los otomanos, para que el sultán Selim III terminara por nombrarlo virrey de la eyelat de Egipto en 1805. Su punto de apoyo, en un contexto de caos político, fueron sus disciplinados soldados albaneses.

Alí había comprendido los nuevos tiempos: el poder político material, fáctico, se sostenía y potenciaba con una organización moderna del Estado, con en una burocracia profesional, tanto civil como militar organizada desde un único centro decisor. Pero Egipto estaba gobernado por el estamento de los Mamelucos, que dominaba en base a una organización feudal. Las relaciones de poder eran personales y no había una economía de base monetaria.

Los Mamelucos [1] eran un obstáculo para la visión de Mohammad Alí. El 1 de marzo de 1811 invitó a los príncipes mamelucos a una celebración en la Ciudadela del Cairo (una fortaleza amurallada sede del poder del Valí), para celebrar el inicio de la campaña que llevaría adelante su hijo. El evento comenzó con una recepción en el palacio, donde se concentró la comitiva de los Mamelucos. Luego de deleitarse con los manjares fueron invitados a pasar a otra estancia donde se celebraría el acto principal. Ello requería desplazarse en fila por las calles estrechas de la Ciudadela. Llegado a cierto punto, encontraron una puerta cerrada en el frente y vieron como se cerraba la puerta de atrás. Al levantar la mirada distinguieron la silueta de hombres con fusiles: eran los soldados albaneses que se parapetaban para abrir fuego indiscriminadamente. Mataron a 64 de los Mamelucos; la campaña posterior se cobraría unas tres mil vidas. Con esto iniciaba Muhammad la construcción del Egipto moderno.

Es en este punto donde la historia Universal napoleónica se entronca con la de Egipto, y la historia de este país con la de Sudán, nuestro principal interés en este artículo. Unos trescientos Mamelucos (la décima parte de los originales) que lograron salvarse emprendieron un viaje hacia sur, al sultanado de Sennar. Al llegar a la ciudad de Dongola solicitaron asilo de paso, una vez dentro de las murallas mataron al gobernador y formaron una suerte de microestado dedicado al tráfico de esclavos. 

Muhammad intimó al sultanato de Sennar para que expulse a los Mamelucos, pero este carecía de fuerza para hacerlo. En 1820 para resolver la situación, Alí envió a su hijo al reducto Mameluco, pero estos se rindieron sin más resistencia y obtuvieron permiso para volver a Egipto. Sin embargo, el contingente continuó con su objetivo principal que era conquistar Sudán, para obtener de él oro y soldados esclavizados —elementos necesarios si quería Alí suplantar al imperio Otomano—. En 1821 capturaron Kordofá y terminaron con el sultanato. Así quedó conformada lo que se denominó la Turkiyya. 

Muhammad Alí no lograría su objetivo de máxima, no reemplazaría a Estambul por el Cairo como sede del Imperio. Sus conquistas, que abarcaron Medio Oriente, parte de la Península Arábica, Chipre y Grecia, impacientaron a las grandes potencias, especialmente a los británicos que temían que se desestabilizara la región. Lo detuvieron cuando avanzaba por Siria hacia el norte, como compensación, le reconocieron el gobierno hereditario de Egipto (así fue el fundador de la dinastía Alawiyya, llamada como “Dinastía Jedival” porque sus gobernantes ostentaron el título de Jedive), aunque debió terminar los monopolios estatales y abrir el país al comercio… británico.

Sin la voluntad ni la visión del fundador de la dinastía, los sucesores de Alí se dedicaron a administrar la herencia recibida. El inicio de su debacle se encuentra en la construcción del Canal de Suez, que lo llevó a incurrir en una deuda externa (con Gran Bretaña) que resultaría impagable. En la carrera hacia la modernidad los gobernantes utilizaban este medio para financiar obras de infraestructura y de paso para sostener una vida fastuosa.

Ismael Pachá “el Magnífico”, que ocupó el gobierno entre 1863–1879, se vio forzado a vender acciones egipcias del Canal de Suez a Gran Bretaña. Durante este gobernante la deuda pasó de 3 a 90 millones de Libras Esterlinas (los ingresos anuales del país eran de ocho millones). Egipto se declaró en banca rota y Francia y Gran Bretaña asumieron el control de los ingresos del país. El Magnífico fue depuesto por el Sultán otomano en favor de su hijo Tewfik (1879–1892).

Este gobernante se vio en la oprobiosa situación de tener que colocarse bajo el mando protector de las flotas británica y francesa ante el levantamiento nacionalista liderado por el coronel Ahmed Urabi. Esto resultó, no solo en el bombardeo de su propio país (ciudad de Alejandría), sino en la derrota de los nacionalistas en Tel-El-Kebir y el comienzo de un velado protectorado británico. Con esto también tomaban control del Sudán, que era una colonia egipcia.

La formación de Sudán

Muhammad Alí y los británicos dieron forma y configuraron al Sudán moderno. Alí fundó Jartum, la actual capital del país, como puesto militar en la confluencia del Nilo Blanco y el Azul, y desde allí se centralizó la administración del territorio. Introdujo la propiedad privada y las leyes de herencia islámica, lo que afectó a los líderes tribales tradicionales.

La organización instaurada por Alí concentró territorialmente el poder en el centro, en el eje fluvial del Nilo, para integrar allí las demás regiones en una lógica centro-periferia. Darfur, Sudán del Sur, Sudán del Este, Kordofán; así quedó conformado Sudán internamente con una lógica extractiva de recursos de la periferia hacia el centro. De hecho, fue tan severo el sistema de recaudación de los egipcios —que prácticamente era confiscatorio— que provocó una revuelta en la que murió Ismail, el hijo de Alí.

En paralelo a la historia de Egipto que fuimos relatando, la influencia británica en Sudán también sería creciente y culminaría en el establecimiento del Condominio Anglo-Egipcio sobre Sudán en 1889. Este, entre otras cosas, establecería la frontera entre ambos países en el paralelo 22 º. La influencia británica se haría sentir desde muy temprano mediante actos materiales, especialmente a través de administradores contratados para “civilizar” a las tribus africanas.

Estos gobernadores se encargaban de los negocios británicos y de brindar apoyo a las campañas exploradoras hacia el nacimiento del Nilo, que seguía siendo parte del Imperio Otomano. Más adelante, en 1870, los turcos expidieron hacia el sur el dominio hasta la provincia de Ecuatoria, situada al sur de lo que actualmente es Sudán del Sur. Para ello, comisionaron a Samuel Baker como administradores de provincias y para combatir el tráfico de esclavos. El control de Sudán y la exploración del sur se consolidó con la acción de C. G. Gordon “Pachá”.

Los administradores británicos venían acompañados de misioneros cristianos, que fundaban iglesias y escuelas para enseñar el inglés. No se trataba únicamente de un acto de caridad, sino un medio de contrarrestar la influencia islámica y arabizante en el sur del país; algo que en la historiografía denominaría la política británica de “dividir para reinar”. De todas formas, estas diferencias ideológicas se asentaban en profundas diferencias sociales, territoriales y tribales: los arabizados musulmanes del norte se establecieron en una posición de superioridad respecto a las tribus africanas del sur, tanto cristianos como animistas.

Para 1880 la presión turco-egipcia-británica sobre el Sudán para la extracción de recursos era insoportable (en paralelo los ingleses buscaban suprimir el tráfico de esclavos, fuente de ingresos de las élites locales). El 29 de junio de 1881 el clérigo Muhammad Ahmad se proclamó el Mahdi (“el guiado”) y, bajo la bandera de la religión, se levantó en armas contra los extranjeros. En 1885, luego de varios combates exitosos, tomó Jartum y decaouta a Gordon Pachá e instauó un Estado independiente. Esta voluntad independiente fue aplastada por el mismo Herbert Kitchener, que sería Secretario de Guerra del Estado en la Primera Guerra Mundial, en la Batalla de Omdurmán de 1898, donde murieron 11.000 mahdistas.

El Condominio Anglo-egipcio (1899–1956). Nominalmente Sudán volvió a manos anglo-egipcias, ambas banderas se izaban en Jartum, pero en los hechos era una colonia británica. Así, se profundizó la política de dividir para reinar, administrando el sur africano y cristiano de forma separada al norte árabe-musulmán. Por ejemplo, se prohibió la circulación de personas entre ambas zonas, así como la lengua y la religión. En el norte los cristianos no podían evangelizar, hacia el sur había una barrera política (y física) que los arabizados no podían traspasar.

En este período, Sudán, o sea, los británicos, fueron definiendo las fronteras. Ya vimos que en 1899 se fijó el límite norte con Egipto; en 1902 se firma el Tratado Anglo-etíope (sic), 605 km de frontea trazados por un ingeniero británico; entre 1941 y 1952 ambos países estuvieron bajo dominio británico, la Corona llegó a proponer repartir a Eritrea entre Sudán y Etiopía (uno de los propósitos era afectar los antiguos Mahdistas, aumentando el número de sufíes Khatmiyya, más cercanos a la política egipcia).

En 1916 los británicos derrotaron al último sultán de Darfur y lo anexaron al territorio de Sudán. Entre 1910 y 1924 por intercambio de notas con Francia – que dominaba la África Ecuatorial Francesa– se establecieron los límites con los actuales Chad y la República Centroafricana. En 1934 Gran Bretaña cedió el triángulo de Sarra a Italia (noroeste y frontera con Libia); se consideraba una tierra desértica sin valor y una forma de apaciguar a Benito Mussolini.

El Gobernador General era británico, como los funcionario de altos cargos en la administración civil y militar. Así, se consolidó una burocracia moderna donde los puestos medios fueron ocupados por egipcios y los más bajos por sudaneses. Se profundizó la política de puerta cerrada entre el norte y el sur; se benefició al norte con inversiones de infraestructura y economía, lo que profundizó aún más las diferencias políticas, económicas y sociales entre ambas regiones.

En la década de 1920 surgió el nacionalismo sudanés moderno con la Liga de la Bandera Blanca. Llegó a realizar demostraciones en Jartum y otras ciudades que fueron duramente reprimidos. En 1924 el gobernador general de Sudán Sir Lee Stack en 1924 fue asesinado por nacionalistas egipcios. Esto fue la excusa de los británicos para correr definitivamente a los egipcios del dominio sobre Sudán.

El Sudán independiente

En 1952 se produjó el golpe de los “Oficiales Libres” en Egipto. Entendieron que, si querían impulsar la salida de Gran Bretaña de la Cuenca del Nilo, Egipto debía renunciar a su pretensión de soberanía sobre Sudán. En 1953 ambos países firmaron un pacto que le concedía a Sudán la autodeterminación. En 1955 se aprobó en el parlamento sudanés la independencia que proclamó la República el 1 de enero de 1956. En noviembre de 1958 Ibrahim Abboud tomó el poder mediante un golpe de Estado, que se perpetuó hasta 1964.

Este país no fue necesitó de una guerra para independizarse. Peor aún, al momento de hacerlo ya se encontraba en una guerra civil. El 18 de agosto de 1955 los soldados del Cuerpo del Sur del Ejército mataron a sus oficiales (norteños), ante la orden de trasladarse al norte (temían se rejecutados). Uno de los factores que nutrió esta guerra fue que el gobierno árabe de Jartum no cumplió la promesa de un Estado federal. Esta guerra, que por parte del sur tuvo una forma híbrida y de baja intensidad, duró hasta 1972, cuando se le dio a este cierta autonomía. Sin embargo, la imposición de la Sharía en 1983 y el incumplimiento de lo pactado motivó a que se retomaran las hostilidades, también mediante la sublevación de una unidad militar.

Las reservas de petróleo descubiertas desde 1980 comenzarían a jugar un papel cada vez más importante en estos enfrentamientos (hubo compañías privadas occidentales que financiaron a alguno de los bandos). Esta segunda guerra duraría hasta el 2005, y sería el antecedente que llevaría a la secesión de Sudán del Sur en 2011. En esta segunda etapa también influirían subrepticiamente terceros países, especialmente mediante la provisión de armamento. 

En 1989 Omar al-Bashir realizó un golpe de Estado apoyado por el Frente Nacional Islámico (luego Partido del Congreso Nacional), basando su poder en una ideología islamista. Esto implicaba en un gobierno teológico sustentado en la sharia, donde se abolieron los partidos políticos, los sindicatos y los medios de comunicación. Una de sus políticas era la extracción de recursos del sur y del oeste para financiar el presupuesto central y los servicios públicos urbanos de Jartum, y evitar así las protestas. Una de las políticas de este gobierno fue la persecución religiosa, política y étnica. Luego de la secesión del Sur, perdió un 75 % de la renta petrolera; en 2019, cuando suspendió los subsidios (no fue el motivo, pero sí el detonante), su gobierno cayó.

Muy breves conclusiones para una breve historia

Visto desde la escritura de este artículo, el período 2019 parece haber sido la transición a una nueva guerra civil, cuya situación es tratada en el siguiente artículo. Desde la independencia la guerra parece haber sido la situación habitual en Sudán. 

Dos factores parecen favorecer esta situación: primero, la frontera del país fue establecidas por potencias coloniales con criterios no solo de beneficio e interés propio, sino que se manejaron como si se tratara de un dominio privado. Esto es: para Gran Bretaña, el territorio, los recursos y las personas eran tratados como si fueran una propiedad; las fronteras fueron dispuestas sin considerar la realidad social, étnica, religiosa, económica de las comunidades que habitaban.

El segundo: luego de la independencia se replicó el mismo orden extractivo centro-periferia. Solo que el centro se trasladó a Jartum (y al norte del río Nilo) en perjuicio del resto de las regiones del este y del sur. La infraestructura y las inversiones se centralizaron en el centro político, mientras que las riquezas se extraían del interior. Una de las formas que tomó este dominio centro-periferia fue la imposición de la sharia, no solo como hecho religioso, político, sino como elemento para consolidar algo cercano a una identidad nacional.

Sudán es un país diverso con grandes diferencias regionales, étnicas, religiosas y económicas. Un orden descentralizado, un país federal, con instituciones que acepten las diversas identidades y den cause al conflicto serían elementos que le permitirían una transición democrática y el imperio de la paz.

Notas

  1. Los Mamelucos están relacionados lejanamente con la Independencia argentina. Fueron parte de las fuerzas francesas que llevaron al levantamiento del pueblo de Madrid del 2 de mayo de 1808, momento que quedó inmortalizado por Goya en la obra La carga de los Mamelucos.