¿Por qué ahora?
El interés por el uranio en Paraguay no es nuevo, las primeras exploraciones a gran escala se realizaron entre 1976 y 1983. Estuvieron suspendidas hasta 2006, cuando se reactivaron brevemente; luego de una pausa, hasta hace tiempos recientes, volvieron al ruedo. El uranio tiene una multiplicidad de usos. Para simplificar, se puede hacer una división de usos que distingue los fines bélicos de los civiles (energéticos, medicinales e industriales).
Como firmante del tratado de no proliferación Paraguay, e inclusive, por su estatura geopolítica en relación con Argentina y Brasil, las posibilidades de una aplicación bélica directa del material nuclear (el desarrollo de explosivos nucleares) son ínfimas, casi nulas. Ello no debe descartar prima facie el hecho de que la exportación del material nuclear a otros países pueda resultar en un uso bélico del uranio, sea como material fisible o en los usos de la industria militar; esto pone el foco en el sistema de alianzas del Paraguay y los potenciales interesados.
Comportamiento histórico
Si el comportamiento futuro de un actor se puede deducir de su comportamiento pasado, conocer la relación del Paraguay con la energía nuclear nos puede dar un primer indicio de sus propósitos y actividades futuras[1]. Veamos primero algunas diferencias: Argentina creó la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA) en el año 1950[1] con el objetivo progresivo de realizar un desarrollo autónomo de la energía nuclear, desde la extracción hasta su aplicación directa en energía y medicina. Brasil en el 1956 crea la CNEN (Comissão Nacional de Energia Nuclear) con los mismos fines.
Ambos países dominaron la tecnología nuclear, llegando a producir tanto combustible como centrales. En el caso de nuestro país, el desarrollo llevó a la creación del Instituto Balseiro, que no solo forma científicos y técnicos, sino que desarrolla tanto investigación básica, como desarrollo de productos para la aplicación del material nuclear, al punto de realizar diseños y proyectos propios de reactores nucleares, como es el caso del CAREM[1] (esto último en conjunción con el INVAP).
Paraguay, por su parte, creó en 1965 la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA), pese al nombre no cumple el mismo rol que sus homónimas vecinas. Comenzó funcionando en el ámbito del Ministerio de Relaciones Exteriores, pero en 1991 pasó al ámbito universitario, ubicándose desde 2005 bajo la Dirección General de Investigación Científica y Tecnológica (DGICT) de la Universidad Nacional de Asunción. El organismo más cercano a la CONEA, aunque más limitado en funciones es la Autoridad Reguladora Radiológica y Nuclear (ARRN), que es el encargado de la regulación de la producción y uso de material fuente de radiación ionizante que fue creado en funciones el mismo año (2014) en que Atucha II se conectaba a la red nacional de alta tensión.
Entonces, Paraguay no ha mostrado en su historia un gran interés particular en el desarrollo científico y tecnológico nuclear. Sin embargo, a mediados de la década del ’70 se realizaron actividades de prospección y exploración para la explotación del uranio; actividades que en su momento estuvieron ligadas a la producción de combustible nuclear para centrales eléctricas de terceros países.
El país “iluminado”
El país guaraní tiene una posición geográfica relativa favorable que le permitió aprovechar una sociedad con sus vecinos, Argentina y Brasil, para contar con dos represas en un mismo río, el Paraná. En ambos proyectos se aprovecha del 50% de la producción total, lo que le equivalió a 36 TWh de Itaipú y unos 10 TWh de Yaciretá para el 2025[1] (los valores pueden cambiar año a año según las condiciones hidrológicas de la Cuenca del Plata). El consumo de energía eléctrica de Paraguay es en promedio de unos 14 TWh, lo que se acerca a un 30% de su cuota total binacional combinada; la producción restante la vende a sus socios[1].
Si bien el director de la ARRN declaró que Paraguay precisa diversificar su matriz de producción eléctrica, en el corto mediano plazo Paraguay no precisa impulsar el desarrollo de centrales nucleares. Esto es así, inclusive si mantiene el crecimiento del consumo actual. En los últimos treinta años pasó de consumir 5 TWh promedio a 15 TWh. Con el crecimiento del sector industrial, impulsado en parte por industrias electro intensivas, como la metalúrgica y las aleaciones, producción de cemento y cal, la agroindustria, y un nuevo tipo de la minería, que nada tienen que ver con el uranio: las criptomonedas. Esta es la actividad que más consume por unidad de superficie, se estima que consumen como mínimo 1 TWh[1].
En la siguiente tabla se pueden ver los consumos y el destino de la energía eléctrica entre estos países:
Todo está en el precio
El interés y la motivación de la explotación de uranio en Paraguay está en el precio, como se puede ver en el siguiente gráfico. El precio del uranio depende de cantidades y volúmenes de lo que se produce como de lo que se demanda, como cualquier otro bien de la economía. Solo que este mineral, por el temor a las consecuencias de cualquier accidente, es muy sensible a “prensa” del momento. En los finales de los 60 y mediados de los 80, en el contexto de la crisis del petróleo, la promesa de una fuente alternativa de energía, junto con la mística de la energía nuclear había encandilado a la sociedad y a las clases dirigentes. La energía nuclear representaba uno de los máximos logros de la humanidad, era el dominio del hombre sobre el átomo.
Esta imagen triunfalista de la energía nuclear iba a morir en los escombros radioactivos del accidente Chernóbil. De un día para el otro se cancelaron decenas de proyectos de centrales nucleares; se incrementaron los estándares internacionales de seguridad, y con ello los costos); y el movimiento social antinuclear se hizo masivo. Esto afecto a Europa occidental, menos a Francia que tenía sendas explotaciones de uranio en Níger. En Asia, tanto Japón como Corea, continuaron con su programa nuclear, que resolvía a estos países su escasa fuente de obtención alternativa.
En 2005 se produjo un renacer de la energía nuclear para la generación de energía eléctrica, impulsado por el cambio climático ya que las centrales emiten cero gases de efecto invernadero. Esta tímida vuelta, iba nuevamente a verse tapada por una ola gigante que golpeó la central de Fukushima en 2011 y liberó material radioactivo al ambiente. Nuevamente hubo un retroceso. Alemania, por ejemplo, en el marco de su Energiewnde[7], optó por eliminar la energía nuclear, su última planta operativa cerró en 2023. En Italia un referéndum le dijo “no”. El precio del mineral se desplomó en 2016, llegó a tocar el piso con un valor de USD20 por libra. Entre 2017 y 2020 cerraron minas por inviabilidad económica.
En 2021 y, sobre todo, en 2022 ingresamos en un nuevo mundo, por más que no seamos aún conscientes de ello. El régimen jurídico internacional surgido de la Segunda Guerra Mundial se resquebrajó. El orden mundial parece estar derivando a un multilateralismo, o más bien, fragmentándose en áreas de influencia. El conflicto entre Rusia y Ucrania derivó en una crisis energética, y las tensiones entre EUA y China provoca una carrera por la garantía de la provisión de recursos naturales estratégicos para la “economía digital”. Nos referimos tanto para el hardware (específicamente tierras raras) como para el software (que para correrlo necesita una fuente de energía estable permanente).
Este “nuevo mundo”, o técnicamente, la reconfiguración profunda del orden mundial es lo que está detrás de la reactivación de la explotación del uranio en Paraguay. El precio hace a los proyectos de explotación rentables. En 2024 el valor alcanzó los 100 USD/lb. Para 2019 se calculaba que los precios operativos de la extracción de uranio en Paraguay estaban en los USD32 la libra[7]. Para un desarrollo local, el negocio se justifica con una rentabilidad de un 30 %, aunque para las grandes mineras (que mueven otros volúmenes), la ganancia esperada es del 5 % de retorno de la inversión.
Hambre de electricidad
Como ya vimos en otra ocasión, la transición energética supone varias fuentes alternativas a la hidrocarburífera: la hídrica y la eólica. Sin embargo, no es solo el cambio de fuentes lo que presiona sobre la matriz energética, hay una tecnología emergente que tiene un hambre voraz por la energía eléctrica. ¿Cuál? Hay que buscar la respuesta en la inteligencia artificial (IA).
No, no estamos sugiriendo al lector que le haga una consulta a algún chat de IA, sino que es esta misma tecnología la que consume ingentes cantidades de energía eléctrica. Un sencillo prompt equivale a encender una lamparita LED de 10 W por dos minutos (por ejemplo, el prompt “cuánto consume este prompt en watts”). Si el prompt solicita la creación de imágenes, el consumo se eleva considerablemente. Se estima que solo ChatGPT realizan unos 2500 millones de consultas por día[7]. Imagínese el lector el consumo sumado de todas las aplicaciones digitales en conjunto y verá que el número a nivel mundial es relevante.
Veamos lo siguiente: las aplicaciones que operan en la nube se nutren de dos infraestructuras, los centros de datos y los de procesamiento. Respecto a los primeros, se estima que por año se producen 150 zettabytes anuales, una cifra que escapa la posibilidad de pensarla. Para tener una referencia, se trata de 6 millones de discos duros con una capacidad de 25TB cada uno (los de mayor capacidad en el mercado).
Gran parte de la capacidad de almacenamiento de la nube se encuentran en los centros de datos a hiperescala (hyperscale) —a esto se suman todos los medios de almacenamiento distribuidos que existen en el mundo, desde los celulares, tablets, laptops, servidores propios de organizaciones, etc—. Los centros de datos precisan de energía constante con alta disponibilidad, baja variabilidad (24/7 como se dice en la jerga), además de la redundancia de la red. Un centro de datos puede consumir hasta 300 MW de potencia continua.
El consumo el almacenamiento de datos es el menor término de la ecuación de consumo, mayor demanda eléctrica tienen clústeres de procesamiento de IA, que constituyen áreas especializadas con un consumo por metro cuadrado entre cinco y diez veces mayor. Estos centros de procesamiento hacen uso intensivo de GPU, con un factor de carga mayor, lo que requiere a su vez mayor requerimientos de refrigeración.
Para cerrar este apartado y dar dimensión a lo que estamos tratando, debemos decir que la Argentina consume unos 150 TWh por año, mientras que los centros de datos consumieron en el 2025 unos 450 TWh al año (medida más conservadora), se proyecta que estos consumirán unos 800-1000 TWh en 2030. En un contexto de competencia estratégica que tiene a la inteligencia artificial como el vector de desarrollo, asegurar las fuentes de energía será crucial para garantizar la supervivencia.
Las centrales nucleares se presentan como una fuente adecuada de energía eléctrica, son limpias, en el sentido que no emiten CO2 a la atmósfera, y su servicio es confiable en términos de estabilidad y continuidad. Por otro lado, se están desarrollando reactores modulares pequeños (SMR por siglas en inglés de Small Modular Reactor), que podrían ser más económicos y sencillos de operar.
¿Por qué el uranio?
El uranio es un metal pesado radioactivo de la familia de los actinios, lo más bajo de la tabla periódica. Su formación comienza en las estrellas. Que sea radioactivo significa que emite energía que precisa de una forma de ser “captada”.
En la naturaleza existen varios elementos radiactivos además del uranio, como el isótopo potasio-40 (K-40), el torio y diversos elementos de la serie de los actínidos presentes en cadenas naturales de desintegración. Tanto el uranio como el torio son elementos primordiales: se formaron antes del nacimiento del sistema solar en eventos astrofísicos extremos, como supernovas o fusiones de estrellas de neutrones, mediante procesos de captura rápida de neutrones.
A diferencia de los elementos más livianos, que se sintetizan en el núcleo de las estrellas por fusión nuclear, los elementos más pesados que el hierro requieren estos procesos estelares explosivos. El uranio presente hoy en la Tierra se encuentra desde su formación y ha ido decayendo radiactivamente a lo largo del tiempo geológico. La física nuclear también elementos transuránicos como el neptunio, el plutonio, el americio y el curio. El plutonio es el de mayor relevancia estratégica, tanto en aplicaciones civiles como militares, aunque otros, como el americio, también tienen usos tecnológicos en ámbitos industriales y comerciales.
Sin embargo, el uranio presenta varias características que hacen factible su utilización para la producción de energía. su isótopo U-235 es fisible con neutrones térmicos, lo que permite sostener una reacción en cadena controlada; posee una densidad energética extremadamente alta en comparación con los combustibles fósiles; se encuentra en concentraciones explotables en la corteza terrestre; puede enriquecerse hasta niveles adecuados para uso civil; y cuenta con una tecnología industrial madura que permite su manipulación, fabricación en combustible y gestión bajo estándares de seguridad consolidados.
Como vimos, el uranio decae naturalmente (de ahí que sea un elemento intrínsecamente radioactivo), este decaimiento puede ser controlado mediante el bombardeo de neutrones; sin embargo, se produce la reacción en cadena. Esto puede ajustarse para que produzca la reacción en una relación uno a uno. Por cada átomo que decae, provoca el decaimiento de un único átomo, y así sucesivamente. Este factor de decaimiento k puede ser menor a cero, con lo que el proceso se estabilizaría en un mínimo; puede estar equilibrado (k=1), o puede ser crítico, esto es, llevar a una reacción descontrolada que libere muchísima energía en un instante.
Extracción, procesamiento y uso
La industria del uranio está consolidada en todas las etapas del combustible nuclear. El material se ampliamente distribuido en la corteza terrestre en distintas concentraciones y formas mineralógicas. Cada explotación tiene tanto aspectos geológicos, como políticos[7] que hacen su explotación rentable. En este apartado trataremos la extracción del material, procesamiento y uso; en el próximo, los aspectos políticos propios del Paraguay.
Dependiendo de su configuración geológica, profundidad y ley del mineral, el uranio puede extraerse mediante minería a cielo abierto, minería subterránea o técnicas de recuperación in situ (ISR). La minería a cielo abierto se aplica cuando el yacimiento se encuentra próximo a la superficie y permite remover grandes volúmenes de material con menores costos unitarios; la minería subterránea se utiliza en depósitos más profundos y concentrados, donde la extracción selectiva resulta económicamente viable; mientras que la recuperación in situ consiste en inyectar soluciones lixiviantes en el subsuelo para disolver el uranio y extraerlo sin remover grandes volúmenes de roca, método que reduce la huella superficial pero requiere condiciones hidrogeológicas específicas.
La explotación con este método requiere menor capital inicial y costos operativos que con los otros dos. Se hace mediante campos de pozos lo que permite un desarrollo modular y progresivo: el yacimiento puede dividirse en bloques operativos que se activan en función de la evolución del precio internacional del UO y de la performance técnica del lixiviado. La explotación está condicionada a que el cuerpo mineralizado se encuentre alojado en acuíferos permeables, hidráulicamente confinados y no destinados al abastecimiento de agua potable, ya que el control del flujo de soluciones lixiviantes y la posterior restauración química del acuífero son determinantes para la viabilidad técnica y regulatoria del proyecto.
El proceso comienza con la extracción del mineral de uranio, que se concentra mediante procesos químicos hasta obtener un concentrado conocido como yellowcake, compuesto principalmente por óxido de uranio (UO). Este material se convierte posteriormente en hexafluoruro de uranio (UF), una forma gaseosa que permite su enriquecimiento mediante centrifugación, proceso en el cual se incrementa la proporción del isótopo U-235 hasta aproximadamente un 3–5 %[7] para uso en reactores comerciales. Una vez alcanzado el nivel requerido, el material se reconvierte en dióxido de uranio (UO), se compacta y se sinteriza a alta temperatura para formar pequeños pellets cerámicos, que constituyen la base del combustible nuclear.
Los pellets de dióxido de uranio se introducen en tubos metálicos de varios metros de longitud, formando barras de combustible; estas barras se agrupan en elementos combustibles, y el conjunto de ellos constituye el núcleo del reactor. Cuando un neutrón impacta sobre un átomo de U-235, se produce una fisión nuclear —no fusión— que divide el núcleo en fragmentos más livianos, liberando una gran cantidad de energía en forma de calor y nuevos neutrones que sostienen la reacción en cadena. Esta reacción es controlada mediante barras absorbentes que capturan neutrones y sistemas de regulación que mantienen estable la potencia del reactor. A diferencia de una bomba nuclear, donde la reacción en cadena ocurre de manera descontrolada y explosiva, en un reactor la liberación de energía es gradual y regulada. El calor generado por la fisión eleva la temperatura del combustible, transfiriéndose a un sistema de refrigeración que calienta agua para producir vapor; este vapor impulsa turbinas conectadas a generadores eléctricos, produciendo así energía eléctrica.
Reservas de uranio en Paraguay y su explotación
Hicimos todo el desarrollo anterior porque los yacimientos de uranio en el Paraguay no son una novedad, no es un descubrimiento reciente. No teniendo un desarrollo autónomo científico técnico en la materia, ni centrales nucleares, la explotación de estos yacimientos se justifica por motivos eminentemente económicos y con miras a los mercados de exportación. Estando el precio del uranio está en alza por factores estructurales (con una proyección a largo plazo), lo que necesita Paraguay es resolver la otra parte de la ecuación, disponer de las condiciones políticas, diplomáticas, económicas y regulatorias apropiadas para este tipo de actividad.
Esta es la parte que Paraguay debe resolver si desea hacer del uranio una fuente de ingreso: los yacimientos de uranio del país no tienen grandes ventajas competitivas para el mercado, la ley del mineral tiene con un promedio estimado del 0,04 % promedio de U3O8. Canadá tiene explotaciones excepcionales donde esta supera el 20% (en la cuenca de Athabasca); Kazajistán, el principal productor mundial con 23000 toneladas y el 40% del mercado, opera yacimientos que van desde 0,03–0,10 % u/lb. Una ventaja para Paraguay es que su geología permitiría extracción por medio de ISR; geología que depende de condiciones hidrogeológicas estrictas, como la existencia de acuíferos confinados, adecuada permeabilidad y control hidráulico[12].
La exploración de las reservas de uranio en el Paraguay se inició a mediados de la década del ’70. Los trabajos se extendieron entre el 76 y el 83, cuando se suspendieron por la baja del precio del metal pesado. En esa oportunidad, las operaciones corrieron por parte de la corporación americana Anschutz, junto con Korea Electric Power Corporation y Taiwan Power Company[13]. En esta ocasión se cubrieron 220.000 km2 de reconocimientos radiométricos aéreos y 123.500 de metros lineales de perforación en 830 hoyos de perforación diamantina y rotatoria. Los resultados indicaban mineralización con parámetros técnicos compatibles con explotación mediante métodos ISR; sin embargo, la caída del precio internacional del uranio en 1983 redujo la viabilidad económica del proyecto y llevó a la suspensión de las actividades exploratorias.
Luego de esta experiencia el tema no tuvo movimiento hasta 2006 en que se renovó el interés por la prospección del uranio y otros minerales por la proyección al alza de los precios de los recursos primarios en general. Considerando la nueva demanda de productos mineros, Paraguay aprobó un Código de Minería en el año 2007 (el código argentino es de 1911). Si bien los mercados mineros se ampliaron a un sinnúmero de productos, litio, tierras raras, etc. el único producto que explota comercialmente el país es el oro[14].
En lo que respecta al uranio, entre 2006 y 2008 se realizaron sendas prospecciones tanto en Yuty como en Oviedo. La crisis económica mundial del 2008 y el accidente de Fukushima en 2011 que afectó los proyectos de inversión a nivel mundial; se suspendieron proyectos tanto en EUA, Canadá y Australia. Kazajistán continuó operando por su bajo costo. De estas prospecciones se estimó que de Yuty se podrían extraer unas 8.000 a 9.000 toneladas de uranio y de Oviedo 1.000 a 3.000 toneladas.
Un contexto favorable
Las interrupciones de los flujos comerciales mundiales y la conformación de “áreas de influencia” lleva, entre otras cosas, a que las grandes potencias busquen asegurarse recursos estratégicos. En efecto de esto es que se altera el funcionamiento de los precios y la disponibilidad; por ejemplo, China, gran productora de tierras raras, busca limitar el suministro a ciertos países de occidente.
Paraguay se encuentra en camino de brindar las condiciones favorables para el desarrollo de la minería, dentro de esta apuesta estratégica se encuentra el uranio. Por un lado, se encuentra revisando el Código de Minería para hacerlo favorable a la inversión extranjera, por otro lado, estrechó su alianza con Washington en este aspecto. El 4 de febrero de 2026 Paraguay firmó un memorándum de entendimiento con EUA sobre minerales críticos; el título de la publicación informativa del Ministerio de Relaciones Exteriores fue “Paraguay refuerza alianza con EE.UU. y se suma a iniciativa sobre minerales críticos”[15] –dejando en clara su posición geopolítica–. Rezó el comunicado: El acuerdo incluye el aprovechamiento de herramientas políticas existentes, tales como la demanda industrial y la infraestructura de almacenamiento de los Estados Unidos, así como las reservas estratégicas de Paraguay.
Hoy Paraguay estaría en una posición favorable para explotar sus depósitos de uranio, el gobierno tiene conciencia de esto y se encuentra trabajando para crear un “clima favorable” para las inversiones. Dispone de una alianza histórica de primer nivel con los Estados Unidos de América, un país que se encuentra en proceso armado de un área propia de influencia que le garantice el suministro de recursos críticos (estratégicos) a futuro. En la nueva economía digital, hambrienta de energía eléctrica, el uranio es uno de ellos.
Notas
- odas las alertas en este caso deben estar en, en caso de realizarse tal explotación: ¿se podría afectar al Acuífero Guaraní? Este podría ser un motivo de disputa entre Paraguay y sus vecinos. ↩
- Paraguay es el único país de Sudamérica que reconoce a Taiwán como país soberano. ↩
- La minería representa el 0,3% del PBI; para sus vecinos Argentina y Brasil tampoco es un rubro significativo; cobra mayor relevancia para los países andinos. ↩
- mre.gov.py/paraguay-refuerza-alianza-con-ee-uu-y-se-suma-a-iniciativa-sobre-minerales-criticos ↩
- Esta proposición es válida siempre que un hecho no produzca un cambio en el curso normal y ordinario de los hechos; por ejemplo, si el Paraguay tuviera un líder revisionista del statu quo regional, que hoy no es el caso. ↩
- El año pasado se cumplieron 75 años de ciencia y tecnología nuclear para nuestro país. ↩
- Inclusive ha exportado reactores de investigación. ↩
- Nota para destacar: Itaipú se ubica entre las tres represas del mundo en capacidad productiva. ↩
- Los datos que presentamos son promedios aproximados, el valor año a año pueden variar. Para el consumo de Paraguay ver datosmacro.expansion.com/energia-y-medio-ambiente/electricidad-consumo/paraguay ↩
- El presidente de ANDE declaró que el consumo para el 2025 requeriría lo producido por una turbina y media de Itaipú. criptonoticias.com/mineria/mineria-bitcoin-paraguay-no-afecta-la-electricidad-ande ↩
- NE: traducción de transición energética. ↩
- ZEVACO, Sarah. La minería en Paraguay. BASE Investigaciones Sociales, p. 135. ↩
- businessinsider.es/tecnologia/chatgpt-procesa-2-500-millones-mensajes-dia_6529764_0.html ↩
- Por políticos nos referimos no solo a la máxima decisión de un estado, sino a las relaciones internacionales, a los factores económicos, financieros, regulatorios, cadenas logísticas y comerciales etc. ↩
- Este proceso es el mismo que se realiza para la aplicación bélica de la energía nuclear, por ello, una de las discusiones del plan nuclear iraní rondaba en la cantidad de centrifugadoras que podía instalar y el gran de enriquecimiento que podía alcanzar el material. ↩