Una relación de historia
Desde la época imperial hasta el siglo XXI, el estado y las Fuerzas Armadas de Brasil han valorado el conocimiento indígena en torno a la selva amazónica. La destreza para moverse en el espacio frondoso, el manejo de la navegación fluvial, el conocimiento de los dialectos y mediación cultural. Esto se debe a que la mayor parte del territorio brasilero está cubierto del manto selvático, la vegetación que condiciona la manera de vivir, de comunicarse y de moverse de los que la habitan. Como para dimensionar su importancia, en la actualidad los indígenas representan alrededor del 70% de los 1400 soldados de la 2a Brigada de Infantería de selva (unidad especializada en ese ambiente geográfico particular).
El territorio del Brasil abarca más de 8 millones de km2, desde su punto septentrional más extremo en la frontera con Guyana hasta el meridional en Río Grande do Sul, desde el occidental en la frontera con Perú hasta el punto oriental en Espíritu Santo. El relieve se divide en llanuras, mesetas y depresiones, pero su punto más alto no supera los 3000 m. Esto permite que se presente una diversidad de paisajes como playas, morros y acantilados, y especialmente la selva tropical.
Por sus características la selva tropical es un escenario complejo para las operaciones militares; la densidad de la vegetación, la falta de accesos y la fauna y flora salvaje hacen de ella un lugar extremo para vivir y por momentos hostil para el que no conoce las formas de adaptarse; de hecho, para sobrevivir hay que ser un experto, algo propio de los nativos del lugar.
La dificultad para hacer caminos entre tanta vegetación demanda que la vía de comunicación sea aérea o navegando los ríos, aunque algunos tramos estén interrumpidos por cascadas. Un territorio extenso puede ser una ventaja para un estado, pero también un problema. En el caso de Brasil, las características del arco fronterizo norte facilitan el desarrollo de actividades ilegales, como el narcotráfico y la minería ilegal. Los indígenas del Amazonas con edad y voluntad de querer incorporarse a la fuerza resultan ser soldados más que idóneos para este ámbito, ya que cuentan, gracias a su cultura, con las herramientas para desempeñarse con seguridad y eficacia en este entorno.
Si se observa el mapa podemos ver que la selva amazónica se asienta sobre el territorio del norte del país y se acentúa sobre las fronteras con Guyana Francesa, Surinam, Guyana, Venezuela, Colombia y Perú. Debe recordarse que, aunque las fronteras ya sean “fijas”, siempre serán un conflicto en potencia.
Sin ciudadanos que se asienten en el territorio no hay fronteras que sean firmes, y Brasil es consciente de ello. Así fue como, ante la necesidad de realizar una ocupación efectiva en las tierras selváticas de sus fronteras, el ejército se hizo presente. Esta es zona de responsabilidad del Comando Militar da Amazônia (CMA), que se hace efectivo con los Pelotones Especiales de Frontera (Pelotões Especiais de Fronteira, PEF) y las Brigadas de Selva, que operan en la región en articulación con el Comando de Operaciones Especiales (COPESP) y con el Sistema de Protección del Amazonas. De esta manera el Ministerio de Defensa de Brasil está presente en áreas remotas respecto al centro político y económico del país. Las unidades, además de cumplir con sus tareas militares habituales, están en contacto y son enlace con la tribus y pueblos originarios que habitan desde hace siglos la selva.
La relación entre estos pueblos y la defensa estatal se remonta al siglo XIX, desde la independencia de Brasil en 1822, cuando coadyuntaron al recientemente creado Imperio al reconocimiento y ocupación de la tierra. Luego, en la Guerra de la Triple Alianza (1864-1870), cuando distintas comunidades combatieron junto al Ejército.
A lo largo del siglo XX, el estado brasileño impulsó una política sostenida de ocupación e integración de la Amazonia, concebida como un proyecto geopolítico destinado a afirmar la soberanía sobre vastas áreas despobladas y estratégicamente sensibles. En ese marco, la región amazónica pasó a considerarse un espacio de defensa nacional y de proyección territorial, donde la presencia militar debía acompañar los planes de desarrollo económico, colonización y control de fronteras. Esta concepción se consolidó tras 1964, cuando el gobierno adoptó la consigna de “ocupar para no entregar”, orientando recursos y estructuras institucionales hacia la conformación de un dispositivo permanente de defensa en el norte del país.
En ese contexto se crearon los Pelotões Especiais de Fronteira (PEF), unidades avanzadas del Ejército que comenzaron a instalarse entre 1968 y 1974 bajo la conducción del CMA. Su finalidad era garantizar la presencia efectiva del Estado en zonas remotas, ejercer control territorial y promover la integración con las comunidades locales.
Durante las décadas siguientes, los PEF fueron modernizados e incorporados al sistema de Brigadas de Infantería de Selva. De esta manera alcanzaron la configuración actual de más de veinte destacamentos distribuidos a lo largo de las fronteras amazónicas con Colombia, Venezuela, Guyana, Surinam, Guayana Francesa, Perú y Bolivia, dependientes de las 17.ª, 16.ª y 23.ª Brigadas de Infantería de Selva.
Para comienzos del siglo XXI, el Estado de Brasil había logrado intensificar la presencia militar en la Amazonia, así como integrar los saberes locales a la doctrina de Operações na selva (Operaciones en la selva). Hoy el vínculo ya ha trascendido las levas ocasionales, y los pueblos originarios operan con el ejército como personal militar altamente capacitado.
Doctrina y formación en selva
Estas relaciones no son azarosas ni arbitrarias; el ejército las materializó y estableció la doctrina específica recién nombrada que resolvió la necesidad de incorporar soldados indígenas con su propia idiosincrasia ¿quién conocería mejor la selva que los mismos habitantes? Esta doctrina es el marco que respalda los aspectos militares relacionados con este entorno geográfico particular.
En el manual de campaña (el EB70-MC-10.210) está plasmada la doctrina que define factores operacionales, organización, apoyos y técnicas adaptadas al ambiente amazónico. También contempla las operaciones de inteligencia permanentes para anticiparse las amenazas que se pueden hacer presentes en la región, además de las tradicionales de defensa territorial, combate el narcotráfico y la minería ilegal (esta última, depredadora del ecosistema).
La formación del personal se realiza en el Centro de Instrução de Guerra na Selva (CIGS), dependiente del CMA, el cual constituye el núcleo doctrinal y formativo de las operaciones en ambiente selvático. Fundado en 1964 en la ciudad de Manaus, su misión es capacitar a oficiales, suboficiales y tropas nacionales y extranjeras en técnicas de combate, supervivencia, desplazamiento y liderazgo. El Curso de Operações na Selva (COS) es la instancia más exigente de ese proceso. Tiene por finalidad preparar combatientes capaces de actuar con autonomía logística, alta movilidad y adaptación fisiológica y psicológica a las condiciones extremas de la Amazonia.
La instrucción combina procedimientos tácticos modernos con saberes tradicionales de las comunidades locales, especialmente en lo relativo a orientación, navegación fluvial y aprovechamiento de recursos naturales. Esta síntesis entre conocimiento empírico y técnica militar genera un tipo de soldado especializado, con una profunda comprensión del ambiente operativo amazónico. Los egresados reciben el brevê de onça (jaguar), símbolo del guerrero de selva, y el sombrero de selva, que los distingue dentro de las Fuerzas Armadas Brasileñas como portadores de la especialidad de operaciones en la selva.
Los Pelotões Especiais de Fronteira (PEF) son las unidades donde se practica la mayor participación de efectivos de pueblos originarios. Los PEF constituyen la primera línea de presencia soberana en zonas donde el acceso por medios convencionales es limitado y funcionan como núcleos de seguridad, asistencia y enlace con la población civil. Además de funciones de vigilancia, patrullaje y apoyo logístico, estos destacamentos mantienen una estrecha relación con las comunidades indígenas locales, con las que comparten espacio y cooperación cotidiana.
Un ejemplo representativo es el 1.º Pelotão Especial de Fronteira de Tiriós, situado en el extremo norte del estado de Pará, a pocos kilómetros de la frontera con Surinam. Allí, el personal del Ejército y de la Fuerza Aérea Brasileña convive con la comunidad indígena del Parque Nacional Montanhas do Tumucumaque, una de las áreas de selva tropical más extensas y biodiversas del país. En este entorno, la cooperación entre militares e indígenas es esencial: los primeros aportan medios logísticos, atención médica y comunicaciones, mientras que los segundos brindan conocimientos de orientación, desplazamiento y supervivencia en la selva. Esta simbiosis asegura una interacción estratégica que fortalece la capacidad operativa y el control efectivo del territorio amazónico.
En estos pelotones, si bien no existe una “tropa indígena” separada como categoría institucional, la integración de soldados y colaboradores indígenas a los pelotones de la selva es un rasgo operativo ya constante. Los soldados indígenas son valorados por su aptitud como rastreadores, por su orientación, el uso de vías fluviales menores, lectura de señales ambientales, construcción de refugios y primeros auxilios en ambientes particulares, habilidades que la doctrina formal incorpora dentro del adiestramiento regular en la selva. Se trata de un conocimiento de alto valor en este contexto.
Actualmente, el Comando de Operaciones Especiales y las Brigadas de Selva emplean guías (el equivalente a nuestros baqueanos) y enlaces indígenas para facilitar los desplazamientos, el contacto seguro con aldeas e incluso la interacción, puesto que pueden comunicarse en los dialectos del lugar. Esta forma de operar posibilita la construcción de un vínculo de confianza entre los pobladores de la región y el personal del ejército. Además, el accionar responde a la doctrina para dichas operaciones, que enfatiza en la necesidad de “analizar de manera integral el ambiente operacional amazónico” como prerrequisito para planear misiones; esto incluye clima, hidrografía, vegetación y población.
Una relación de ida y vuelta
Un estudio de doctorado del Instituto Meira Matos de Brasil analiza en profundidad el caso del 5o Batallón de Infantería de la Selva, con sede en São Gabriel da Cachoeira, la unidad que controla los siete Pelotões Especiais de Fronteira. Dicho estudio advierte que, al convertirse en soldados, los indígenas no solo refuerzan la seguridad en la frontera, sino que también exportan rasgos de su cultura al ambiente militar. En esta oportunidad, importar costumbres y modos de moverse en la selva es positivo y logra mejorar la eficacia de las operaciones y un impacto socialmente positivo en las comunidades.
Pese a todos los beneficios especificados sobre combinar el personal indígena con los del ejército, existen problemáticas que no deben negarse. Las comunidades indígenas, como sabemos, suelen conservar tradiciones, costumbres y creencias que configuran su forma de actuar. Esta mentalidad puede ser un problema si colisiona con la rutina militar. A modo de ejemplo, la comunidad de los Tukano, una de las 63 que habitan la Amazonia, asemeja a los militares con Curupira Boraró, un personaje de su mitología relacionado con los ritos de iniciación. Sin embargo, este personaje presenta una ambigüedad porque simboliza, por igual, la abundancia y la amenaza.
La proximidad de Curupira Boraró atrae la abundancia de recursos como peces y animales de caza, además de oportunidades de comercio. Pero, a su vez, Boraró no puede permanecer demasiado cerca y tampoco lejos. La cercanía con este personaje debe ser medida ya que puede “llevarse consigo la abundancia de alimentos” o tener alguna actitud traicionera. Estar cerca de él significa mantener una actitud de vigilancia porque la principal advertencia es que Curupira Boraró puede ser traicionero. Más allá de todo el relato de ficción, lo relevante es que se trata de una creencia arraigada en la comunidad que condiciona su comportamiento y manera de relacionarse para con los militares.
Con esta creencia, que se suma a las tantas otras propias de comunidades religiosas, el desafío radica en cómo tratar con ellos para poder colaborar y operar en conjunto de manera eficiente. El personal militar debe tener conciencia de estas particularidades y conocer con profundidad las creencias para evitar dar un paso en falso.
En esta misma línea, que el Ejército de Brasil opere en lugares tan inhóspitos le permite adentrarse y obtener un mejor conocimiento sociodemográfico de su población, que, una vez más, hace a su soberanía. Incorporan también acciones humanitarias que incluyen la instalación de campañas sanitarias, el desarrollo de actividades educativas y la elaboración de relevamientos de datos en aldeas; de ellas obtienen resultados para poder mapear recursos y potenciales rutas que ya emplean garimpeiros, taladores o redes de narcotráfico. Toda esta recolección de datos favorece a la conformación de la Inteligencia territorial que el ejército pueda desarrollar.
Cabe mencionar que, según las creencias de las comunidades y a ojos del mundo, estos actos pueden interpretarse como una vigilancia y militarización de la región. La respuesta que se ha encontrado a este problema es la de elaborar protocolos que respeten la dignidad e integridad de las variedades culturales. En este sentido, el Ejército de Brasil busca constantemente acciones para seguir profesionalizando las Unidades de Selva y Frontera con el foco puesto en consolidar la integración y protección de las estructuras amazónicas. El desafío central será equilibrar la eficacia militar con la salvaguarda de derechos colectivos y el reconocimiento de la autonomía cultural.
Una fusión de culturas positiva para el Brasil
Se ha analizado la incorporación de personal indígena al Ejército de Brasil para operar con eficacia en la selva tropical. Como se mencionó, este soldado ha sido capacitado para integrar su vasto conocimiento del entorno con la técnica militar.
El soldado de la selva de Brasil sabe desplazarse, comunicarse y, en pocas palabras, sobrevivir en la selva. El estado se ha hecho presente en lugares inhóspitos de su territorio gracias al trabajo en conjunto que realiza con las comunidades originarias, una relación que se remonta a los comienzos del imperio de Brasil. Fruto de esta labor se han instituido los pelotones de la selva donde rige una doctrina militar para operar.
El caso del Ejército de Brasil y las comunidades indígenas, sirve como ejemplo de una solución “creativa” del estado para hacer presente su soberanía hasta la última línea de frontera. Con astucia, doctrina y conocimiento íntegro del entorno y su comunidad, las soluciones pueden obtener los más altos resultados.
Fuentes
1º Pelotão Especial de Fronteira: militares e índios formam amálgama do povo brasileiro na defesa do país. DefesaNet. (2017)
Exército Brasileiro fortalece integração com a comunidade indígena em Tiriós. Ecoamazônia. (2023)
EB70-MC-10.210: Operações na Selva (Manual de Campanha). Exército Brasileiro (2023)
Relação de manuais de campanha e instruções provisórias. Exército Brasileiro. (2022)
The art of adaptation and survival: A story of Brazil’s Kadiwéu people. Mongabay. (2021)
Entendendo a relação entre militares do Exército e indígenas do Alto Rio Negro: o caso do 5º BIS. Anais do ENABED 2024. Sánchez, B., & Netto, A. (2024).