Gran parte del adiestramiento de las fuerzas armadas se orienta a la simulación de situaciones de estrés. Los ejercicios en el terreno con munición real son los momentos donde más intensamente se busca acercar al soldado al núcleo de la guerra: que es el combate. Este fenómeno, el del estrés, fue estudiado por Dave Crossman y los expuso en sus libros Sobre el combate, la psicología y fisiología del conflicto letal en la guerra y en la paz y Matar, el coste psicológico de aprender a matar en la guerra y en la sociedad.
Nos interesa aquí presentar algunas de sus conclusiones para aplicarlas a la Especialidad de Inteligencia, que, si bien no es el rol primario de las tropas de inteligencia militar combatir, sí se le presentan varias situaciones de estrés. Esta aplicación es válida porque, como vimos más arriba, se trata de una situación psíquica general, que no depende del estímulo en particular. Por ello, las situaciones pueden ser, por ejemplo, la de la patrulla de inteligencia de combate que opera mimetizada en contacto visual directo con el enemigo, y que su extracción del campo es incierta, el agente infiltrado, las unidades de inteligencia en una situación de conflicto, por ser blanco privilegiado, como lo fue la “Sección Malvinas”, los agentes de seguridad de personas muy importantes (PMI).
Resiliencia en situaciones de estrés ¿se puede uno vacunar?
Los estudios respecto al estrés, su naturaleza y sus causas, llevaron a establecer una serie de medidas para disminuir sus efectos, ya que en la vida es imposible evitar dichas situaciones. Estas enseñanzas se aplican a una diversidad de situaciones de estrés, por ejemplo, el niño que padece asma crónica, cuando sufre una crisis se encuentra en la misma situación de “presión psíquica vital” que el soldado en combate; debe tomar medidas en una situación extrema, la primera de ellas, no entrar en pánico.
A continuación, vamos a presentar una metodología que desarrolló Donald Meichenbaum para —metafóricamente— inocular a la persona del estrés. Primero trataremos el marco conceptual de su propuesta, el cual nos brindará los elementos para comprender el fenómeno del estrés y fundamentará la propuesta formativa para el personal de la especialidad que presentamos en el último punto de este trabajo.
Meichenbaum trabajó en la psicología aplicada desde un enfoque cognitivo-conductual. Este enfoque se concentra en las conductas ejecutadas por las personas en ciertas situaciones (a diferencia de otras ramas de la psicología de carácter analítico que se interesan por las identificaciones primarias de las personas y de cómo estas conformaron su estructura psíquica). La conducta es un esfuerzo de adaptación de la persona al medio ambiente, pero no toda conducta produce el resultado deseado. Hay conductas identificables en las personas que le pueden ser beneficiosas (un sano estilo de vida por la alimentación, ejercitación, etc.) o perjudiciales (tabaquismo, las adicciones, la ira, etc.). La plasticidad de la mente humana permite que, en determinada medida, las conductas se puedan modificar; para ello hay que realizar una intervención con el fin de desaprender las conductas perjudiciales, a la vez que reforzar las beneficiosas.
El primer paso es distinguir el concepto de estrés de los factores estresores. El estrés es un concepto relacional, no es algo que está en el entorno o en el individuo, sino que resulta de las “transacciones” entre ambos; una relación dinámica entre la persona y el ambiente. El conocimiento del individuo, tanto de la situación como de sí mismo, es lo que media entre el ambiente y la persona (de aquí el elemento cognitivo), este elemento cognitivo le permite al individuo evaluar los factores estresores y brindar una respuesta físico-afectiva a la situación; esto es: una conducta (el elemento conductual). Esta conducta incide en el factor estresor, y así sucesivamente, se establecen una serie de transacciones, donde una modifica a la otra.
El segundo paso, es reconocer que es imposible evitar los factores estresores en la vida, pero sí se puede trabajar sobre la variable independiente, el elemento cognitivo. Esta intervención no se realiza para anular el estrés —sería anular la vida misma—, sino para mantenerlo en un nivel operativo (como se verá más adelante). Cuando un individuo reacciona a un estímulo estresor, no lo hace con la mente en blanco, sino que pone en juego un repertorio de conocimientos internalizados. Conceptualmente, el factor cognitivo que pone en juego el individuo se puede descomponer en tres elementos: el evento cognitivo, las imágenes y pensamientos que tiene el individuo en la conciencia cuando actúa. Aquí estamos hablando de lo que tiene el individuo en situación de acción, y de como estas imágenes o pensamientos reflejos (que se aparecen en la mente), inciden en su conducta. Por ejemplo, un agente de custodia de PMI tiene un repertorio de imágenes que compara permanentemente con los datos que percibe, un movimiento brusco, una persona muy abrigada un día de calor, un gesto de disconformidad en un tumulto de gente que quiere acercarse a la personalidad, pueden desencadenar una conducta de protección.
El proceso cognitivo, que es la forma en que se procesa la información, se almacena y se actualiza. Cuando este proceso es consciente se habla de metacognición, lo que permite modificar este proceso. Una forma de desaprender conductas para dar lugar a otras es cambiar como procesa la información una persona; por ejemplo, la mente suele llevar adelante un proceso inconsciente de suprimir la información desfavorable o contraria a las propias ideas (y así disminuir el estrés) —así el individuo termina viendo “lo que quiere ver”—. Dejamos al lector que saque sus propias conclusiones de las consecuencias nefastas que puede tener este sesgo para la especialidad de inteligencia. Lo más relevante es que este proceso puede ser estudiado, evaluado y llegado el caso, modificado.
Por último, las estructuras cognitivas —hoy las llamaríamos los algoritmos, aquellos programas de comportamiento con los que respondemos ante un estímulo—. Mientras que los procesos cognitivos tratan de cómo se percibe la realidad, las estructuras cognitivas se refieren a como “se la experimenta”; y por ello comprenden la dimensión afectiva-emocional. Son jerárquicas, de allí su aspecto estructural, donde los valores y los principios superiores determinan las conductas sociales, y, por último, las motrices. Como todo lo humano, estas estructuras no son permanentes, y la relación jerárquica es más probabilística que determinística; se modifican a medida que se interacciona con el entorno, o por la incorporación de nuevos patrones de comportamiento; por ello la misma persona puede presentar dos conductas diferentes ante el mismo hecho. Estos patrones sirven para identificar rápidamente los estímulos, categorizarlos, completar la información faltante, resolver problemas y alcanzar un objetivo. Cuando una persona se encuentra ante una situación nueva, suele responder con un patrón ya aprendido, si esta respuesta falla por su inadecuada adaptación se generan incentivos para aprender un nuevo patrón de conducta.
Para Meichenbaum es posible disminuir el estrés que una persona sufre en una situación de tensión de forma de que esta se mantenga dentro de un rango de respuestas operativas y eficaces (como veremos en seguida). De lo que se trata es que, ante estas situaciones, el sujeto esté en condiciones de desarrollar las conductas lo más adaptadas a la situación, en función de sus objetivos o de los de la organización para la cual sirve. Para ello, propone inocular de estrés a la persona actuante mediante un procedimiento en tres fases:
Fase educativa, se brinda información teórica general y específica para aplicar al problema actual, además del paso a paso del procedimiento mejor adaptado a la situación. Por ejemplo, se le explica cómo proteger una personalidad o como proceder en una contra emboscada.
Fase de ensayo, se practica la actividad temida en un ambiente seguro. Continuando con el ejemplo anterior, se practican las diferentes situaciones (pistas de entrenamiento) en que puede y debe ser evacuada una personalidad ante una situación de peligro, y en el otro ejemplo, sería qué tipos de emboscadas pueden efectuarse y cuál el procedimiento para repelerla.
Fase de implementación, se ejecuta una práctica real. Se lleva a la práctica la situación de proteger a una personalidad en un ambiente cambiante y con situaciones de estrés, y se practica en el terreno en una situación de combate una emboscada para ver si el procedimiento aplicado es el correcto.
Algunos aspectos para considerar en la implementación de esta inoculación son: la situación tiene aspectos cognitivos y también afectivos, incluirlos es crucial para lograr una adecuada relación con el estrés. Para lograr esta “inmunización” la incorporación de la presión psíquica afectiva y complejidad cognitiva debe ser gradual, de lo simple a lo complejo (para ello se puede descomponer la situación en partes y practicarlas por separado). Tener en cuenta todos los aspectos cognitivos, la inoculación es más efectiva si se generaliza el contenido y no se limita al aprendizaje de la conducta manifiesta. Por último, anticipar el futuro no solo de la situación de estrés, sino de los posibles fallos o de elementos inesperados, de forma de desarrollar la resiliencia del sujeto.
Este enfoque teórico nos brinda las herramientas conceptuales para vacunarnos contra el estrés, más específicamente, para mantener un nivel de estrés operativo en situaciones específicas, en la que presionan al sujeto factores estresores muy intensos. Estas herramientas, que se expondrán más adelante, podemos aplicarlas al adiestramiento del personal de la especialidad de Inteligencia. Antes de tratar este tema, vamos a presentar el efecto del estrés en las situaciones operacionales, de esa forma se apreciará lo importante que es tener dominio sobre este factor, el estrés, para el éxito de la operación.
Efectos de los niveles de Estrés
Niveles de estrés y pulsaciones
Como vimos, el estrés es un fenómeno que produce efectos fisiológicos no específicos y generales en el organismo, cada persona y cada factor estresante puede desarrollar diferentes síntomas (dolencias gástricas, cardíacas, mentales, entumecimiento, parálisis, etc.). En las situaciones operacionales que estamos tratando aquí, sea ejecutando un rol de combate real o brindando seguridad a PMI, en las que los factores estresores se presentan muy intensamente en un corto período de tiempo, el fenómeno produce efectos inmediatos, como parálisis total, falta de aire, incontinencia. En estos casos un indicador preciso y directo de “medir” el estrés de una persona es los latidos por minuto (ppm).
La siguiente tabla fue elaborada considerando a personas en situación de combate, los efectos fisiológicos y motrices durante el combate. Por las características de esta situación consideramos que se puede extrapolar al agente de inteligencia o de patrulla o al que realiza tareas PMI. Una aclaración es lo que hay considerar son las pulsaciones que se producen por la presión psíquica, ya que la exigencia física de la situación (cambio de posición, superar un obstáculo) hará que el sujeto presente picos de ppm. La diferencia se notará en que luego de cada exigencia, la persona “recupera el aire”; cuando hay estrés intenso, las pulsaciones se “quedan clavadas” en niveles elevados, por más que el cuerpo esté en reposo, con las consecuencias que veremos a continuación:
Fase roja
Como decíamos: la situación de estrés no se puede evitar. Hay profesiones que requieren una cuota de estrés como la de bombero, policía, médico en unidad de emergencias, soldado en combate. Para ellos el estrés “sano” de la fase roja, entre 115 y 145 ppm, es necesario porque en esta fase los sentidos se agudizan y el tiempo de reacción visual, cognitiva y motriz es óptimo. La atención al entorno operacional es total porque la presión de la situación borra de la mente del sujeto todas aquellas imágenes catastróficas que pudieran interrumpir su actividad (inclusive la de su propia muerte).
La atención, concentración y dominio del propio cuerpo es plena; ello facilita la ejecución de “programas” (estructuras cognitivas) incorporados, o lo mismo, si el sujeto tiene capacidades extraordinarias, la creación de otros nuevos in situ. Esta es la característica de aquél que tiene genio operacional, que puede crear una solución innovadora a un problema complejo en una situación extrema y causar el efecto sorpresa. En estas situaciones que el sujeto no “piensa” en lo que sucede, sino que actúa. Todo el adiestramiento operacional se encuentra en “piloto automático”, no está en la mente sino en el cuerpo.
Fase gris
Cuando la persona se encuentra en la fase gris, que va de las 145 a 175 lpm, su capacidad de adaptar sus respuestas (programas) a la situación disminuye de lo óptimo. Hay una pérdida de la capacidad perceptiva, los estímulos son tan fuertes que los sensores corporales se atenúan o apagan. Esto también sucede con el control sobre uno mismo. Personas “no inoculadas” esta fase han errado disparos a un metro de distancia por una pérdida de visión cercana, exclusión auditiva y colapso psicológico.
Una forma de inocular es someter a entrenamientos al sujeto a una exigencia física extenuante y al llegar a 175 pm presentarle la situación de cargar y tirar a muy corta distancia; esto irá “habituando” al agente a actuar en piloto automático en ese estado físico.
Fase negra
Si el factor estresor le produce en el sujeto ppm por encima de los 175 pm, desencadenará una serie de acontecimientos catastróficos para cuerpo. La efectividad del corazón y los niveles de oxígeno suministrados al cerebro decrecen ininterrumpidamente. Este incremento de la frecuencia cardíaca causada por el miedo a la muerte y el máximo de estrés de combate hace que el rostro palidezca debido a una vasoconstricción y faltará oxígeno al cerebro. En estas condiciones, cuyas consecuencias puede verse en la tabla, el sujeto ya está perdido; y es probable que sea este estado de estrés extremo el que lo lleve a la muerte.
Estrés y distorsiones perceptivas durante el combate
Durante el combate, y en otras situaciones extremas, se pueden dar las siguientes distorsiones perceptivas producto del estrés, que no son necesariamente negativas para enfrentar dicha situación.
Exclusión auditiva o sonidos intensificados. la exclusión auditiva es un efecto psicológico de la concentración como poderosos efectos fisiológicos causados por cambios biomecánicos del ojo y del oído. Por ejemplo, un disparo de un fusil en el polígono puede ser ensordecedor, mientras que, en combate, resultar apenas audible. También, a la vez que se pueden suprimir sonidos (el grito de los compañeros heridos), se pueden intensificar la percepción de aquellos en que se centra la atención (las órdenes del superior).
Visión túnel. A medida que se incrementa el ritmo cardiaco, la visión túnel se va estrechando y solo enfocamos nuestro peligro inminentemente frente a nosotros y perdemos de vista todo el entorno. Por eso en seguridad PMI se entrena en disparar, respiración táctica y escanear a ambos laterales, cambiar de cargador, tirar, escanear y seguir, esta es una de las maneras de reducir dicho efecto.
Exclusión sensorial. El combatiente suprime las sensaciones corporales, hambre, frío, hasta la necesidad de hacer sus deposiciones. Inclusive puede suprimir el dolor, como lesiones complicadas como quebraduras, disparos en zona no vitales o puñaladas. Estas heridas no se sienten hasta que en un periodo posterior al combate el cuerpo se relaja y la adrenalina deja de fluir; ahí empieza el dolor y el sangrado profundo.
Sobrecarga sensorial. Una forma de desarmar al oponente es produciéndole una sobrecarga sensorial, por ejemplo, cuando se utilizan las granadas aturdidoras. Son utilizadas en situaciones como de irrupción en toma de rehenes u otras en donde se requiera distracción y desorientación no letales. Se sobrecargan los sentidos perceptivos mediante un ruido ensordecedor y una luz cegadora. Quien recibe la explosión experimenta inmediatamente ceguera y exclusión auditiva, a la vez que la nariz y la boca se llenan de humo y es golpeado por la onda expansiva. Esta sobrecarga sobre los cinco sentidos hace que colapsen, el cerebro se sobrecarga y “se apaga” y debe “reiniciarse”.
Estrés y agotamiento en operaciones
En operaciones, el estrés se conjuga con otro factor: el agotamiento. Porque si bien estamos hablando del estrés en situación crítica (el combate, tiroteo, la acción contra un PMI), este se da en un contexto operativo hostil y exigente. Por ejemplo, la custodia de un PMI en campaña, con traslados permanentes, diversos actos, incertidumbre de sus movimientos, etc. Los cuatro factores que afectan al combatiente, al soldado o al custodio y son:
Alerta fisiológica. Cuando el cuerpo se pone en estado operativo, el sistema nervioso simpático (el voluntario) se superpone sobre algunas funciones del parasimpático (autónomo) para disponerlo a la acción y la supervivencia. El parasimpático excluye actividades como la digestión y quita la sensación de hambre; el agente se olvida de comer y de realizar sus necesidades, cuando lo hace, el cuerpo promueve una evacuación rápida (para quitar peso y evitar infecciones en caso de heridas en el abdomen).
Falta de sueño. Cuando esta se intensifica pueden aparecer alucinaciones y un estado de catatonia. La falta de sueño es una norma en operaciones, donde dormir menos de cuatro horas diarias produciría una baja psicológica.
Falta de alimento. La falta de alimento tiene tanto un efecto moral, además de su efecto fisiológico en el cuerpo. La falta de calorías disminuye las capacidades motoras y cognitivas, y puede afectar la voluntad de cumplir con la misión.
Los elementos del ambiente. El frio es el mayor de los enemigos, esto anula todos los sentidos, y la lluvia como dicen “oxida al hombre y al material”. Lo mismo el calor sofocante con todo el peso un equipo y sin agua. Si a esto se le suma la privación visual que produce la oscuridad, puede ocasionar un colapso psicológico.
Estrés y distancia de acción letal
Por último, queremos mencionar el impacto que en el estrés produce la distancia en la acción de quitar la vida de otra persona en operaciones. Hay una relación directa entre la proximidad inmediata y física de la víctima y la dificultad y estrés que sufre el agente. En este sentido, a la persona que se la adiestra para enfrentar este tipo de situaciones, también hay que inocularle el estrés para esta acción particular, no solo mediante el adiestramiento físico, sino psíquico. La duda y la falta de acción en dicho momento, que a cualquier persona psíquicamente apta se le presentará, puede causar la muerte del PMI o del soldado.
Inoculación del estrés y el adiestramiento
Llegados a este momento, presentaremos las herramientas que mencionábamos más arriba en forma principios fundamentales para inoculación del estrés en el personal de la especialidad de inteligencia. Estos principios tienen su fundamento teórico en los conceptos de la psicología cognitivo-conductual.
Principio 1: nunca mates a un “guerrero” durante el adiestramiento.
El instructor nunca debe decir “ahora estas muerto”; esto, que se hace con la creencia que así le queda fijado el concepto al aprendiz de que si no lo hace bien tiene el mayor de los castigos es un gravísimo error. Como vimos, estas palabras construyen la estructura cognitiva, e instalan imágenes en la mente, de la aceptación de su muerte, que ante el error se acabó todo, está permitido derrumbarse.
El instructor debe decir: “¡no estás muerto, no te di permiso para morir, no adiestro a nadie para morir, los adiestro para vivir!”. Si se está practicando defensa contra cuchillo y simular un apuñalamiento, y transmitir la idea de que se puede sobrevivir mientras se respire. Hay que establecer que en el alumno, aunque esté herido, tiene que realizar una acción programada.
Principio 2: no dejes salir nunca del campo de adiestramiento a un perdedor.
Es fácil diseñar escenarios para hacer sentir al alumno que es un inútil sorprendiéndolo con sorpresas tácticas, por ejemplo, en un entrenamiento de tiro, se le simula la explosión de un dispositivo explosivo no improvisado, sin haber sido anticipado de que eso podía ocurrir. Más fácil es reprimirlo por su mal comportamiento y terminar allí la simulación. Esto instala en la mente la idea de que ante cualquier situación que se le presenté siempre habrá un hecho que lo hará “perder”. Lo que hay que hacer es que se repita la secuencia hasta que triunfe (si en la primera vuelta fue sorprendido, en la segunda hay que permitirle que incluya dicha información: no provocar una nueva sorpresa cada vez, hasta destruirlo moralmente). Siempre se debe salir de un ejercicio de entrenamiento con una mentalidad ganadora, inclusive en la derrota.
Principio 3: como instructor nunca hablar mal de tus alumnos.
Al instructor no le está permitido burlarse de sus alumnos, nunca. Los fallos y los errores siempre son una oportunidad de aprendizaje, y los éxitos de reforzar la conducta deseada.
“No mates a tus guerreros y que no salgan perdedores del campo de adiestramiento, aprende de los errores y refuerza los aciertos”. Estos son los principios para que un agente procese los factores estresores con solvencia y profesionalismo, y ante una situación crítica responda con las conductas que mejor se adaptan al cumplimiento de la misión, a la vez que garanticen, en la medida de lo posible, la supervivencia del grupo y de uno mismo.
Un par de notas sobre el entrenamiento
Para lograr esta inoculación del estrés es necesario planificar un adiestramiento progresivo, tanto de las tareas como el grado de realismo. Por ejemplo, primero, aprender a manipular el arma, luego apuntar contra blancos fijos, luego móviles, y luego blancos variables (amigos/ enemigos). En la fase “real” del adiestramiento, una vez que todas las habilidades básicas están consolidadas, introducir situaciones realistas, simular calles, civiles, peatones, o blancos fotográficos (no siluetas ni de doce zonas). También, hacer uso intensivo de simuladores.
Por otro lado, ser consciente del proceso cognitivo ¿qué conducta concreta y real se está enseñando? Todo lo que hagas en el entrenamiento se va a replicar en una situación real; hay cientos de casos de policías que en un tiroteo se preocupan por juntar las vainas, o peor, donde han sido heridos y en una mano, en su bolsillo, tenían casquillos vacíos. Esto es porque en durante el entrenamiento se le hace recuperar el casquillo (y no se tiene en cuenta que esta conducta también queda programada).
La inoculación del estrés para situaciones críticas solo se promueve mediante un entrenamiento constante realizado en simulaciones de situaciones lo más reales posibles. Si se puede incluir la sensación de recibir un impacto de submunición o de pintura, mejor. Hay que conocer cómo funciona el organismo y su fisiología ante determinados estímulos de alto estrés y saber las consecuencias posteriores. Las situaciones críticas que deben enfrentar los agentes de la especialidad de inteligencia en una situación crítica requieren “inocular el estrés” mediante un adiestramiento planificado con un conocimiento profundo de este fenómeno