Recursos naturales estratégicos en Sudamérica
La presión para la explotación de los recursos naturales es constante y creciente. La industria farmacéutica, la alimenticia, pero, sobre todo, la revolución de las tecnologías de la información y la nueva fase industrial asociada (con su creciente necesidad de elementos y materiales raros como el tantalio, el litio, el cobalto) hacen que cada vez sea mayor el volumen y a su vez más diversa la cantidad de recursos naturales que se demandan.
La creciente necesidad promueve el monocultivo, afectando la diversidad del reino vegetal y animal. La sobreexplotación de los recursos tradicionales, como el petróleo y el gas, lleva a utilizar técnicas más intrusivas y a buscarlos en lugares remotos o antes inaccesibles. Además, la demanda de elementos de difícil acceso y con procedimientos altamente contaminantes para su extracción. Todo esto resulta en la destrucción de hábitats de una diversidad de especies, por el avance sobre bosques, selvas y montañas para poder extraerlos. Y una vez agotadas las fuentes de recursos, suelen quedar tierras yermas, contaminadas, tóxicas.
El marco de este fenómeno es la expansión de una economía global, con un aumento permanente del consumo; según la OMC[1] desde 1950 el volumen de comercio global aumentó en un 4500%, a un volumen de 25.000 millón de millones de dólares. Esta expansión es posible gracias a la explotación de los recursos naturales, la centralización del capital y la masificación de la producción. Esto coloca a los estados en una situación contradictoria, ya que se debaten entre la preservación del medio ambiente a nivel global, y el desarrollo económico a nivel local.
Los estados tienen interés genuino por el medio ambiente mundial porque los fenómenos ambientales no reconocen fronteras; los elementos del ambiente están intrínsecamente conectados a nivel global. El cambio de temperatura de la corriente del Golfo de México puede transformar el clima en la Europa nórdica. Los estados pueden cerrar sus fronteras con muros y vallas ante una catástrofe humanitaria en un estado vecino, pero no hacerlo ante una ambiental. El Muro de Berlín pudo dividir al Este del Oeste, pero fue inútil para contener la radiación volcada a la atmósfera luego del accidente en Chernóbil.
Recursos naturales y recursos naturales estratégicos
El escenario internacional presenta distintos matices en la relación que establecen los estados respecto a los recursos: por un lado, una gran cooperación cuando se trata declaraciones generales, como el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA), o el acuerdo de París; pero cuando los intereses de cada estado entran en juego, se presentan situaciones competencia y conflicto. La situación de “gran cooperación” enunciado en las declaraciones y sus compromisos, también se acaba al momento de los aportes del dinero que requieren las acciones concretas que apunten a los objetivos expresos.
Así, cuando se trata de la explotación de recursos específicos y muy valiosos por parte de estados interesados la violencia parece sobreponerse por sobre el derecho internacional. Como fue el caso de la explotación del coltán en el Congo, un conflicto en el que se vieron involucrados Ruanda, Uganda, Burundi, Angola, Zimbabue, Namibia, Sudán (en forma directa o por la financiación de grupos armados irregulares); todos estos estimulados por grandes potencias cuyas compañías se benefician de su comercio.
Esta distinción es relevante para el análisis, ya que entendemos por “recursos naturales” en un sentido amplio a todos aquellos que nos brinda la naturaleza para el sostenimiento de la vida, no solamente la humana; recursos que cada estado debe velar por su cuidado y preservación, más allá de su uso económico. Estos son los hábitats naturales que preservan la biodiversidad[2], los humedales, los bosques, los acuíferos y cursos de agua; los mares y los océanos, incluyendo aquellos que quedan por fuera de las zonas económicas exclusivas, y los fondos marinos.
Dentro de este universo, están aquellos que, según las circunstancias políticas y económicas, son considerados “estratégicos” por actores específicos en un momento dado. La palabra estratégico nos lleva situarlos en una situación de competencia entre actores, en la cual, quién posee un “recurso estratégico” se coloca en una posición de ventaja competitiva. Son recursos, que puede impactar en las capacidades o intenciones propias o del oponente.
Por ello, en primera instancia son estratégicos aquellos recursos que son críticos para un proceso productivo en un momento dado del sistema de producción. Es la integración en un sistema de producción específico lo que hace que un elemento deje de ser una curiosidad para el geólogo o el químico, como fue el caso del litio, a transformarse un insumo crítico en proceso productivo[3]. Cuando esta transformación tiene lugar, ya no es el elemento y sus características lo único que interesa; la seguridad y garantía de su provisión en tiempo y forma se vuelve un interés de estado. Se vuelve relevante todo el sistema político que controla el recurso estratégico (estabilidad y capacidad del estado), los derechos de propiedad (la legislación que lo regula), las alianzas (la diplomacia), el sistema de comunicaciones (rutas, puertos), lo económico (situación de mercado).
Queda configurada así configurada una variable independiente —los procesos productivos que precisan grandes volúmenes de recursos naturales—, con la cual identificar algunas tendencias pesadas que afectarán el consumo futuro de recursos. Para ilustrar este punto con un ejemplo, podemos tomar el caso del litio, que es materia prima de baterías. Este recurso se entronca con los mercados de los artefactos “sin cables”, que son de gran consumo a nivel mundial: computadoras, teléfonos, automóviles (de cualquier envergadura), aspiradoras, y la lista no para de aumentar…
En segunda instancia, la demanda de recursos naturales se entronca con los aspectos geopolíticos, esto es ¿Cómo están distribuidos en el espacio y qué países ostentan su dominio? y de la mano de esto: ¿Cuál es el nivel de escasez del recurso? Con esto nos queda configurada una matriz escasez-distribución que nos informará del nivel del estratégico de un recurso. Serán críticos aquellos recursos altamente demandados, escasos y concentrados en un punto en el espacio.
Esta distribución desigual de los recursos da lugar a un juego estratégico entre el estado que posee el dominio sobre el recurso crítico (como el caso de los países de la OPEP respecto a los hidrocarburos), y los estados que los demandan[4]. Se configura así una situación estratégica donde importa más el flujo que el stock, ya que de lo que se trata es de coordinar sistemas económicos cuya rentabilidad depende de la disponibilidad “justo a tiempo” de los insumos.
La unidad sudamericana
Postulamos que el tema de los recursos naturales en Sudamérica se debe considerar desde un punto de vista regional y no individual. Sudamérica se encuentra integrada geográficamente por la Cordillera de los Andes que atraviesa todo el continente y la selva amazónica, que se vuelca sobre ocho países y la Cuenca del Plata cubre tres millones de kilómetros cuadrados. La situación geopolítica de la región nos invita a un análisis que trasciende las necesidades y los intereses de un solo país; si en la región se lograra una visión compartida y una postura unificada, cada país podría obtener mayores beneficios de sus recursos.
La integración sudamericana al sistema económico internacional se caracteriza de “extractivista”[5]: para el mundo Sudamérica es una fuente barata de recursos naturales (muchos de ellos no renovables, o que no se reponen a la velocidad con la que se los extraen). Se inserta en el proceso productivo mundial como proveedor de materias primas no elaboradas, granos, en vez de aceite, hierro en vez de productos terminados. Inclusive, muchas de estas explotaciones son realizadas por capitales extranjeros, desinteresados de las consecuencias ambientales y sociales de su actividad extractiva. Como resultado, ni siquiera el beneficio de la actividad queda en Sudamérica, cuyos países se limitan a recibir un canon por la actividad, más el cobro de impuestos. Como estas explotaciones requieren una alta inversión en capital físico, los beneficios sociales de la actividad (mediante la contratación de mano de obra local) suelen ser muy bajos, de poco impacto y focalizados en una localidad. Por último, para promover las inversiones, estas explotaciones gozan de amplios beneficios fiscales e impositivos, además de bajos estándares de cuidado del medio ambiente (cuando estas compañías se retiran suelen dejar tierra arrasada, o directamente imposibilitada para el uso humano por generaciones), quedando un muy pequeño porcentaje del beneficio neto para el país.
También Sudamérica es uno de los grandes reservorios de biodiversidad que sostiene la vida en el planeta. Se sostiene que la selva del Amazonas es el pulmón verde del planeta por su provisión de oxígeno, pero más importante aún es su capacidad de absorber gases que producen el efecto invernadero (hasta el 15% de las emisiones mundiales). Sin embargo, el mito de la Sudamérica natural, que tiene un gran acervo ecológico no se comprueba en la realidad. La presión por los recursos naturales está llevando a una transformación del medio natural por la acción del hombre del continente, sin que existan políticas marco, ni coordinadas respecto uso del terreno.
Como referencia a lo que estamos diciendo está el caso del litio. Hay tres países en la región que tienen yacimientos económicamente significativos —por la situación geográfica de estos, el norte de Argentina y Chile y sudoeste de Bolivia, se denomina la zona como “el triángulo del litio”—. Cada país tiene su propia política particular para explotar el recurso, lo que resulta una debilidad negociadora frente a actores extrarregionales, que así pueden proveerse al mejor postor (el precio más bajo).
Hubo un intento institucional de coordinar políticas a nivel regional, pero que quedó en los libros de historia: la UNASUR y del Consejo Sudamericano de Defensa[6]. Sin pretender hacer una hipótesis del fracaso de este organismo regional, ni tampoco proponer repetir la experiencia, sostenemos que un organismo de coordinación de políticas sudamericano es posible si se parte de una visión compartida. Para que la voluntad política surta sus efectos, se debe apalancar sobre un interés compartido para cada estado. Este interés es la defensa de los recursos naturales; no solo una defensa física y territorial, sino también de su valor económico e inversiones de extracción.
Lograr una alianza estratégica en Sudamérica, que le permita presentarse como una unidad ante actores extrarregionales, de forma de imponer en las negociaciones particulares una política marco común. Una política que, por ejemplo, limite los daños ecológicos, impida el regateo entre países, establezca estándares comunes de inversión social y fiscal, etc. Alcanzar este consenso y nivel de coordinación requiere primero, trabajar en una visión común y compartida. A continuación, presentamos una serie de tendencias que impactan fuertemente en la región y que son insumo para conformar escenarios futuros.
Tendencias para conformar escenarios prospectivos
Aumento mundial de la población
Está previsto que la población mundial alcance los 8.500 millones en 2030, 9.700 millones en 2050 y 11.200 millones en 2100[8][7]. De los 9700 millones de habitantes que se prevén para el año 2050, debemos tener en cuenta que 1000 millones hoy padecen “hambre”. Sobre este fenómeno se cierne la amenaza del aumento desenfrenado de los precios de los alimentos y del agua potable. Este incremento podrá producirse por imperfecciones del mercado, como también por los efectos negativos del cambio climático, que hacen disminuir sensiblemente los rendimientos de las cosechas.
Se prevé que más de la mitad del crecimiento demográfico mundial hasta 2050 tenga lugar en África —Nigeria superará a los EUA en la cantidad de habitantes antes de esa fecha—. Este continente cuenta con la tasa de crecimiento demográfico más alta en sus principales regiones. En manifiesto contraste, se prevé que una disminución de la población en otros países o regiones, con una probable reducción de hasta un 10% en el Continente Europeo. Japón es otro país cuya población se encuentra en franco declive.
Cambio climático
El efecto invernadero natural de la atmosfera, originado por gases de origen natural como el dióxido de carbono, metano y el dióxido de nitrógeno, se ha visto exacerbado por la liberación de los gases generados por el hombre para su comodidad (aire acondicionado, sprays domésticos, agroquímicos), como los freones y halones. Estos gases son culpables de un 24% del calentamiento terrestre.
A medida que se continúen acumulando en la atmósfera estos gases causantes del efecto invernadero, las temperaturas medias aumentarán en todo el mundo y cambiará la pluviometría en muchos lugares. Un aumento en un grado por encima de lo máximo aceptado podrá llevar a una caída del 10% en las cosechas.
Por otro lado, con los niveles de emisión de carbono actuales se necesitaría duplicar la capacidad mundial de los bosques para mermar todas las emisiones que genera el planeta. Según explica la Fundación Vida Silvestre, esta situación se agrava al considerar la demanda de áreas productivas para urbanización, cultivo y fabricación de productos de madera. En la Argentina, por ejemplo, se perdieron en los últimos diez años tres millones de hectáreas por deforestación.
A modo de síntesis el cambio climático en cifras muestra que:
• 280 millones de personas no tendrán acceso al agua,
• 24% de reducción del rendimiento de las cosechas globales de maíz y 8% de trigo,
• 34% de especies vegetales perderían la mitad de su hábitat,
• 21% de las especies mamíferas perderán su hábitat[8].
Agotamiento de las fuentes de agua
Los países más ricos del planeta tienen sus recursos hídricos, especialmente los subterráneos, en vías de agotamiento por la sobreexplotación; y altamente contaminados por desarrollos industriales y agrícolas que fueron llevados a cabo sin tener en cuenta el efecto perjudicial sobre el medio ambiente. Como han depredado alegremente sus recursos naturales y se inclinan por obtenerlos en aquellos países que aún conservan los suyos[9].
Según las Naciones Unidas, aproximadamente dos mil millones de personas en todo el mundo no tienen acceso a agua potable segura en la actualidad, y aproximadamente la mitad de la población mundial sufre una grave escasez de agua en algún momento del año[10].
Aumento de los desperdicios vertidos (residuos)
“El agua potable a diferencia del petróleo, no tiene sustituto, si una fuente de agua se agota, se pierde, si se contamina, también se pierde. Actualmente se arrojan unos dos millones de toneladas de desechos por día en aguas receptoras, se dice que cada litro de agua residual contamina ocho litros de agua dulce. En los países en desarrollo el 70% de los desechos industriales se vierten en el agua sin el tratamiento adecuado”.
Según un informe del Banco Mundial[11], si no se toman medidas urgentes, los desechos sólidos a nivel mundial crecerán un 70% hasta el 2050 con respecto a los niveles actuales y aumentará de 2010 millones de toneladas registradas en 2016 a 3400 millones.
Disminución sensible de los recursos pesqueros
La tendencia apunta a la sobreexplotación de los recursos ictícolas, principalmente por la gran demanda de consumo de China. La explotación es realizada por buques pesqueros industrializados con capacidad de producción con una ratio muy por encima de la capacidad de renovación del recurso; a esto se agregan los efectos del cambio climático y el aumento de la acidez del mar.
“De acuerdo con el Programa de Naciones Unidas para el medio ambiente (PNUMA) el 75% de las reservas de pescado objeto de explotación comercial en todo el mundo está agotado y en peligro de sobreexplotación. El mundo quedará en el año 2048 sin mariscos, si las reservas de peces del mar siguen disminuyendo al ritmo actual…”
Todas las noches, a escasos metros de la “frontera” de las 200 millas náuticas donde se extiende el Mar Argentino y la llamada Zona Económica Exclusiva de pesca, cientos de buques de distintas banderas emprenden la faena de los recursos ictícolas del Atlántico Sur, en el límite entre lo legal y lo ilegal. El 70% de todos los stocks pesqueros marinos comerciales están amenazados. Mientras tanto, en la Argentina, se perdió el 80% de la población de merluza adulta, principal recurso pesquero de nuestro país, en los últimos 20 años.
Aumento del biocombustible
Según la FAO, los biocombustibles presentan un dilema moral ¿cuál es la ética de producir combustibles con alimentos, cuando este escasea en el mundo? Es cierto que estos combustibles disminuyen la emisión de gases de efecto invernadero, pero la ecuación aún no está saldada. Porque para producir el insumo de este combustible, se precisa combustible, y tierra de cultivo que se quita a otros usos, o proviene del desmonte de bosques nativos. La Unión Europea procesa biocombustibles con el 15% de la materia prima importada, lo que ya de por sí implica generar una huella de carbón.
Pero el impacto directo se da en el mercado de alimentos, ya que ambos consumos, alimentación y combustibles compiten por el mismo bien, y esta competencia se resuelve mediante la elevación del precio. En esta competencia se ven afectados primero los países con menores ingresos.
En este sentido, habría que repensar la utilización de los biocombustibles, ya que, por un lado, desvían alimentos hacia otros usos, generando así escasez y encarecimiento. Pero, por otro lado, el proceso productivo de la materia prima de los biocombustibles es en sí mismo, promotor del cambio climático: es una presión a la deforestación, utilización de recursos naturales (agua, aire, tierra) y promueve el uso de agroquímicos.
El litio como recurso estratégico
La importancia geopolítica de este mineral es que está cambiando la matriz energética mundial, siendo un insumo crítico para la electromovilidad. Se estima que en el triángulo del litio se encuentra el 53% de la reserva del mineral a nivel mundial[12]. La estimación de la demanda de litio se puede apreciar en el gráfico de esta página.
La Argentina exporta en la actualidad carbonato de litio y cloruro de litio sin valor agregado, que sí le proporcionan los países demandantes. Lo explica muy bien el científico y académico de la Universidad Tecnológica Nacional (UTN), Walter Legnani, quien afirma: “Estamos siendo los sojeros del litio”. Asimismo, cabe destacar que “bajo la legislación vigente, la exploración, extracción y comercialización está casi absolutamente en manos de privados transnacionales sin tener el Estado Nacional ningún tipo de política o participación en la cadena de valor de algún derivado del litio”.
Fundamentos para la Unión
Hemos expuesto algunas tendencias que afectan a la región sudamericana a nivel global, aunque no sea en la misma medida a cada país. Si bien el litio podría ser la excepción ya que se concentra en tres países (aunque Brasil también lo produce), creemos que la situación de cada recurso particular se puede considerar como parte de un tema de agenda más general. Estas tendencias se pueden combinar con otras variables para conformar así escenarios futuros, a los cuáles se les asignará una mayor o menor probabilidad de ocurrencia; también pueden conformarse matrices de incidencia mediante la vinculación de variables; como, por ejemplo, escasez de agua y control del estado.
Estos escenarios futuros se pueden contrastar con la hipótesis de que sería eficiente la existencia de un organismo sudamericano que facilite la creación de consensos en torno a políticas marco para optimizar la explotación de los recursos naturales y, a su vez, que establezca una postura unificada ante actores extrarregionales. Inclusive, se podría considerar una una instancia efectiva de coordinación de políticas de defensa como apoyo material a la postura sudamericana. En principio, desde el análisis lógico, un organismo así podría contrarrestar dos tipos de fenómenos que disminuyen la rentabilidad para la región: el regateo y el efecto desbordamiento (spillover).
El efecto de regateo se produce cuando cada país elabora un conjunto de políticas competitivas intrarregionales para atraer inversiones, lo que resulta en un beneficio para los actores extrarregionales[13]. Este tipo de políticas sitúa al recurso en su máximo nivel de explotación, resultando así en una ventaja unilateral para el actor extractor, ya que se encuentra una situación donde no tiene cuota máxima, ni grandes obligaciones fiscales o de inversiones con impacto social, y, por último, sin costo de salida, ya que no tiene obligación sanear el terreno al finalizar la explotación. Lo contrario a esto sería una política regional común, que establezca la obligación de una explotación racional y sustentable, de cuidado del medioambiente y de fin de actividad con saneamiento total, y una inversión social durante la explotación. Si bien esto puede redundar en un incremento del precio de los productos terminados, es una forma también de que el consumidor pague por el costo ambiental y social de los productos que consume.
El otro efecto, el de desbordamiento, tiene muchas aristas, la primera es la exportación de las consecuencias ambientales de una explotación de un país a otro. Pero también se pueden exportar las crisis políticas, sociales y humanitarias que las explotaciones irracionales y puramente extractivistas traen aparejadas. Por poner un ejemplo, la debilidad de un actor sudamericano en un momento dado puede alentar la influencia de países extrarregionales, generando situaciones de desborde social que afecten a la región en su conjunto[14].
Una posición unificada de Sudamérica respecto a los recursos naturales y al cuidado del medioambiente puede impulsar determinados temas de agenda a nivel mundial, con más fuerza que cada uno de los países por separado. El tema de la generación y deposición de la basura es uno, ya que nuestra región es más afectada que productora del fenómeno.
En el largo plazo todos los recursos serán estratégicos
Sostuvimos más arriba que la caracterización de los recursos naturales como estratégicos la daba, por un lado, ser críticos en los procesos productivos, y por otro, la relación entre concentración y escasez. El aumento mundial de la población es una tendencia que intensifica el uso y, por lo tanto, aumenta la competencia entre los actores.
Haciendo hincapié una vez más en nuestra postura, sostenemos que una posición unificada por parte de Sudamérica redundará en una explotación más racional, más sustentable y más equitativa de los recursos naturales, porque la relación estratégica entre los países de la región se establecerá en un marco de cooperación y no de conflicto (no uno violento, pero sí una desgastante guerra de precios). Este marco de cooperación, si bien depende de la voluntad política de los gobiernos, tiene un fundamento objetivo sobre el cual sustentarse.
Como corolario, cuando se habla de recursos naturales, la competencia por su explotación es la competencia del ser humano contra sí mismo. Es posible plantear un escenario futuro donde el ser humano consuma más recursos de la Tierra, que la Naturaleza pueda reponerlos, al punto que tanto la Tierra como la Naturaleza se agoten. En este escenario, el agua, la tierra y los mares serán un bien exclusivo y excluyente: lo que consume uno se lo quita al otro. Este es un escenario de una guerra de todos contra todos. Somos conscientes de que estamos planteando un escenario catastrófico, pero hoy no solo es posible que ocurra, sino probable.
Sudamérica tiene que trabajar para lograr una verdadera mirada estratégica sobre los recursos naturales, y esta mirada es que todos los recursos son estratégicos en tanto y en cuanto son necesarios para el sostenimiento de la vida humana. La verdadera estrategia en este ámbito es aquella donde la humanidad vive en un estado de equilibrio entre lo que se consume y lo que se renueva
Notas
- Organización Mundial de Comercio (t.ly/Pa4GO) ↩
- El Convenio sobre la Diversidad Biológica (CDB) de la ONU establece que por biodiversidad “se entiende la variabilidad de organismos vivos de cualquier fuente, incluidos, entre otras cosas, los ecosistemas terrestres y marinos y otros ecosistemas acuáticos y los complejos ecológicos de los que forman parte; comprende la diversidad dentro de cada especie, entre las especies y de los ecosistemas”. Esta definición pone de relieve los múltiples aspectos del concepto: incluye los varios niveles de expresión (ecosistemas, especies, poblaciones y genotipos), de escala geográfica (local, regional, continental, global) y temporales en los que debe considerarse la biodiversidad, así como las interacciones entre ellos. ↩
- Como sostiene Martín Miguel Goddio en Recursos naturales y minerales estratégicos. ¿Nuevos horizontes de análisis?: “Lo que en su momento parecía una maldición o simplemente una rareza de la naturaleza, terminó siendo una bendición por el recurso estratégico que de ellos se puede extraer: el litio”. Manual de Informaciones LX(4), p. 10-13. ↩
- En su artículo Tierras raras, otro recurso estratégico que se debería proteger, Gabriel Alberto Roveda muestra la capacidad de presión e influencia que le brinda al estado poseedor sobre los que necesitan estos recursos, cuando señalaba un caso de presión de China sobre Japón, al suspender los embarques de tierras raras hacia este país en el 2010. Manual de Informaciones LXI(3), p. 34. ↩
- elpais.com/america-futura/2023-05-17/esta-latinoamerica-condenada-a-economias-extractivistas.html ↩
- El CSD de UNASUR fue creado por decisión política el 16 de diciembre de 2008. Su objetivo era implementar políticas de defensa en materia de cooperación militar, acciones humanitarias y operaciones de paz, industria y tecnología de la Defensa, formación y capacitación. 1. Consolidar una zona de paz suramericana. 2. Construir una visión común en materia de defensa. 3. Articular posiciones regionales en foros multilaterales sobre defensa. 4. Cooperar regionalmente en materia de defensa. 5. Apoyar acciones de desminado, prevención, mitigación y asistencia a víctimas de desastres naturales. ↩
- www.un.org/es/global-issues/population ↩
- Manipular el clima: una medida desesperada para salvarnos del cambio climático. Jame Temple, Manual de Informaciones, LIX(3), p. 51. ↩
- Elsa Bruzzone. Las Guerras del Agua. Buenos Aires. Artesud 2012, pag 19. ↩
- t.ly/GDKoH ↩
- t.ly/nk-9L ↩
- t.ly/Vii0m ↩
- Esto reproduce lo que sucede en los países de estructura federal; por ejemplo, hay una provincia argentina que directamente liberó de la obligación fiscal de abonar ingresos brutos a la actividad minera, para atraer inversiones, lo que termina perjudicando al conjunto. ↩
- El mismo Goddio (op. cit.) llama la atención de la influencia de Gran Bretaña en la guerra del Guano y del Salitre (p. 12). ↩